La Cámara de Diputados aprueba tramitar por urgencia un proyecto que podría beneficiar al expresidente condenado a 27 años por intento de golpe de Estado. El presidente Hugo Motta designó al sindicalista Paulinho da Força como relator de una iniciativa que enfrenta la oposición de Lula y la falta de respaldo jurídico, según expertos. Los negociadores buscan «pacificar» el país con una propuesta que divide al Parlamento entre quienes defienden el perdón a los condenados del 8 de enero y aquellos que consideran inconstitucional cualquier amnistía para delitos contra la democracia.
La Cámara de Diputados de Brasil aprobó tramitar por urgencia el proyecto de amnistía para los condenados por los actos golpistas del 8 de enero de 2023, una decisión que podría beneficiar al expresidente Jair Bolsonaro, quien cumple condena domiciliaria tras ser sentenciado a 27 años y 3 meses de prisión por intento de golpe de Estado. La votación registró 311 votos a favor, 163 en contra y 7 abstenciones, enviando directamente la propuesta al pleno sin pasar por comisiones parlamentarias.
El presidente de la Cámara, Hugo Motta, designó al sindicalista y diputado Paulo Pereira da Silva, conocido como Paulinho da Força, como relator del controvertido proyecto. El legislador del partido Solidaridad tendrá la tarea de construir un texto de consenso que «permita pacificar el país», según declaró a periodistas. La designación de Da Força, histórico aliado del movimiento sindical pero distanciado del actual gobierno de Luiz Inácio Lula da Silva, busca generar puentes entre diferentes fuerzas políticas en un Congreso marcado por la polarización.
La iniciativa original fue presentada por el senador evangélico Marcelo Crivella, quien reconoció que su texto funcionará como «carcasa» para una propuesta más amplia. La amnistía abarcaría manifestaciones políticas desde el 30 de octubre de 2022 hasta la fecha de entrada en vigor de la eventual ley, un período que incluye los disturbios donde miles de bolsonaristas invadieron las sedes de los tres poderes en Brasilia. Más de 600 personas han sido condenadas por participar en esos actos vandálicos.
El proyecto enfrenta resistencia tanto política como jurídica. El presidente Lula anticipó que vetará cualquier amnistía si llega a su despacho. «Si me la envían para vetar, puede estar seguro de que la vetaré», declaró en entrevista con BBC News. El mandatario considera que los crímenes por los que fue condenado Bolsonaro no tienen carácter político y por tanto no justifican el perdón. Esta posición coincide con la evaluación de juristas que cuestionan la viabilidad constitucional de la propuesta.
Sin respaldo jurídico para el perdón
El criminalista Antonio Carlos de Almeida Castro, conocido como Kakay, sostiene que la amnistía «no tiene respaldo jurídico» porque el Supremo Tribunal Federal ya estableció que no cabe indulto ni amnistía cuando el delito es contra la democracia. Según el abogado, que ha defendido desde expresidentes hasta líderes empresariales en casos de corrupción, cualquier intento del Congreso de alterar el resultado del juicio «sería una inversión absoluta de la independencia de los poderes» y constituiría «un golpe gravísimo».
Las divisiones internas en el oficialismo complican el panorama político. Aunque los partidos de izquierda se oponen unánimemente, sectores del centro que integran la coalición gubernamental votaron a favor del trámite de urgencia. Esta fragmentación evidencia las tensiones en una alianza que debe equilibrar principios programáticos con necesidades de gobernabilidad parlamentaria. El apoyo de 48 diputados de partidos oficialistas fue crucial para alcanzar los votos necesarios, mostrando fisuras en el bloque progresista.
La estrategia de la oposición incluye presiones externas que complejizan el escenario. El gobierno estadounidense de Donald Trump revocó las visas del ministro Alexandre de Moraes y otros magistrados del Supremo, además de amenazar con mantener aranceles del 50% a productos brasileños si el proceso judicial no se detiene. Esta intervención extranjera, que Lula calificó como «chantaje inaceptable», refuerza la narrativa bolsonarista de persecución política pero también genera rechazo en sectores nacionalistas del Congreso.
El gobernador de São Paulo, Tarcísio de Freitas, considerado posible candidato presidencial con apoyo bolsonarista, participó activamente en la articulación parlamentaria a favor de la amnistía. Su presencia en la Cámara durante las negociaciones señala la importancia estratégica que la oposición otorga al proyecto. Como reacción, los partidos União Brasil y PP anunciaron su salida de la coalición gubernamental, con ministros como Celso Sabino y André Fufuca abandonando el gobierno antes de fin de mes.
Estrategia de diálogo y presiones externas
La designación de Paulinho da Força como relator busca moderar las posiciones más radicales. El sindicalista, que mantuvo cercanía con Lula pero se distanció por recibir poco espacio en el gobierno actual, representa un perfil de diálogo con diversos sectores. Su tarea consistirá en equilibrar las demandas bolsonaristas de amnistía amplia con las resistencias del centro político, que prefiere limitar el perdón a quienes vandalizaron Brasilia sin incluir a los líderes de la conspiración golpista.
Los próximos pasos incluyen negociaciones con el Senado y posibles conversaciones con magistrados del Supremo Tribunal Federal, según anticipó Da Força. Sin embargo, la viabilidad jurídica de la propuesta enfrenta obstáculos constitucionales significativos. Los precedentes jurisprudenciales sobre amnistías en delitos contra la democracia y las declaraciones previas del propio Supremo sobre la naturaleza de los actos del 8 de enero limitan las opciones de los parlamentarios.
La controversia tiene lugar mientras Bolsonaro cumple un régimen restrictivo de medidas cautelares. El expresidente debe usar tobillera electrónica las 24 horas y permanece en arresto domiciliario nocturno de 19:00 a 07:00 horas de lunes a viernes, mientras que los fines de semana debe permanecer confinado en su residencia durante todo el día. Además, tiene prohibido usar redes sociales, acercarse a embajadas, mantener contacto con autoridades extranjeras y comunicarse con otros acusados en los procesos por golpismo, incluidos sus propios hijos Carlos y Eduardo.
El debate parlamentario refleja tensiones más profundas sobre el funcionamiento de la democracia brasileña y los límites del poder político frente a la justicia. Mientras la oposición considera que se trata de «pacificación nacional», sectores progresistas denuncian un intento de legitimar el golpismo mediante la impunidad. La resolución de este conflicto definirá no solo el futuro de los condenados por los actos del 8 de enero, sino también el equilibrio entre poderes en Brasil.