De la tribu al Estado: la construcción política de al-Ándalus

06 octobre 2025 - 15:08

Juan Miranda, especialista en historia del islam medieval, ofrece en este artículo una lectura sobre cómo al-Ándalus rompió con la lógica tribal para construir un Estado sólido. Su análisis parte de la figura de ʿAbd al-Raḥmān I, el Halcón de los Quraysh, y muestra cómo la diversidad étnica y religiosa de la península dio lugar a una nueva identidad colectiva que aún resuena en la memoria cultural hispana.

A lo largo de la historia islámica, tanto en Oriente como en el Magreb, la tribu fue el núcleo primigenio de toda organización política. Sin embargo, al-Ándalus representó una excepción singular: fue el único territorio del mundo islámico donde la estructura estatal consiguió imponerse sobre la tribal. Este cambio radical se debió a la visión política de un hombre excepcional: ʿAbd al-Raḥmān I ibn Muʿāwiya, conocido como el Halcón de los Quraysh. Su llegada a la península ibérica en el siglo VIII marcó el inicio de un proceso histórico que transformaría un espacio fragmentado por rivalidades étnicas y tribales en un Estado sólido y duradero.

1. El contexto tribal antes del Emirato Omeya
Durante el llamado período de los walíes (gobernadores) (711-756), al-Ándalus estuvo dominado por los conflictos entre las tribus árabes y bereberes, así como por las luchas intestinas entre los propios árabes, divididos en dos grandes grupos: los “qaysíes” y los “yamaníes”. Cada nuevo gobernador perteneciente a una de estas facciones destituía a los funcionarios del grupo contrario, provocando una continua inestabilidad.
En tan solo cuarenta años, veinte gobernadores se sucedieron en el poder, lo que revela la ausencia de continuidad política. Además, los bereberes —a pesar de haber sido los principales conquistadores de la península— quedaron marginados de los altos cargos, hecho que desembocó en la gran revuelta bereber de 740, la cual puso en peligro la cohesión del territorio.

2. La estrategia de ʿAbd al-Raḥmān al-Dájil: del tribalismo al Estado
Cuando ʿAbd al-Raḥmān llegó a al-Ándalus tras la caída del califato omeya en Oriente, comprendió que el poder solo podría consolidarse debilitando la influencia de las tribus. Para lograrlo, utilizó una política inteligente y gradual: en una primera fase se apoyó en las tribus bereberes —especialmente en la de Nafza, a la que pertenecía su madre— para contrarrestar a las árabes.
Más tarde, fomentó la rivalidad entre los propios árabes, alternando su apoyo entre “qaysíes” y “yamaníes”, hasta agotar su fuerza política.
Solo entonces dio el paso decisivo: sustituir el poder tribal por el poder estatal, fundando en 756 el Emirato Omeya de Córdoba, apenas seis años después de la desaparición de la dinastía omeya en Damasco.

3. Una estructura social diferente: la sociedad andalusí frente al modelo oriental
El éxito del proyecto omeya en al-Ándalus se explica también por las diferencias estructurales entre la sociedad peninsular y la de Oriente. En el mundo árabe y magrebí, la tribu era una entidad hereditaria, unida por lazos de sangre, religión y memoria ancestral. En cambio, la sociedad rural andalusí estaba marcada por la diversidad: coexistían en un mismo espacio árabes, bereberes, eslavos (saqāliba), mozárabes, judíos y cristianos.
El sistema feudal impuesto tras la conquista visigoda había fragmentado el territorio en señoríos donde convivían grupos de distintos orígenes y credos, lo que hacía imposible reproducir la estructura tribal tradicional.
El geógrafo Ibn Ḥawqal (siglo X) describe la presencia de miles de cristianos en las zonas rurales andalusíes, contradiciendo la tesis del orientalista holandés Reinhart Dozy, quien sostenía que los bereberes habitaron exclusivamente el campo y los árabes las ciudades. La realidad, como demuestra Ibn Ḥawqal, era mucho más compleja y mestiza.

4. El mestizaje y el nacimiento de los muwalladūn
Los emires omeyas comprendieron la importancia de integrar esta diversidad. Promovieron los matrimonios mixtos entre musulmanes y cristianas, una práctica facilitada por el hecho de que la mayoría de los colonos árabes y bereberes eran hombres. De estas uniones nació una nueva categoría social: los muwalladūn o muladíes, hijos de madres cristianas convertidas al islam y de padres musulmanes.
Los muwalladūn se convirtieron en la columna vertebral de la sociedad andalusí. De sus filas surgieron las figuras más eminentes del pensamiento, la ciencia y la política: ʿAbd al-Raḥmān III, Ibn Ḥazm, Ibn Zuhr, Ibn Rushd e Ibn Zaydūn, entre muchos otros. Todos ellos compartían ese doble legado cultural que unía sangre árabe, bereber y cristiana.

5. Del sentimiento tribal al sentimiento andalusí
El mestizaje no solo transformó la estructura social, sino también la identidad colectiva. Los muwalladūn fueron los primeros en desarrollar lo que hoy llamaríamos un sentimiento nacional andalusí, en sustitución del sentimiento tribal.
Ya en el siglo IX, su lealtad no se dirigía a una tribu, sino a la tierra donde habían nacido: al-Ándalus. Este patriotismo temprano se reflejaba incluso en los nombres de sus grandes figuras intelectuales, que adoptaban como nisba el nombre de su ciudad natal: al-Zahrāwī (de Madīnat al-Zahrā’), al-Majrīṭī (de Madrid), al-Balansī (de Valencia), al-Rundī (de Ronda) o al-Mursī (de Murcia).
Cada uno de ellos vinculó su identidad al territorio, expresando así la fusión entre el espacio geográfico y el espíritu cultural andalusí.

Conclusión
El proceso político iniciado por ʿAbd al-Raḥmān I supuso una revolución silenciosa en la historia islámica: la sustitución del poder tribal por un Estado unificador.
Gracias a una hábil estrategia que combinó pragmatismo político y comprensión sociológica, el emir logró transformar un mosaico de tribus enfrentadas en una civilización cohesionada, donde el mestizaje étnico y religioso dio lugar a una nueva identidad colectiva.
El legado de al-Ándalus, más allá de su esplendor artístico o científico, reside precisamente en esta capacidad de convertir la diversidad en fundamento de unidad.

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