Los italianos no perdonaron a Estonia en el Gewiss Stadium, donde los locales marcaron cinco goles y fueron muy superiores a un rival que nunca logró plantar cara. Con este triunfo, Italia suma tres puntos vitales en el camino a la clasificación mundialista.
Italia acelera en la segunda mitad
Aunque el marcador final refleja una clara superioridad, el partido no fue tan sencillo en la primera mitad. Estonia se defendió con orden, cerrando espacios y evitando que la ofensiva italiana encontrara huecos claros. La Azzurra controlaba la posesión, pero le costaba romper el muro rival.
La historia cambió en el segundo tiempo. A los 58 minutos, Moise Kean abrió la cuenta tras aprovechar un centro raso desde la banda derecha. Su remate cruzado al palo largo fue inalcanzable para el portero estonio y desató la euforia en las gradas. Ese gol fue el punto de inflexión que necesitaba Italia para liberar la tensión y jugar con mayor fluidez.
A partir de ahí, llegó la avalancha. En el 69’, Mateo Retegui marcó el segundo tanto con un certero cabezazo, confirmando su rol como una de las piezas de confianza para Spalletti en el ataque. Apenas dos minutos después, en el 71’, Giacomo Raspadori se sumó a la fiesta con el tercero, aprovechando un pase filtrado que lo dejó solo frente al arquero.
Cuando Estonia ya estaba rendida, Italia volvió a golpear en el tramo final. En el 89’, Retegui firmó su doblete tras un disparo potente dentro del área, y finalmente, en el 90+2’, Alessandro Bastoni selló el 5-0 definitivo con un remate tras un córner.
Estonia sin respuestas
El equipo dirigido por Thomas Häberli intentó resistir durante buena parte del partido, pero terminó sucumbiendo a la intensidad italiana. Con pocas opciones ofensivas, Estonia apenas inquietó la portería de Gianluigi Donnarumma, que vivió una noche tranquila.
La falta de profundidad en ataque y las dificultades para mantener la concentración defensiva en los minutos clave fueron determinantes. Ante una selección de la magnitud de Italia, los errores se pagan caros, y así lo reflejó el abultado marcador.
La Azzurra, con un nuevo ADN
Más allá del triunfo, lo que entusiasma al entorno italiano es la propuesta futbolística que Spalletti ha conseguido consolidar en poco tiempo. Italia se muestra más ofensiva, vertical y atrevida, sin renunciar a la solidez defensiva que históricamente la ha hecho fuerte.
Jugadores como Federico Chiesa, Nicolò Barella y Sandro Tonali han dado equilibrio al mediocampo, mientras que en ataque, la competencia entre Kean, Retegui y Raspadori garantiza variantes y soluciones distintas. La amplitud de recursos es un activo clave de cara al futuro inmediato.
El seleccionador, consciente de la presión tras las ausencias en los Mundiales de 2018 y 2022, ha optado por rejuvenecer la plantilla y apostar por futbolistas en gran estado de forma. El objetivo no es solo clasificarse, sino llegar a Norteamérica 2026 con un equipo competitivo y capaz de aspirar a todo.
Tres puntos vitales
Con esta victoria, Italia suma tres puntos de oro en su grupo clasificatorio y mantiene el pulso en una zona donde no hay margen para errores. La contundencia en el resultado no solo fortalece su posición en la tabla, sino que también refuerza la confianza del plantel y de la afición.
De cara a los próximos compromisos, la Azzurra sabe que tendrá rivales más exigentes, pero lo mostrado contra Estonia es un aviso claro: el equipo está decidido a no repetir las frustraciones del pasado y busca recuperar su lugar entre las potencias mundiales.
Reacciones tras el partido
Luciano Spalletti valoró el compromiso de sus jugadores al finalizar el encuentro: “Lo más importante no es solo el marcador, sino la actitud. Este equipo quiere competir, quiere crecer y entiende la responsabilidad que tenemos con nuestra historia”.
Por su parte, Moise Kean, autor del primer gol, reconoció la importancia del triunfo: “Sabíamos que era un partido que teníamos que ganar. Los goles llegaron en el momento justo y ahora debemos seguir en esta línea”.