Los nipones nunca ganaron a los brasileños en enfrentamientos directos desde que existen registros y la derrota de ayer sembró muchas dudas y puso en jaque en el nivel de las 5 veces campeona del mundo. Los de Ancelotti comenzaron el partido ganando 2-0, pero los japonés remontaron el resultado inicial con 3 goles.
Dominio inicial de Brasil
El duelo comenzó con un dominio absoluto de Brasil, que impuso su jerarquía y talento desde el inicio. Vinícius Jr. y Rodrygo, las estrellas del Real Madrid, lideraban un ataque que parecía imparable. No tardó mucho en llegar el primer gol, cuando en el minuto 12, Rodrygo aprovechó un pase filtrado de Bruno Guimarães para poner el 1-0 con un disparo ajustado al poste. Apenas diez minutos más tarde, Richarlison marcó el segundo (22’) tras una jugada colectiva de libro, culminada con un remate de cabeza que parecía encaminar el partido hacia otra cómoda victoria de la pentacampeona. En ese momento, todo apuntaba a un festival brasileño más.
Remontada nipona:
Sin embargo, lo que vino después fue una lección de carácter, disciplina y determinación por parte del conjunto japonés. Empujados por un estadio repleto y un público entregado, los locales no bajaron los brazos. Japón comenzó a presionar alto y a incomodar la salida de balón de Brasil, obligando a los defensas sudamericanos a cometer errores inusuales. El primero en aprovecharlo fue Takefusa Kubo, el delantero de la Real Sociedad, que en el minuto 34 recortó distancias con un zurdazo tras una recuperación en campo rival. Ese tanto cambió por completo el curso del partido.
A partir de ahí, la confianza brasileña se fue diluyendo y Japón olió sangre. En el segundo tiempo, los nipones salieron con una mentalidad arrolladora. Su entrenador, Hajime Moriyasu, realizó ajustes tácticos que dieron resultado inmediato. Ritsu Doan, en el minuto 58, empató el partido con un golazo desde fuera del área, tras una jugada combinada que dejó a la defensa brasileña completamente desorientada. Brasil, sorprendida y nerviosa, perdió el control del mediocampo, y la conexión entre Casemiro y Bruno Guimarães se rompió por completo.
El golpe final llegó en el minuto 78, cuando Kaoru Mitoma, figura del Brighton inglés, firmó el tercer gol con una definición magistral tras un contragolpe letal. El público japonés estalló en júbilo, consciente de estar presenciando un momento histórico: la primera victoria de Japón sobre Brasil en la historia del fútbol internacional. En el banquillo brasileño, la cara de Ancelotti lo decía todo: incredulidad, preocupación y frustración.
Reacción de Brasil
Brasil intentó reaccionar en los últimos minutos, lanzando balones largos y buscando con desesperación a Vinícius y Rodrygo, pero el orden táctico japonés y las intervenciones del portero Kawashima evitaron la remontada. Ni siquiera las incorporaciones de Endrick y Martinelli lograron cambiar la dinámica de un equipo que, por momentos, parecía sin ideas y falto de intensidad.
Esta derrota no solo es anecdótica por el resultado, sino por lo que simboliza. Brasil acumula ya cuatro partidos consecutivos sin ganar, una racha negativa que no se veía desde hace más de una década. Ancelotti, quien asumió el mando con la misión de devolverle la identidad a la selección, tiene ahora un enorme reto por delante. Los errores defensivos, la falta de cohesión en el mediocampo y la poca contundencia en el tramo final del partido son señales preocupantes a pocos meses de las eliminatorias rumbo al Mundial de 2026.
Por otro lado, Japón sigue consolidándose como una potencia emergente en el fútbol mundial. Su victoria no fue fruto del azar, sino del trabajo colectivo, la intensidad y el talento de una generación dorada que ya brilla en las mejores ligas de Europa. Jugadores como Kubo, Mitoma y Doan representan el nuevo rostro del fútbol asiático, y su desempeño ante Brasil lo confirma.
Impacto local de la derrota
En Brasil, la prensa y los aficionados no tardaron en reaccionar. Los titulares fueron duros: “Caída sin excusas”, “Brasil pierde el respeto” o “Una derrota que duele más que un amistoso”. Las críticas apuntan a la defensa y a la gestión de Ancelotti, que parece no encontrar el equilibrio entre juventud y experiencia. “Esto no puede volver a pasar”, dijo el técnico italiano en la rueda de prensa posterior, reconociendo los errores, pero también pidiendo calma.
Más allá del resultado, el partido deja varias lecciones. Japón mostró que ya no es un rival menor, mientras que Brasil deberá replantearse su estrategia y recuperar la identidad que la hizo temible. El fútbol moderno no perdona, y la camiseta amarilla, por prestigiosa que sea, ya no gana partidos por sí sola.
En Tokio, el marcador final fue Japón 3 – 2 Brasil, pero el resultado trasciende el simple número: fue una sacudida histórica que recordó a la “Canarinha” que el pasado glorioso no basta. Para volver a ser la mejor del mundo, Brasil deberá reencontrarse consigo misma.