Trump, fútbol y espectáculo: una final con aroma a política

12 juillet 2025 - 12:26

Este domingo 13 de julio, la final del Mundial de Clubes en el MetLife Stadium de Nueva Jersey no será solo un duelo entre gigantes europeos —París Saint-Germain y Chelsea—, sino también una escena cargada de símbolos políticos. El invitado de honor será nada menos que el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, quien volverá a ocupar el centro de los focos en un evento que mezcla fútbol, diplomacia e imagen global.

Trump no solo asistirá a la final como anfitrión del país que acoge por primera vez este torneo renovado con 32 equipos. Su presencia se inscribe en una estrategia más amplia de visibilidad pública, a pocos meses de las elecciones de noviembre y en un contexto donde el deporte —especialmente el fútbol— se ha vuelto un terreno fértil para el relato político.

El presidente de la FIFA, Gianni Infantino, parece entenderlo perfectamente. En compañía de Ronaldo Nazario y Eric Trump, inauguró esta semana una exposición conmemorativa en la Trump Tower, en Nueva York, donde se exhibe la copa del Mundial de Clubes. Es un gesto tan diplomático como simbólico: el máximo organismo del fútbol mundial busca sellar su alianza con Washington antes del Mundial 2026, que organizarán Estados Unidos, México y Canadá.

Para Trump, la escena es redonda: estadio lleno, cámaras encendidas, y un deporte en auge entre la comunidad latina y los jóvenes estadounidenses. Que la final sea entre dos clubes europeos de altísima inversión refuerza, además, el relato del fútbol como espectáculo global, donde EE.UU. aparece como anfitrión sofisticado y musculoso.

Pero la presencia de Trump también tiene sus detractores. Activistas por los derechos migratorios y sindicatos de trabajadores de la construcción han recordado que muchas de las sedes remodeladas para este y el próximo mundial han estado bajo escrutinio por irregularidades laborales. Y entre bastidores, algunos observan con recelo la politización creciente de los eventos deportivos internacionales.

En todo caso, la cita de este domingo se perfila como una postal del nuevo fútbol: globalizado, mercantil, hiperconectado… y cada vez más entrelazado con el poder. Mientras el PSG y el Chelsea peleen por levantar la copa, no pocos espectadores tendrán los ojos también puestos en el palco presidencial.

Porque en la era de las redes y las imágenes virales, cada pase importa. Pero también, cada gesto desde la tribuna.

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