La selección femenina de fútbol de España goleó 6-2 a Bélgica y aseguró su pase a octavos de la Eurocopa. Alexia Putellas brilló con dos goles, acompañada por Paredes, González, Mariona y Pina. El marcador habla de superioridad, pero también de un cambio de época.
Hasta hace pocos años, estas noticias ocupaban un recuadro marginal. Hoy son portada. La selección femenina no solo gana: juega bien, llena estadios y genera admiración. El fútbol femenino español vive su momento más alto, y esta Eurocopa lo confirma.
Sin embargo, detrás de los goles, persisten brechas invisibles. Los contratos de las jugadoras siguen lejos de los de la liga masculina. Los patrocinios crecen, pero la cobertura mediática aún se centra más en sus historias de vida que en su táctica y técnica. Las portadas las celebran como heroínas, pero rara vez las analizan como profesionales de élite. Son campeonas, pero todavía no son vistas como iguales.
La goleada a Bélgica y el pase a octavos no solo son estadísticas deportivas. Son un síntoma de madurez futbolística y social. España enfrenta ahora a Italia en Berna este viernes. Pase lo que pase, cada partido refuerza un mensaje claro: el fútbol femenino ya no es un anexo del masculino. Es un espectáculo propio, con su historia, sus ídolas y su público.
Habrá quien siga creyendo que estos triunfos no “importan tanto”. Pero la realidad se impone con goles. Y en el fútbol, como en la vida, lo que cuenta al final no son las opiniones, sino el marcador.