Una superproducción sin precedentes busca ampliar la base de seguidores de la Fórmula 1, combinando carisma actoral, realismo técnico y acceso total al paddock.
Por primera vez en 75 años, la Fórmula 1 abrió su infraestructura —boxes, parrilla, paddock y autódromos— para una producción cinematográfica. El objetivo es claro: ampliar su audiencia global, especialmente en el mercado estadounidense. El medio elegido: una película de alto presupuesto protagonizada por Brad Pitt y producida por Jerry Bruckheimer, con asesoría directa de Lewis Hamilton.
“F1 – El filme” debuta el 26 de junio con un formato visual centrado en la experiencia inmersiva. Durante una proyección en formato IMAX realizada en Montreal, quedó claro que el impacto busca ir más allá del público habitual. Solo una persona había asistido a un Gran Premio antes de ver la película; tras la función, todos manifestaron interés en presenciar una carrera real. Es el mismo efecto que generó la serie Drive to Survive en Netflix, ahora trasladado al cine.
La trama gira en torno a Sonny Hayes (Pitt), un expiloto de los años 90 que regresa a la F1 para apoyar a un joven talento de la escudería ficticia APX GP. El relato combina ficción, acción y nostalgia, con referencias visuales a filmes clásicos como Grand Prix, Le Mans, Rush o Ford vs Ferrari.
La dirección corre a cargo de Joseph Kosinski, conocido por Top Gun: Maverick, quien reconoce que la producción fue tratada como “el undécimo equipo” del campeonato. Se filmaron escenas reales durante distintos Grandes Premios y con pilotos en actividad. La intervención de Hamilton como consultor técnico se hizo notar: corrigió detalles mecánicos y ayudó a afinar el realismo de las secuencias.
El resultado, según Charles Leclerc, es eficaz para un público amplio, aunque distorsione ciertos aspectos del día a día de los pilotos. “No es un documental. Es cine. Pero las cámaras a bordo logran transmitir mucho de lo que sentimos al volante”, afirmó.
La estrategia es doble: reforzar la presencia mediática de la F1 en mercados clave y presentar el automovilismo como espectáculo emocional y accesible. Hollywood, en este caso, sirve de acelerador para un deporte que busca anclar su popularidad más allá del asfalto europeo.