Washington concederá visados al presidente Masud Pezeshkian, al ministro de Exteriores Abás Araqchi y a una delegación iraní reducida para asistir a la semana de alto nivel en Nueva York. La decisión contrasta con el nuevo veto impuesto al presidente palestino Mahmud Abás.
Estados Unidos permitirá que los principales responsables de Irán participen la próxima semana en la Asamblea General de Naciones Unidas, pese al conflicto abierto entre Washington y Teherán y a la fuerte escalada regional de los últimos meses.
El Departamento de Estado confirmó que la delegación central iraní podrá acudir a la semana de alto nivel de la ONU, en cumplimiento de las obligaciones de Estados Unidos como país anfitrión de la organización. La autorización incluye al presidente iraní, Masud Pezeshkian, y al jefe de la diplomacia, Abás Araqchi.
La presencia iraní estará, no obstante, sometida a condiciones estrictas. La delegación será menor que en años anteriores, tendrá limitaciones de desplazamiento dentro de Estados Unidos y no podrá adquirir artículos de lujo ni determinados bienes sometidos a restricciones. Estas medidas mantienen la presión política y económica sobre Teherán, sin impedir su acceso al principal foro diplomático multilateral.
La decisión se produce en un contexto especialmente tenso. Los enfrentamientos entre Estados Unidos e Irán, desencadenados tras los ataques estadounidenses e israelíes de finales de febrero, han extendido sus efectos por Oriente Medio. La situación también ha afectado a la navegación en puntos estratégicos como el estrecho de Ormuz y Bab el Mandeb, con consecuencias directas sobre el mercado energético y las rutas comerciales internacionales.
La Casa Blanca ha defendido que la concesión de visados responde a los compromisos asumidos por Washington en virtud del acuerdo que regula la sede de Naciones Unidas. Ese marco obliga, en principio, a facilitar el acceso de las delegaciones extranjeras acreditadas ante la ONU, aunque permite imponer restricciones de seguridad y movimiento.
El caso iraní subraya, sin embargo, una diferencia de trato que vuelve a situar a Estados Unidos en el centro de la polémica diplomática. Washington ha denegado por segundo año consecutivo el visado al presidente palestino Mahmud Abás y a otros responsables de la Organización para la Liberación de Palestina y de la Autoridad Palestina.
El Departamento de Estado justifica esa medida por lo que considera falta de reformas y actuaciones que perjudican las perspectivas de paz, entre ellas el recurso a instancias judiciales internacionales. La Autoridad Palestina rechaza estas acusaciones y denuncia una decisión que, a su juicio, dificulta la reconstrucción de la confianza con Estados Unidos.
Ante la ausencia forzada de Abás, la Asamblea General ha autorizado que el dirigente palestino intervenga por videoconferencia, como ya ocurrió el año pasado. La resolución fue aprobada por una amplia mayoría de los Estados miembros.
La próxima reunión de líderes en Nueva York reunirá así dos realidades diplomáticas contradictorias: Irán podrá defender su posición directamente ante la comunidad internacional, aunque bajo una vigilancia estrecha; Palestina volverá a hacerlo a distancia. La diferencia ilustra hasta qué punto la gestión de visados del país anfitrión se ha convertido también en un instrumento político dentro de Naciones Unidas.
La autorización de visados a la delegación iraní, así como la intervención de Abás por videoconferencia, fueron confirmadas este miércoles.