La periodista Claudia Peiró publica un extenso reportaje este martes, en Infobae, con motivo de la visita a la Argentina de la psiquiatra estadounidense, Miriam Grossman, reconocida especialista en infancia y adolescencia. La autora ha testificado en el Congreso de los Estados Unidos en relación con temas de su experticia y ha realizado conferencias en muchas y muy variadas instituciones, incluyendo la Cámara de los Lores y las Naciones Unidas. Grossman participó del documental “¿Qué es una mujer?”. La opinión de Miriam Grossman es demoledora: “He visto contenidos de Educación Sexual de muchos países; los de Argentina son los peores”. “A causa de la Educación Sexual Integral, hoy los chicos creen que ‘mujer’ y ‘varón’ son términos inventados por hombres blancos heterosexuales”.
La autora de “You’re teaching my child What?” (¡¿Qué le están enseñando a mi hijo?!), libro recién traducido al español y publicado en Argentina, Miriam Grossman, dice conocer los contenidos de la Educación Sexual que se imparte en varios países: Estados Unidos, Canadá, Australia, Nueva Zelanda o Colombia, entre otros, así como el material informativo que se promueve en muchos países a través de la ONU. “Y el de Argentina es uno de los peores que he visto”, ha dicho sin miramientos la psiquiatra y autora.
Llegó a la Argentina invitada por la asociación Padres Unidos (contra la ideología de género en la escuela) y por Citizen Go. Previamente, dichas asociaciones le enviaron los libros y manuales que se distribuyen en las provincias argentinas para impartir y formar a sus hijos en el área de Educación Sexual Integral (ESI). Grossman dio una conferencia en la Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires, gestionada por la legisladora Marina Kienast, y presentó en la UCA su libro en español editado por Hormesis. Adicionalmente, participó de reuniones con autoridades y profesionales vinculados a cuestiones de niñez y adolescencia, funcionarios nacionales, senadores y diputados de diferentes sectores políticos, psicólogos, docentes, integrantes de la Sociedad Argentina de Pediatría e investigadores, precisa Claudia Peiró.
Grossman es una profesional notoria y una abanderada en contra de la ideología de género y la doctrina queer. Considera que están basadas en creencias y no en la ciencia. Lleva 18 años advirtiendo de los peligros que a su juicio entrañan los contenidos de la ESI que detectó en la atención a sus pacientes. El año pasado, de hecho, publicó Lost in Trans Nation. A Child Psychiatrist’s Guide Out of the Madness (“Perdidos en la Nación Trans. Guía de una psiquiatra infantil para salir de la locura”), allí analiza y refiere su experiencia en el tratamiento de jóvenes con angustia respecto de su sexo.
La autora cuestiona que la ESI, tal y como está enfocada, no busca prevenir abusos o el cuidado del cuerpo y la salud. “El fundamento no es la salud sino la libertad sexual a toda edad”, sostiene. Se tiene la idea de que “la ESI debe arrancar a muy temprana edad”. La libertad sexual, desde esta perspectiva, está mal enfocada porque deja de lado la salud, la ciencia y la autoridad de los padres y abre una serie de opciones y de posibilidades a niños y a adolescentes que no están maduros ni física, ni mental, ni emocionalmente para cruzar esa línea.
El placer es “un concepto adulto”. Juegos didácticos, con una gran carga erótica y de contenido sexual, para niños de 9, 10 y 14 años no parece la manera más razonable de educar. Tampoco parece apropiada la difusión de imágenes, a temprana edad, que normalizan “el estar separado del propio cuerpo (y), que se puede tener el cerebro de un sexo y cuerpo del otro”.
Lo anterior plantea desafíos, trastornos como depresión y enfermedades de transmisión sexual y, también, abortos de adolescentes. “Los fundamentos de la sexualidad moderna son que toda restricción sexual es mala”, y, en consecuencia, se debe “luchar contra todos los tabúes”. También se parte del concepto de que “los chicos son sexuales, tienen pensamientos sexuales y cometen actos sexuales”.
Para la autora debería haber mayor prudencia y adecuación de los contenidos de acuerdo con las edades, cosa que no está ocurriendo. “La ESI celebra la actividad sexual a edad temprana”, interpreta Grossman. “Por eso tenemos una explosión de enfermedades sexuales. El comportamiento sexual temprano está relacionado con la depresión adolescente”. Un niño o adolescente no está apto física y mentalmente para el inicio de la sexualidad a una edad temprana, entre otras cosas, porque aún no discierne acerca de las implicaciones y de las consecuencias de todos sus actos. “Es difícil para los jóvenes, todavía inmaduros, tener sexo casual sin involucrarse emocionalmente”, explica.
En ¡¿Qué le están enseñando a mi hijo?!, plantea que “las imágenes por resonancia magnética muestran que, en momentos de alta carga emocional, los cerebros adolescentes se guían por las emociones instintivas, no por la razón”. La autora concluye: “No es la ignorancia la que está causando todos esos embarazos e infecciones; es el cableado cerebral aún incompleto”.
Lo que ha visto en su consultorio, llevó a Grossman a analizar los contenidos de los libros de ESI y halló evidencia de sexualización infantil (“exponer a niños y adolescentes a imágenes sexuales y enseñar conductas que no son apropiadas para su edad”) y de grooming (“reclutar al alumno para un sistema de pensamiento opuesto a las creencias de su familia”). Con base en esa evidencia, la asociación Padres Unidos promueve una campaña para que las familias rechacen el dictado de esos contenidos a sus hijos y buscan impulsar acciones legales y demandas colectivas.
A los docentes se les dice que no deben vincular “la genitalidad al género de forma única y lineal, o sea: no se puede relacionar nene=pene y nena=vulva; tienen que enseñar que una persona con pene no es necesariamente un varón”, explica. “O sea, introducir ideología de género a los 5 años. Se les enseña que, cuando nacieron, tal vez los adultos se equivocaron al ‘asignarles’ un sexo. ¿Una niña se siente niña? No, lo aprendió”, agrega.
Grossman ha sido categórica: “Todos los mamíferos son masculinos o femeninos. Hay diferentes formas de ser mujer y de ser varón. Hay niñas más ‘masculinas’ y varones más ‘femeninos’. No están en un cuerpo equivocado. Es un tema de personalidad”, puntualiza. Y esta no es una condición suficiente para que se incite a los menores a la transición de género y a procedimientos invasivos que no son reversibles. “Hay personas con angustia respecto de su sexo; se trata de un desorden psicológico”. Pero, lo que está sucediendo actualmente es que “los niños están siendo adoctrinados en ideología de género: les dicen que la percepción es más importante que la realidad”. Y la realidad, fundada en la biología, es que “el sexo es binario”.
El enfoque de la ESI desafía la razón y quiere “hacernos cambiar la forma de pensar sobre el sexo”, ya no con base en la biología, sino en las autopercepciones y en las identidades. “La verdad es que el sexo es binario desde la concepción misma. La nueva vida es femenina o masculina para siempre”. “La psiquiatría siempre consideró que era un desorden de identidad” y esto no tiene nada que ver con la orientación sexual: “Los gays o lesbianas son personas que están en paz con sus cuerpos”. No obstante, “hacia los años 2000, la idea de que lo masculino y lo femenino están en la cabeza se volvió movimiento social. Los activistas decidieron que había que normalizar y que llamarlo ‘desorden’ equivalía a estigmatizar”, ahora se habla de disforia de género. “Las cirugías llamadas de reasignación hacen falsas vaginas y falsos penes. El próximo paso será nada, eunucos, y dirán que eso es normal”.
“En los años 80 y 90 los padres se preocupaban porque sus hijos estaban teniendo sexo y consumiendo drogas (…) Ahora no pueden dormir porque sus hijos son víctimas de una psicosis colectiva: creen que mujer y varón son conceptos inventados por hombres blancos heterosexuales. Creen que sus mentes y cuerpos no coinciden y que con fármacos y operaciones los pueden cambiar y ser felices. ¿Cómo traigo a mi hijo de nuevo a la realidad?, era su dilema. Por eso escribí Lost in Trans Nation”, ha puntualizado la autora.