La goleada tranquila del Madrid

02 novembre 2025 - 08:18

El líder liquida al Valencia con autoridad y calma después del clásico, y se encamina a Anfield con todo su arsenal en forma.

El Real Madrid recuperó la serenidad que a veces solo concede el fútbol cuando el juego fluye. Ante un Valencia desdibujado y frágil, el equipo de Xabi Alonso ofreció una noche sin sobresaltos, sólida y luminosa. Fue un triunfo que despeja ruidos y devuelve foco. Mbappé, Vinicius y Bellingham marcaron el ritmo de una goleada que se sintió más terapéutica que triunfal.

El partido nació del impulso de la semana anterior. De la tensión del clásico apenas quedaban brasas; lo que se impuso fue un aire de oficio. Desde el pitido inicial, el Madrid asfixió al Valencia con una presión constante y una circulación paciente, como si cada pase sirviera para poner orden después del incendio. Vinicius, siempre eléctrico, mezcló desborde y pausa, falló un penalti pero regaló varias jugadas que justificaron la confianza del Bernabéu. Mbappé, que lució su Bota de Oro antes del encuentro, amplió su colección de goles con la naturalidad de quien ha hecho del acierto una costumbre. Bellingham completó la faena con un disparo seco desde la frontal que selló la noche.

La distancia entre ambos equipos fue más emocional que táctica. El Madrid juega con la convicción de un grupo que ha encontrado su tono, mientras el Valencia se mueve con el aire resignado de quien sobrevive. Su resistencia apenas duró media hora. Cada recuperación blanca generaba una amenaza; cada pérdida rival, una oportunidad. La presión de los centrocampistas funcionó como un engranaje perfecto: Tchouameni, Güler y Bellingham robaban, y en segundos el balón ya buscaba a Mbappé en carrera.

El 4-3-3 de Alonso recordó al de sus días más equilibrados. La defensa no se desordenó, el mediocampo anticipó, y arriba se alternaron la potencia y el instinto. El segundo penalti, que Mbappé cedió a Vinicius, sirvió para confirmar una tregua simbólica: la del grupo consigo mismo. El brasileño falló, pero el gesto valió más que el gol. En el Madrid, el perdón siempre ha sido una forma de seguir ganando.

En la recta final, Xabi administró energías. Retiró a sus piezas clave con la serenidad del entrenador que ya mira hacia Anfield. El Bernabéu recibió con curiosidad a Endrick, en sus primeros minutos de blanco, y celebró el debut goleador de Carreras, que cerró la cuenta con un zurdazo impecable.

La goleada deja algo más que tres puntos. Es la constatación de un equipo reconciliado con su estilo, sin excesos ni dramatismos. En un calendario que no perdona, el Madrid recupera la paz que solo concede la autoridad. Y lo hace justo antes de volver a Europa, donde las victorias valen menos por su tamaño que por su peso simbólico.

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