La Mostra de Venecia entre el cine y las sombras de Gaza

06 septembre 2025 - 12:54
La cineasta tunecina Kaouther Ben Hania, en la alfombra roja de la Mostra de Venecia, sostiene el retrato de Hind Rajab, la niña palestina asesinada en Gaza e inspiradora de su película The Voice of Hind Rajab.

La cineasta tunecina Kaouther Ben Hania, en la alfombra roja de la Mostra de Venecia, sostiene el retrato de Hind Rajab, la niña palestina asesinada en Gaza e inspiradora de su película The Voice of Hind Rajab.

La 82ª edición del Festival de Venecia ha recordado, una vez más, que el cine no vive aislado de su tiempo. Mientras las estrellas de Hollywood desfilaban por la alfombra roja bajo la lluvia del Lido, la geopolítica se colaba en las pantallas y en las calles, imponiendo un debate que desbordó el glamour del certamen.

El ejemplo más conmovedor lo aportó la cineasta tunecina Kaouther Ben Hania con The Voice of Hind Rajab, ovacionada durante más de veinte minutos. La película reconstruye, con crudeza y ternura a la vez, la historia de una niña palestina asesinada en Gaza tras horas de angustia al teléfono con los equipos de rescate de la Media Luna Roja. En tiempos donde la estadística deshumaniza la tragedia, el cine devuelve nombre y rostro a las víctimas, y Ben Hania lo recordó con una fuerza desgarradora: “El arte es necesario para dar voz a quienes ya no la tienen”.

El festival no escapó a la presión política. Colectivos de cineastas italianos reunidos en Venice4Palestine firmaron una carta abierta contra la guerra. Afuera, miles de manifestantes reclamaron un alto al fuego en Gaza, confirmando que la Mostra no podía limitarse a la celebración de estrenos y premios. La guerra se hizo presente, atravesando debates, críticas y silencios.

No fue Gaza el único eco de la realidad. El filme El mago del Kremlin, adaptación de Giuliano da Empoli dirigida por Olivier Assayas, puso sobre la mesa la guerra en Ucrania, con Jude Law encarnando a Vladimir Putin en una lectura que mezcla ficción y sátira política. El cine, convertido en espejo de las tensiones contemporáneas, se desplegó también en relatos sobre la eutanasia, el cambio climático o la precariedad laboral.

Pero la Mostra mantuvo su magnetismo. Guillermo del Toro volvió con un Frankenstein producido por Netflix, encabezado por Jacob Elordi, Oscar Isaac y Mia Goth. François Ozon llevó al festival El Extranjero, de Albert Camus, con un Benjamin Voisin que apostó por la contención. Y hasta Dwayne “The Rock” Johnson sorprendió a la crítica con un papel dramático en The Smashing Machine. La alfombra roja, como siempre, mezcló frivolidad y expectativa, pero esta vez bajo un telón de fondo que obligaba a pensar.

Los premios, encabezados por el jurado de Alexander Payne, llegarán como culminación de una edición marcada por la tensión entre el brillo del espectáculo y la urgencia de la historia. No es casualidad que los aplausos más largos fueran para una película que nace del dolor palestino. El público de Venecia, habituado al deslumbramiento, reconoció allí la fuerza del cine como testimonio.

La Mostra 2025 confirma que el séptimo arte puede ser espejo incómodo y catalizador de memorias colectivas. Entre estrellas internacionales y protestas en la calle, entre Frankenstein y Gaza, el festival ofreció un retrato de nuestro tiempo: fragmentado, convulso, incapaz de separar la belleza de la tragedia.

Al final, Venecia no premia solo películas. Premia la capacidad del cine para recordarnos que, incluso en medio del espectáculo, sigue habiendo un deber de humanidad.

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