Irán y Estados Unidos se atribuyen el control de Ormuz tras casi seis meses de guerra

15 août 2026 - 08:35

El comandante de la Guardia Revolucionaria iraní, Ahmad Vahidi, aseguró este sábado que las Fuerzas Armadas de su país han logrado poner «de rodillas» a Estados Unidos, en una nueva batalla discursiva por presentar como victoria propia un conflicto que se aproxima a los seis meses sin un desenlace claro.

«Confiando en Dios todopoderoso» y mediante operaciones ofensivas y defensivas desarrolladas en condiciones extremas, las fuerzas iraníes consiguieron doblegar «al ejército más armado de la historia del mundo», afirmó Vahidi en un comunicado difundido por Tasnim, agencia vinculada con la Guardia Revolucionaria.

La declaración coincide con un nuevo aumento de la tensión en el estrecho de Ormuz, donde Irán y Estados Unidos aseguran ejercer el control. La navegación se encuentra gravemente perturbada, pero la ruta no permanece completamente cerrada: algunos buques continúan atravesándola bajo restricciones, mientras otros evitan la zona ante el riesgo de ataques, interceptaciones o minas.

Antes del inicio de la guerra, más de 130 embarcaciones cruzaban diariamente este paso estratégico. En los últimos días, el tránsito se ha reducido a unos pocos barcos, con consecuencias sobre el abastecimiento energético, los costes del transporte y los mercados internacionales.

Dos relatos de victoria

La guerra comenzó el 28 de febrero con ataques estadounidenses e israelíes contra Irán. Desde entonces, las partes han alternado las operaciones militares con negociaciones indirectas, una tregua temporal y un nuevo ciclo de hostilidades.

Teherán sostiene que controla Ormuz y que puede decidir qué embarcaciones están autorizadas a atravesarlo. Washington, por su parte, aplica un bloqueo naval contra puertos y barcos iraníes y afirma garantizar el paso de los buques neutrales que no se dirijan hacia territorio iraní.

Ninguna de estas posiciones equivale a ejercer una soberanía exclusiva sobre el estrecho. Ormuz se encuentra entre las aguas territoriales de Irán y Omán y constituye una vía marítima internacional esencial para el tránsito energético mundial.

El presidente estadounidense, Donald Trump, elevó el tono al anunciar su intención de declarar el estrecho «territorio de Estados Unidos» después de haber «derrotado a Irán». La afirmación carece por sí sola de efectos jurídicos: Washington no puede anexionarse unilateralmente una ruta marítima situada entre dos Estados soberanos.

Las Fuerzas Armadas iraníes respondieron calificando de «mentiras» las declaraciones estadounidenses sobre el dominio de la zona. Mientras ambas partes proclaman su victoria, los datos disponibles describen una realidad más ambigua: Irán conserva capacidad para amenazar la navegación, pero Estados Unidos mantiene una presencia naval y aérea muy superior.

Un comandante reclamado por Argentina

Vahidi asumió la jefatura de la Guardia Revolucionaria el pasado marzo, después de que su predecesor muriera durante los primeros ataques estadounidenses e israelíes. Anteriormente fue ministro de Defensa, ministro del Interior y comandante de la Fuerza Quds, responsable de las operaciones exteriores del cuerpo militar.

Su nombramiento provocó una reacción especialmente dura de Argentina. Vahidi está reclamado por la Justicia de ese país por su presunta participación en la planificación del atentado contra la sede de la Asociación Mutual Israelita Argentina, cometido en Buenos Aires en 1994 y en el que murieron 85 personas.

Interpol publicó en 2007 una notificación roja a petición de las autoridades argentinas. Esa alerta solicita su localización y eventual detención provisional, pero no equivale a una condena ni constituye por sí misma una orden internacional de arresto.

El coste de la guerra

La declaración de Vahidi parece dirigida tanto al adversario exterior como a la población iraní. Tras meses de ataques, sanciones y dificultades económicas, el régimen necesita presentar su capacidad de resistencia como una victoria, aunque no haya obligado a Estados Unidos a retirarse ni haya alcanzado todavía sus principales objetivos políticos.

Washington también utiliza un lenguaje triunfalista. Trump habla de una derrota iraní pese a que Teherán conserva capacidad militar, mantiene restricciones en Ormuz y condiciona cualquier acuerdo a la retirada del bloqueo, el levantamiento de sanciones y la liberación de activos congelados.

La pugna no es únicamente militar. También consiste en decidir qué relato prevalecerá: el de una potencia estadounidense que afirma dominar la principal ruta energética del Golfo o el de una República Islámica que convierte su supervivencia en prueba de victoria.

Entre ambas narrativas permanece una realidad menos solemne: una vía marítima insegura, una economía mundial expuesta y una guerra cuyo coste sigue aumentando sin que ninguno de los contendientes haya conseguido poner realmente de rodillas al otro.

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