En Abuja, capital de Nigeria, representantes del gobierno africano se reunieron con funcionarios colombianos para conocer de primera mano la experiencia de ese país en procesos de paz y atención a víctimas. En medio de una larga lucha contra el extremismo violento, Nigeria mira hacia América Latina en busca de respuestas.
Nigeria quiere aprender de Colombia cómo sanar tras años de violencia
El conflicto armado colombiano ha dejado cicatrices profundas, pero también una experiencia que otros países del Sur global observan con interés. Esta semana, autoridades de Nigeria —el país más poblado de África— invitaron a una delegación colombiana a Abuja, su capital, para conocer de cerca las políticas de construcción de paz y reparación a las víctimas del conflicto armado.
El encuentro tuvo lugar en el marco de una sesión de formación y diálogo político apoyada por la Unidad para la Atención y Reparación Integral a las Víctimas (UARIV) de Colombia. Allí, el general Adamu Laka, coordinador del Centro Nacional de Antiterrorismo de Nigeria, expresó su deseo de estrechar la colaboración con el país sudamericano y adoptar aprendizajes que puedan ser útiles frente a la violencia que azota al noreste de su país desde hace más de una década.
Desde 2009, Nigeria enfrenta ataques del grupo yihadista Boko Haram y su escisión, el Estado Islámico en África Occidental (ISWAP). Ambos grupos buscan imponer un régimen islámico, especialmente en el norte del país, mayoritariamente musulmán, a diferencia del sur, de mayoría cristiana. La ONU estima que esta violencia ha dejado más de 35.000 muertos y casi tres millones de personas desplazadas, no solo en Nigeria, sino también en países vecinos como Camerún, Chad y Níger.
En ese contexto, Colombia aparece como un referente inesperado pero valioso. Sebastián García, subdirector de Fortalecimiento Territorial de la Agencia de Renovación del Territorio de Colombia, lideró la delegación y subrayó la importancia de construir puentes entre países del Sur global: “No estamos aquí solo para compartir, sino también para aprender. Nuestros países pueden estar separados por océanos, pero nuestras luchas y esperanzas son las mismas”.
El evento reunió a representantes del gobierno nigeriano, organizaciones civiles y socios internacionales. Fue parte del esfuerzo por implementar un plan nacional de prevención del extremismo violento, un desafío que exige, como ha aprendido Colombia, políticas de largo aliento, presencia estatal sostenida y participación activa de las víctimas.
Para muchos en América Latina, Nigeria sigue siendo un país lejano y poco conocido. Sin embargo, este acercamiento demuestra que los aprendizajes de la región, especialmente en temas como justicia transicional, memoria y reparación, pueden tener un alcance global. Lejos de los grandes foros multilaterales, el diálogo entre Nigeria y Colombia revela una diplomacia de las heridas compartidas, donde la paz no es un producto de exportación, sino una construcción conjunta.
En tiempos de violencia persistente y discursos de odio en ascenso, estos gestos de cooperación Sur-Sur son una señal de que aún hay espacio para el entendimiento entre naciones que han conocido el conflicto desde dentro.