El presidente de la Federación Internacional de Fútbol Asociado, Gianni Infantino, celebró el miércoles una reunión de urgencia con su cúpula en las afueras de Rabat tras el rechazo masivo a su plan de privatización parcial del Mundial. Según el diario británico The Times, el dirigente suizo habría ofrecido a Marruecos la organización de la final del campeonato de 2030 a cambio del respaldo de la Confederación Africana de Fútbol en las elecciones presidenciales de marzo de 2027. La FIFA desmintió la información de manera rotunda.
La mayor crisis institucional de la historia reciente de la Federación Internacional de Fútbol Asociado (FIFA) se desarrolló esta semana en territorio marroquí. Gianni Infantino, presidente del organismo desde 2016, convocó el miércoles en las afueras de Rabat un gabinete de crisis con los altos cargos de la FIFA para buscar una salida a la tormenta desatada por su intento de vender el 20% del capital de FIFA Forward Enterprise (FFE), la filial creada para explotar comercialmente los Mundiales masculinos y femeninos. La iniciativa fue retirada la semana pasada tras el rechazo unánime de la Unión de Asociaciones Europeas de Fútbol (UEFA), la Confederación de Norteamérica, Centroamérica y el Caribe de Fútbol (Concacaf) y la Confederación Asiática de Fútbol (AFC).
En ese contexto de fragilidad política, el diario británico The Times publicó que Infantino habría ofrecido a Marruecos y a la Confederación Africana de Fútbol (CAF) que la final del Mundial 2030 se dispute en el futuro estadio Hassan II de Casablanca, con capacidad para 115.000 espectadores, a cambio del respaldo de las 54 federaciones del continente en las elecciones presidenciales previstas para marzo de 2027 en Rabat. Un portavoz del organismo respondió con un comunicado: «Es falso y engañoso afirmar que el presidente de la FIFA ha hecho alguna promesa en relación con la final de la Copa Mundial 2030».
El plan de privatización que desató la tormenta
La propuesta de constituir la FFE para explotar comercialmente las Copas del Mundo fue el detonante de la crisis. La filial, valorada en unos 20.000 millones de dólares, cedería el 20% de su capital a fondos de inversión privados a cambio de aproximadamente 4.200 millones. La oposición creció cuando trascendió que entre los inversores potenciales figuraba Thrive Capital, fundada por Josh Kushner, cuyo hermano Jared es yerno del presidente de Estados Unidos, Donald Trump. La UEFA anunció a finales de julio un boicot a la FIFA: sus equipos y selecciones nacionales no participarían en las competiciones del organismo si el plan seguía adelante.
Las críticas llegaron también desde el interior de la FIFA. El director de desarrollo global del fútbol, Arsène Wenger, calificó de «absolutamente necesario e incuestionable» retirar el proyecto. El secretario general, Mattias Grafström, describió los acontecimientos como «una serie de sucesos tristes y censurables» en un correo interno. Infantino retiró la iniciativa, pero el daño político ya estaba hecho. Cinco grandes ligas europeas emitieron además un comunicado rechazando la ampliación del Mundial a 64 equipos, otra de las reformas que el suizo impulsaba.
Marruecos y la aritmética de los votos
La elección de Marruecos como escenario de la reunión de crisis no es casual. El país magrebí es uno de los aliados más sólidos de Infantino desde su llegada a la presidencia de la FIFA hace una década, y alberga la oficina del organismo para África. En las próximas elecciones de 2027, los 211 votos de las confederaciones se distribuyen así: UEFA cuenta con 55, la CAF con 54, la AFC con 46, la Concacaf con 35, la Confederación de Oceanía (OFC) con 11 y la Confederación Sudamericana de Fútbol (Conmebol) con diez. El apoyo africano es, por tanto, imprescindible para cualquier candidato a presidir el organismo.
Infantino viajó la semana pasada a Marruecos para los actos del Día del Trono y declaró allí que el Mundial de 2030 «será el mejor porque se celebrará en el país más hermoso de todos». Las palabras, pronunciadas mientras miles de migrantes marroquíes cruzaban la frontera española por Ceuta, generaron malestar en Madrid. La CAF, pese a las tensiones internas del organismo, es una de las confederaciones que ya respaldan al suizo; su apoyo formal en Rabat reforzó a Infantino incluso tras el fracaso de la FFE. «La decisión del presidente de la FIFA refleja su visión de priorizar la unidad y la cohesión entre las asociaciones miembro», señaló en un comunicado la Federación de Fútbol de Marruecos.
La RFEF en silencio, Sumar pide revisar el acuerdo
La Real Federación Española de Fútbol (RFEF), que junto a Portugal y Marruecos coorganiza el torneo de 2030, no ha emitido ninguna declaración pública sobre la situación de Infantino. El presidente federativo, Rafa Louzán, había asegurado en enero que la final se disputaría en España y que el Santiago Bernabéu era la opción favorita. Ningún dirigente de la institución española ha repetido esa afirmación desde que se intensificó la crisis interna de la FIFA y se conoció el contenido del artículo de The Times. El silencio contrasta con la postura de federaciones como las de Inglaterra, Finlandia, Suecia o Serbia, que sí han expresado públicamente su oposición a la continuidad de Infantino.
El grupo parlamentario Sumar registró el miércoles en el Congreso de los Diputados una proposición no de ley para que el Gobierno revise el acuerdo de coorganización con Marruecos. La coalición de izquierdas argumentó que «la cooperación migratoria no puede funcionar como una llave que se abre o se cierra en función de intereses diplomáticos», en alusión a los 72.000 migrantes que han atravesado la frontera española por Ceuta. La presión política sobre el acuerdo mundialista se suma así a la crisis institucional en el seno de la FIFA, que deberá resolver en los próximos meses tanto la sede de la final como el reparto de las 20 sedes previstas entre los tres países coorganizadores.