Salvar la Amazonía, un compromiso que interpela al mundo

01 novembre 2025 - 15:39

Los países amazónicos llegan a la COP30 con una cooperación más sólida y un mensaje claro: cuidar el mayor pulmón verde del planeta es una tarea compartida. La cumbre, que se celebrará en Belém entre el 10 y el 21 de noviembre, simboliza la urgencia de pasar del discurso a la acción.

La Organización del Tratado de Cooperación Amazónica (OTCA), integrada por Bolivia, Brasil, Colombia, Ecuador, Guyana, Perú, Surinam y Venezuela, advierte que la región es víctima directa del cambio climático. Su secretario general, Martín von Hildebrand, recuerda que la Amazonía no se reduce a selvas e indígenas, sino que alberga a cerca de cincuenta millones de personas, la mayoría urbanas, cuyo destino depende del equilibrio de ese ecosistema.

La OTCA propone un nuevo marco de corresponsabilidad. Reclama compromisos reales en financiamiento, transferencia tecnológica, bioeconomía y justicia ambiental. Su planteamiento busca superar la lógica asistencialista y establecer una relación horizontal con las potencias desarrolladas.

La elección de Belém para albergar la cumbre tiene un valor simbólico. La ciudad se encuentra en el corazón amazónico y representa el punto de encuentro entre desarrollo, conservación y urgencia climática. Desde allí, los países amazónicos pretenden visibilizar que la transición ecológica solo será viable si incluye a las comunidades locales y a los pueblos originarios, cuyas prácticas sustentables pueden orientar nuevas políticas globales.

Aun así, los desafíos son considerables. Las economías de la región siguen dependiendo de actividades extractivas que degradan la selva. La falta de presencia estatal en extensas zonas facilita el avance del narcotráfico, la minería ilegal y la deforestación. Proteger la Amazonía implica también ofrecer alternativas económicas dignas, fortalecer la educación ambiental y reconocer la sabiduría ancestral de los pueblos que han sabido convivir con la selva durante siglos.

La COP30 será una prueba de coherencia para el sistema internacional. Si los países desarrollados convierten sus promesas en acciones concretas, se abrirá una etapa de cooperación equitativa. Si prevalece la inercia, la Amazonía seguirá pagando el precio del desequilibrio global.

El mensaje de Belém apunta a una verdad elemental: salvar la selva es salvar la vida. En un planeta que empieza a quedarse sin aire, la Amazonía no puede seguir siendo la última frontera del sacrificio.

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