Opinión a la luz de lo ocurrido en Ceuta

05 août 2026 - 06:17

Mohamed Belfkih

En la misma medida en que una profunda tristeza embargó a los marroquíes fieles a su patria, los enemigos del Reino Jerifiano, tanto dentro como fuera del país, exultaron al ver a multitudes de marroquíes —en su mayoría adolescentes y niños— aparecer en las cadenas de televisión y en las redes sociales de todo el mundo. Se regocijaron al contemplar la confusión que se apoderó de las autoridades de la ocupación española, incapaces de controlar la situación y de contener las oleadas humanas que irrumpieron en la Ceuta ocupada. Se afanaron en destacar las imágenes de miseria y pobreza, mientras la potencia colonial se esforzaba, por su parte, en producir imágenes destinadas ya fuera a solicitar fondos a sus aliados europeos o a utilizarlas como instrumento de presión o de chantaje, según las circunstancias.

Intentaron explicar estos acontecimientos por la pobreza y el deterioro de las condiciones sociales de quienes emprendieron la emigración a través de esta ciudad ocupada. También trataron, en vano, de poner en duda la credibilidad del discurso oficial del Estado marroquí y de presentar a sus instituciones como incapaces de controlar y garantizar la seguridad de sus fronteras.

Buscaron demonizar a Marruecos y presentar a España como una víctima, cuando en realidad sigue siendo una potencia colonial que se niega a renunciar a sus posesiones y se obstina en conservar enclaves y peñones cuyo único interés radica en utilizarlos como instrumentos de presión contra el Reino.

Sin embargo, más allá de las imágenes en las que los enemigos del Reino concentraron toda su atención, existen otras escenas que merecen ser analizadas por el significado que encierran y por la importancia que tienen para comprender el conjunto de lo que realmente sucedió.

Primera imagen

La primera de esas imágenes es que una de las principales fuentes de la fortaleza y capacidad del Reino reside en sus ciudadanos y en la estructura joven de su población. Las autoridades coloniales españolas conocen perfectamente la importancia de esa fuerza, que han experimentado en diferentes momentos de la historia, desde la conquista de Al-Ándalus hasta la gloriosa Marcha Verde. Mucho antes, los españoles ya habían comprobado el valor de los marroquíes a través de numerosas gestas, entre ellas la batalla de Annual.

Entre los jóvenes que se dirigieron hacia el enclave ocupado había, ciertamente, personas cuya apariencia reflejaba las dificultades de la vida y la pobreza. Pero junto a ellas también había numerosos jóvenes, hombres y mujeres, cuya situación económica era manifiestamente desahogada y que pertenecían a las clases medias y acomodadas. Es más, algunos casos demostraron que varios de ellos disponían efectivamente de un visado que les permitía entrar legalmente en territorio español, pero habían decidido ocultarlo deliberadamente por razones jurídicas.

Esta realidad confirma un principio general de la migración a escala mundial. En efecto, los estudios contemporáneos sobre migración y desarrollo han superado desde hace años la hipótesis clásica según la cual la pobreza constituye la única causa de la emigración. Demuestran que la relación entre desarrollo y migración es compleja y no lineal. Las primeras etapas del desarrollo suelen provocar un aumento de los flujos migratorios en lugar de reducirlos, ya que la mejora del nivel educativo, el mayor acceso a la información y el incremento de las aspiraciones personales ofrecen a las personas los medios para plantearse un proyecto migratorio.

Por ello, un número importante de migrantes no pertenece a los sectores más pobres de la población, sino a las clases medias y acomodadas, que disponen de los recursos materiales y humanos necesarios para asumir los costes del desplazamiento y buscar nuevas oportunidades.

Desde esta perspectiva, interpretar los acontecimientos de la migración masiva únicamente desde el prisma de la pobreza supone reducir en exceso un fenómeno mucho más complejo y ocultar sus dimensiones psicológicas, sociales y culturales. Una lectura de este tipo ignora igualmente la influencia de las redes sociales, la construcción de la imagen mental del «paraíso europeo» y el peso del grupo en la toma de decisiones, factores que hoy constituyen algunos de los principales determinantes de los movimientos migratorios en todo el mundo.

El hecho de que la migración no esté ligada exclusivamente a la pobreza queda igualmente confirmado por otro fenómeno al que se enfrenta Marruecos: lo que se conoce como la fuga de cerebros. Esta no puede ser considerada en modo alguno una migración de la pobreza. Afecta a miles de titulados universitarios y de escuelas superiores, entre ellos médicos, ingenieros y profesionales de alta cualificación científica, así como a un gran número de trabajadores cualificados y artesanos especializados, que optan por emigrar no por necesidad o indigencia, sino por el deseo de cambiar, renovarse y hacer realidad sus aspiraciones personales. Nadie puede sostener seriamente que los médicos abandonan Marruecos a causa de la pobreza o por la ausencia de oportunidades laborales. Lo mismo puede decirse de los trabajadores cualificados y de los artesanos especializados.

Segunda imagen

La segunda imagen es que los marroquíes representan cerca del cincuenta por ciento de la población de Ceuta. La reciente oleada de llegadas habría elevado su proporción a más de las tres cuartas partes del total de la población. Para las autoridades coloniales españolas, una evolución de este tipo habría modificado la propia identidad de la ciudad al afectar uno de los principales pilares sobre los que esta se sustenta: su estructura demográfica. Ello resulta aún más significativo cuando esa identidad descansa esencialmente sobre ese único fundamento que dichas autoridades se esfuerzan por preservar, mientras que los demás fundamentos, en particular la tierra y la geografía, les son ajenos. Porque Ceuta no es una prolongación de Europa; forma parte integrante del territorio del Reino de Marruecos, situado geográficamente en el continente africano.

Tercera imagen

La tercera imagen es la del regreso. La prensa internacional recogió los testimonios de jóvenes marroquíes, hombres y mujeres, que expresaron su sorpresa ante lo que descubrieron en la Ceuta ocupada. Declararon sin rodeos que soñaban con otro paraíso y que no encontraron nada de lo que habían imaginado. La acogida que se les había prometido no fue más que una sucesión de reacciones marcadas por el racismo, ampliamente extendido dentro de la sociedad española. En cuanto a la asistencia que recibieron, esta provino fundamentalmente de algunas familias marroquíes de Ceuta, que les brindaron la hospitalidad y la generosidad características del pueblo marroquí. Lo único que vislumbraron en el horizonte fueron noticias sobre el inicio de la aplicación del principio de prioridad nacional en el acceso a los servicios públicos. Todos coincidieron en que la Ceuta con la que habían soñado no era la ciudad en la que realmente habían entrado. Así despertaron de la ilusión alimentada por la propaganda que presenta a Europa como un paraíso, para descubrir una realidad miserable y un futuro incierto.

Cuarta imagen

La cuarta imagen es la de aquellas escenas cuyo alcance algunos conspiradores intentaron minimizar. Se trata de las celebraciones de una efeméride profundamente arraigada en el corazón de los marroquíes, conmemorada por hombres y mujeres, jóvenes y mayores, en todos los rincones del Reino, de norte a sur y de este a oeste. Son las imágenes de otra forma de migración: una peregrinación hacia la residencia de Su Majestad el Rey en M’diq, adonde acudieron multitudes con el deseo de contemplar la augusta figura del Soberano. En el discurso pronunciado con motivo de esta celebración, Su Majestad afirmó que no puede sentir tranquilidad ni satisfacción por el desarrollo y los logros alcanzados mientras sus frutos no se reflejen de manera concreta en la vida de las ciudadanas y los ciudadanos. El Rey no cesa de infundir confianza en el futuro del país y en la capacidad del Reino, gracias a la unión entre el Trono y el pueblo, para afrontar y superar los desafíos.

Quinta imagen

La quinta imagen es la que puso de manifiesto las contradicciones en las posiciones de algunos países vecinos. Mientras que durante décadas afirmaron apoyar a los pueblos en su lucha por la libertad y la liberación, terminaron mostrándose como defensores del colonialismo español. La propia España aparece atrapada en una evidente contradicción: por un lado, afirma respaldar a Palestina y a Ucrania; por otro, continúa practicando una de las expresiones más evidentes del colonialismo en Ceuta, Melilla y el resto de los enclaves marroquíes. Más aún, sigue maniobrando contra la integridad territorial del Reino y no duda en actuar a través de algunos de sus instrumentos políticos para alentar las tesis separatistas, al mismo tiempo que se mostró dispuesta a reprimir con la máxima firmeza cualquier intento de independencia de Cataluña.

Sexta imagen

La sexta imagen es la que refleja las preocupaciones cotidianas de los cuarenta millones de marroquíes. Algunos han elegido pasar sus vacaciones en las playas del Reino, que se extiende a lo largo de dos amplias fachadas marítimas. Otros celebran una boda o están eligiendo el itinerario universitario que mejor se adapta a sus aspiraciones. Otros continúan desempeñando su trabajo mientras esperan la llegada de sus vacaciones de verano, crean su empresa o construyen su vivienda. Todos se desplazan entre ciudades y pueblos por autopistas, carreteras, trenes o aviones. Frecuentan los mercados y los servicios públicos para atender sus necesidades diarias, a la espera de un nuevo curso escolar, social y político en el que el conjunto del pueblo marroquí seguirá movilizando todas sus energías, impulsado por una juventud competente y dinámica. Así se confirma el viejo proverbio que dice: «La caravana sigue su camino mientras los perros ladran».

Por ello, quienes imaginan a Marruecos como un edificio próximo a derrumbarse deberían reconsiderar las intenciones que alimentan semejante visión y comprender que el Rey y el pueblo han forjado juntos la historia y la grandeza de esta nación. Gracias a esa unión, mantenida a lo largo de los siglos, han hecho del Reino de Marruecos una de las monarquías más antiguas del mundo.

Mohammed Belfkih es presidente del Centro Euromediterráneo de la Cultura y la Convivencia

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