Abre en Houston una librería dedicada a las voces latinas

25 octobre 2025 - 16:01
La propietaria de la librería Elizabeth Farfán-Santos en una ventana emergente de Dreamers.

La propietaria de la librería Elizabeth Farfán-Santos en una ventana emergente de Dreamers.

En Houston, una ciudad moldeada por el petróleo, los huracanes y los acentos de medio mundo, acaba de abrir sus puertas un espacio que parece sacado de otro tiempo: una librería. Pero no cualquier librería. Se llama Dreamer Books + Culture y su fundadora, la antropóloga y escritora Elizabeth Farfán-Santos, la define como “un refugio para las voces latinas”.

En tiempos en que los algoritmos eligen lo que leemos, el gesto de abrir una librería física tiene algo de resistencia poética. Farfán-Santos, hija de migrantes mexicanos, decidió transformar su experiencia académica y comunitaria en un proyecto cultural vivo. El resultado es un lugar que vende libros y también historias: lecturas, talleres, conversaciones, murales. En su fachada, el artista brasileño Ibraim Nascimento pintó un mural que celebra la diversidad latina y el derecho a soñar sin permiso.

Dreamer Books no nació en América Latina, pero respira su espíritu. En sus estantes conviven Valeria Luiselli, Eduardo Halfon, Margarita García Robayo, Gabriel García Márquez y poetas chicanos que escriben entre dos lenguas. Cada título parece tender un puente invisible entre el sur que emigra y el norte que acoge.

La iniciativa no es casual. Houston es hoy una de las capitales latinoamericanas de Estados Unidos: más de dos millones de personas con raíces mexicanas, salvadoreñas, colombianas o venezolanas viven allí. Sin embargo, el acceso a la cultura en español sigue siendo desigual. La librería busca justamente eso: abrir un espacio donde la identidad no sea nostalgia, sino presencia.

Más que un negocio, Dreamer Books funciona como una afirmación cultural. En su interior, las presentaciones literarias se mezclan con conversaciones sobre memoria, migración y ciudadanía. La lectura se vuelve acto colectivo, un modo de reconocerse en la palabra del otro. Farfán-Santos lo resume así: “Necesitamos lugares donde el idioma no se defienda, sino se celebre”.

El proyecto llega en un momento simbólico. Mientras en varias ciudades latinoamericanas cierran librerías históricas o se reduce el presupuesto público para cultura, en Houston una mujer latina decide abrir una. No se trata solo de vender libros, sino de recordar que leer también es una forma de pertenecer.

El nombre —Dreamer— no es casual. Remite a los jóvenes migrantes amparados por el programa DACA, pero también al verbo soñar, que en español suena menos burocrático y más humano. Quizá esa sea la verdadera vocación del lugar: hacer del sueño un derecho y de la lectura, una forma de esperanza.

En América Latina, donde las librerías independientes sobreviven a base de pasión y terquedad, la historia de Dreamer Books + Culture puede leerse como un espejo alentador. Demuestra que la cultura latinoamericana no es solo una herencia, sino una energía que se reinventa lejos del punto de partida.

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