Rosalía rompe su silencio sobre Gaza: "El señalamiento debería ir hacia arriba"

01 août 2025 - 09:25

La cantante catalana responde a las críticas del diseñador mallorquín Miguel Adrover, que rechazó vestirla por no condenar públicamente el conflicto palestino. En un comunicado en Instagram, la artista defiende que la presión debe dirigirse hacia «quienes deciden y tienen poder de acción», no entre figuras del espectáculo, mientras condena la violencia en Gaza y reivindica su derecho al activismo sin exhibicionismo. La polémica reabre el debate sobre la responsabilidad social de las celebrities en conflictos internacionales.

La cantante Rosalía rompió su silencio sobre el conflicto en Gaza después de que el diseñador mallorquín Miguel Adrover rechazara públicamente vestirla por no haberse pronunciado sobre lo que califica como «genocidio palestino». En un comunicado publicado en Instagram ante sus casi 30 millones de seguidores, la artista catalana defendió que «el señalamiento debería direccionarse hacia arriba (hacia quienes deciden y tienen poder de acción) y no en horizontal (entre nosotros)», mientras condenaba la violencia contra la población civil palestina.

La polémica estalló cuando Adrover, Premio Nacional de Diseño de Moda 2018, hizo públicos los correos electrónicos en los que su equipo rechazaba crear un look personalizado para la intérprete de «Motomami». «Lo siento, pero Miguel no trabaja con ningún artista que no apoye públicamente a Palestina», respondió una representante del diseñador al equipo de la cantante, que había solicitado un diseño exclusivo para septiembre. El modista justificó su decisión argumentando que «el silencio es complicidad» y que quienes tienen «un gran altavoz» deben usar su influencia para «denunciar este genocidio».

Rosalía tardó apenas 24 horas en responder a las acusaciones a través de sus redes sociales. «He seguido con gran tristeza lo que se ha venido diciendo estos días», comenzó su mensaje, en el que reconocía que lo que escribiría sería «incompleto e imperfecto» pero representaba su «verdad» escrita «con la mejor intención». La artista negó rotundamente que su silencio previo significara indiferencia ante el sufrimiento palestino: «El hecho de no haber usado mi plataforma de forma alineada con el estilo o expectativas ajenas no significa en absoluto que no condene lo que está pasando en Palestina».

Presión del activismo digital

El enfrentamiento entre ambas figuras ilustra las crecientes presiones que enfrentan las celebrities en la era de las redes sociales, donde cada silencio se interpreta como posicionamiento político. Adrover, conocido por su activismo y sus diseños realizados con materiales reciclados como forma de denuncia del capitalismo textil, había manifestado que «cuando una persona tiene un gran altavoz, con millones de personas que la escuchan, tiene también la responsabilidad de usar ese poder para denunciar este genocidio». Su decisión de hacer pública la negativa generó un intenso debate sobre los límites del compromiso político de los artistas y el papel de la presión social en la conformación de discursos públicos.

La cantante, sin embargo, cuestionó esta lógica de señalamiento horizontal entre figuras del entretenimiento. «No veo cómo avergonzarnos los unos a los otros sea la mejor manera de seguir adelante en la lucha por la libertad de Palestina», escribió, defendiendo que la responsabilidad principal recae en «quienes deciden y tienen poder de acción», en clara referencia a líderes políticos y gobiernos. Esta posición refleja una creciente tensión en el mundo del espectáculo sobre hasta qué punto los artistas deben convertirse en portavoces de causas políticas y si su silencio puede interpretarse como complicidad.

El caso evidencia también cómo el conflicto palestino-israelí se ha convertido en una línea divisoria en el mundo cultural español. Mientras artistas como Residente o Samantha Hudson han boicoteado eventos vinculados al fondo israelí KKR, otros han mantenido posiciones más discretas. La presión sobre Rosalía se intensificó después de que varios músicos cancelaran su participación en el Festival Internacional de Benicàssim (FIB) por estar financiado por capitales israelíes, creando un precedente de activismo que algunos consideran que la cantante debería haber seguido.

Mensaje de humildad y autocrítica

En su respuesta, Rosalía adoptó un tono de humildad y autocrítica que contrastaba con la contundencia de las acusaciones recibidas. «En un mundo como el de hoy en día todos vivimos en constante contradicción, yo la primera, y aunque personalmente siempre intente hacer ‘lo correcto’, probablemente no siempre lo consiga, pero en el proceso trato de aprender y mejorar», escribió la artista, reconociendo las complejidades inherentes a cualquier posicionamiento público en temas geopolíticos complejos.

La cantante fue especialmente cuidadosa al reconocer las limitaciones de su mensaje: «lamentablemente este texto no es ni será suficiente en un contexto de violencia extrema como el que está aconteciendo». Esta admisión de insuficiencia contrasta con las exigencias de claridad absoluta que caracterizan el activismo digital, donde se espera que las figuras públicas adopten posiciones inequívocas sobre conflictos cuyas raíces históricas y desarrollos actuales presentan múltiples capas de complejidad.

El comunicado culminó con un reconocimiento explícito hacia quienes trabajan directamente en la causa palestina: «Querría finalizar con un profundo respeto y agradecimiento a las personas que realmente actúan como ONGs, activistas, voluntarios, sanitarios, trabajadores, cooperativas, asociaciones y periodistas dedicando su vida a ayudar en esta causa y muchas otras». Esta mención pareció dirigida a desplazar el foco desde el debate sobre su silencio hacia el trabajo concreto de organizaciones humanitarias y activistas sobre el terreno.

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