El Mundial de Clubes 2025 no solo consagró al Chelsea como campeón tras golear al PSG 3-0, también se convirtió en un festival financiero sin precedentes. El certamen, disputado en Estados Unidos, repartió un total cercano a los mil millones de dólares, convirtiéndose en la competición de clubes con mayores premios en metálico de la historia del fútbol.
Gianni Infantino, presidente de la FIFA, había anticipado que el torneo marcaría un nuevo estándar económico, y no exageraba: solo el Chelsea embolsó 104,7 millones de dólares. El PSG, pese a la derrota, sumó 97,4 millones, y el Real Madrid, que completó el podio, se llevó 74,6 millones.
Más allá de los grandes números europeos, el impacto más significativo puede sentirse al sur del continente. Los clubes de América Latina, muchas veces asfixiados por estructuras débiles y economías inestables, encontraron en este torneo una oportunidad para fortalecer sus finanzas. En total, los representantes de la Conmebol acumularon más de 170 millones de dólares, cifra que en algunos casos equivale a varias temporadas completas de presupuesto.
Fluminense fue el equipo sudamericano mejor posicionado, tanto en lo deportivo como en lo económico. Los cariocas, que alcanzaron semifinales, obtuvieron 54,5 millones de dólares. Le siguen Palmeiras (36,1 millones), Flamengo (25), Botafogo (24,1), River Plate (16,1) y Boca Juniors (15,1). Estas cifras, en el contexto local, son más que significativas: permiten pensar en refuerzos, modernización de instalaciones y cierta estabilidad frente a la sangría constante de talentos.
Clubes como Inter Miami (19 millones de dólares), Monterrey (20 millones) y Pachuca (8,3 millones) también participaron del reparto de premios, consolidando sus economías regionales gracias a su exposición global en el torneo.
Enzo Fernández levantó la copa con el Chelsea, pero las cuentas bancarias de clubes sudamericanos también celebraron. Tal vez no haya otra señal más clara del nuevo orden futbolístico global: ganar ya no es solo levantar trofeos, sino también volver a casa con las cuentas en verde.