Los pueblos invisibles: la mitad de los grupos indígenas aislados podría desaparecer en una década

27 octobre 2025 - 15:55

Un informe de Survival International alerta sobre el riesgo de extinción de 196 comunidades indígenas que viven en aislamiento en diez países, la mayoría en la Amazonía. La investigación denuncia que la expansión de industrias extractivas y la presión misionera amenazan su supervivencia.

 Son pueblos que eligen el silencio como forma de resistencia. Comunidades enteras que viven sin contacto con el resto del mundo, aferradas a la selva y a su memoria. Según el último informe de Survival International, al menos 196 grupos indígenas en aislamiento sobreviven hoy en regiones remotas de América del Sur, Asia y el Pacífico, y la mitad podría desaparecer en apenas diez años si los gobiernos y las empresas no adoptan medidas urgentes de protección.

El estudio, presentado este lunes en Londres con la participación del actor y activista Richard Gere, junto a líderes indígenas de Brasil y Perú, describe una realidad inquietante: el 95% de estos pueblos vive en el bioma amazónico, especialmente en Brasil, donde se concentran 124 grupos, seguido por Perú, Colombia, Bolivia, Venezuela y Ecuador. El resto habita bosques secos del Chaco y zonas tropicales de Indonesia, Papúa Occidental o las islas Andamán y Nicobar, en India.

“Crecí en un país que prosperó sobre la miseria de los pueblos originarios, y eso me avergüenza profundamente”, dijo Gere durante el acto. “Lo que les ocurrió fue cruel e innecesario”.

Resistencia en la sombra

El informe destaca que los pueblos no contactados representan un ejemplo único de resiliencia humana. Han resistido siglos de violencia, epidemias y colonización. Conocen la existencia del mundo exterior, pero han decidido rechazar el contacto. Su supervivencia depende, sin embargo, de la integridad de sus territorios. “Cuando sus derechos son respetados, no solo sobreviven, sino que prosperan”, afirma el documento.

Más del 96% de estos grupos enfrenta amenazas directas de industrias extractivas, como la tala, la minería o la explotación petrolera. La deforestación ilegal afecta al 65%, y la minería, al 40%. La expansión de la agroindustria —incluida la ganadería intensiva— y los grandes proyectos de infraestructura impulsados por los Estados agravan el riesgo. En total, 38 pueblos están en peligro de aniquilación por obras como carreteras, ferrocarriles y puertos.

El informe denuncia también la acción de bandas criminales y narcotraficantes, que operan en zonas fronterizas del Amazonas y del Chaco, y advierte sobre una amenaza menos visible pero igual de destructiva: la presencia de misioneros y “exploradores de contenido” que buscan establecer contacto con pueblos aislados para grabar o monetizar sus vidas en redes sociales.

Una advertencia global

Survival International reclama a los gobiernos que reforcien la protección legal de los territorios indígenas y persigan penalmente a quienes los invadan. Exige a las empresas garantizar que sus cadenas de suministro estén libres de materiales o productos extraídos de tierras habitadas por pueblos aislados. Y pide a las misiones religiosas que renuncien de manera definitiva a cualquier intento de contacto.

“Estos pueblos no necesitan ayuda externa. Son autosuficientes, obtienen todo de su entorno y mantienen un equilibrio que el mundo moderno ha perdido”, sostiene la organización.

El documento subraya además que la minería de níquel para baterías eléctricas, en expansión por la transición energética global, amenaza directamente a comunidades aisladas en Indonesia, lo que revela la contradicción entre las políticas verdes y el respeto a los derechos humanos.

La última frontera

Para América Latina, el informe es también una advertencia sobre el futuro de la Amazonía. A medida que los gobiernos debaten sobre desarrollo y crecimiento, los pueblos no contactados recuerdan que existen otros modos de habitar el planeta. Son, en palabras del informe, “la última frontera moral de la humanidad”.

Si desaparecen, no solo se perderán culturas ancestrales, sino también una parte esencial del equilibrio ecológico del continente. En la espesura donde el tiempo parece detenido, estos pueblos siguen enseñando que la vida no se mide en posesión, sino en pertenencia.

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