US Open: un millonario polaco pide perdón tras arrebatarle la gorra a un niño

02 septembre 2025 - 10:16

El empresario Piotr Szczerek protagonizó una de las escenas más comentadas del torneo después de quitarle la gorra que el tenista Kamil Majchrzak había regalado a un pequeño aficionado. Tras la indignación y la búsqueda en redes, devolvió el objeto y ofreció disculpas públicas.

La imagen recorrió el mundo: un niño sonriente recibía la gorra de su ídolo, el polaco Kamil Majchrzak, tras una victoria épica en cinco sets frente al ruso Karen Khachanov. Pero la alegría duró apenas segundos. En medio de la confusión del festejo, Piotr Szczerek, millonario y empresario de una compañía de pavimentación en Polonia, estiró la mano, arrebató el recuerdo y lo guardó en su bolso.

El gesto provocó lágrimas en el pequeño y un vendaval de indignación en las redes sociales. “¿Qué estás haciendo?”, se escuchaba decir al niño, mientras Majchrzak, ajeno al incidente, abandonaba la pista. En pocos minutos, el episodio se volvió viral y la presión pública obligó a un desenlace: el empresario devolvió la gorra y pidió perdón.

En un extenso mensaje en Facebook, Szczerek reconoció: “Cometí un grave error. En medio de la emoción pensé que el jugador me estaba entregando la gorra a mí, para mis hijos que habían pedido autógrafos. Hoy sé que mi acción pareció un robo a un niño. No fue mi intención, pero entiendo el daño causado”.

Majchrzak, número 76 del mundo, también intervino en la historia. El sábado publicó una foto junto al niño, identificado como Brock, con un mensaje sencillo: “Hello World, juntos con Brock les deseamos un gran día”. El gesto cerró, al menos parcialmente, la polémica.

Entre la pasión y los excesos

El incidente no es un caso aislado. El deporte profesional, convertido en espectáculo global, suele generar escenas de disputa entre aficionados por objetos que se transforman en piezas de deseo. Basta recordar la pelea en las gradas por la pelota histórica de Shohei Ohtani en la MLB, hoy todavía en litigio judicial.

Lo ocurrido en Nueva York deja una lección incómoda: la frontera entre la pasión del aficionado y el abuso de privilegio puede cruzarse en segundos. Szczerek lo admite como una “lección de humildad”. Para el niño, quedará el recuerdo de una anécdota amarga que finalmente se tornó en reivindicación, gracias a la reacción de su ídolo y a la presión de miles de voces anónimas que, desde las redes, defendieron la justicia más elemental: la de un niño con su gorra.

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