España-Argentina, la final que el sionista Milei prefiere ver de lejos

18 juillet 2026 - 09:49

 En el palco del MetLife Stadium coincidirán Felipe VI, la reina Letizia, sus dos hijas y Pedro Sánchez. Nunca antes la Familia Real española al completo había ocupado un palco de fútbol, y el propio presidente español confirmó su presencia. A miles de kilómetros, Javier Milei verá el partido por televisión desde Buenos Aires. La ausencia no responde a una cuestión de agenda. Confirma un patrón que repite desde que llegó al poder: atacar a Sánchez con dureza sin exponerse jamás a encontrarlo cara a cara. Milei encarna la versión libertaria de la nueva derecha radical, la familia de los Trump, Bukele, Orban y Abascal, y ve en Sánchez todo lo que combate, el Estado de bienestar, el multilateralismo, una izquierda que desprecia. Insultarlo desde la distancia alimenta a su electorado. Compartir palco con él, en cambio, no le conviene.

 

Milei denigra al dirigente español desde que llegó a la Casa Rosada, y cada episodio ha subido el tono. En mayo de 2024 llamó «corrupta» a Begoña Gómez y acusó a Sánchez de encubrir a su esposa en un acto de la ultraderecha en Madrid, lo que llevó a España a retirar a su embajadora durante meses. En 2025 lo tildó de «bandido». Este marzo, en el Madrid Economic Forum, lo calificó de «impresentable» y responsabilizó a los socialistas de frenar el crecimiento europeo. El PSOE denunció los ataques como una ofensiva contra la democracia española, sin que llegara nunca la disculpa exigida. Ha viajado a España cinco veces desde 2023, siempre a foros ultraliberales o para verse con Vox, sin encontrarse nunca con el Gobierno ni con la Casa Real. Aterriza, insulta desde un escenario amigo y despega sin cruzarse con nadie del Ejecutivo oficial. El domingo repite la fórmula, evitando así mirar a Sánchez a los ojos.

 

La distancia con Sánchez contrasta con la cercanía que Milei cultiva en otras direcciones. El primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, reveló hace una semana que sigue a la selección argentina en el Mundial, y aclaró que el motivo es el propio Milei, a quien calificó de «gran amigo de Israel». El pasado abril, durante una visita de Estado del argentino a Israel, ambos firmaron los llamados Acuerdos Isaac, un marco de cooperación bilateral construido sobre la idea de una tradición judeocristiana compartida. Netanyahu llegó a describir al histriónico libertario como una superestrella y como «jabadnik», término que designa a los simpatizantes del movimiento judío ultraortodoxo Jabad Lubavitch y que sugiere una afinidad que va más allá de lo diplomático. El eje que forman Milei, Netanyahu y Donald Trump se beneficia de la repercusión del Mundial, sin que el argentino necesite arriesgarse a coincidir con el presidente de España.

 

El propio torneo alimenta las dudas sobre si este eje iliberal también opera dentro del césped. Una llamada de Trump a Gianni Infantino bastó para que la FIFA revirtiera una tarjeta roja al goleador estadounidense Folarin Balogun, una decisión que la UEFA calificó de «incomprensible». Varios medios internacionales han dado cuenta de una supuesta investigación del FBI sobre un presunto blanqueo de dinero en la cúpula de la Asociación del Fútbol Argentino. La FIFA había prohibido expresamente cualquier referencia a Malvinas antes de la semifinal ante Inglaterra y desplegó el mayor operativo de seguridad de todo el torneo para impedirlo. Los jugadores argentinos sacaron la bandera de todos modos. «Y siempre serán argentinas», resumió el centrocampista y capitán del Boca Juniors, Leandro Paredes, sin que llegara a materializarse la anunciada sanción.

España encara la final como símbolo de otra cosa. El Gobierno de Sánchez reconoció el Estado palestino en 2024, se ha negado a ceder bases militares para operaciones bélicas en Oriente Próximo y mantiene una de las posturas más críticas de Europa frente a la ofensiva israelí en Gaza, apelando al derecho internacional y al multilateralismo frente a la lógica de bloques que defiende Trump y Cía. Ese perfil ha convertido a la selección de Luis de la Fuente en un símbolo inesperado en el mundo árabe. El digital marroquí Alyaoum24 lanzó una campaña para animar a La Roja bajo el lema «¡Viva España, viva Palestina!», invocando precisamente esa coherencia de Madrid en política exterior. En la propia Franja se ha celebrado cada victoria española ondeando juntas ambas banderas, y el gesto de Lamine Yamal exhibiendo el emblema palestino tras ganar la Liga sigue generando ecos diplomáticos, incluida la crítica pública del propio ministro de Defensa israelí.

 

El domingo se juega más que un partido de fútbol. Milei lo verá por televisión, fiel al patrón que mantiene con Sánchez desde 2023, viajes a España sin pisar Moncloa ni Zarzuela, ataques lanzados desde un escenario amigo. Esa cobardía convive con el vínculo que cultiva con Netanyahu, sellado en los Acuerdos Isaac y en el trato de jabadnik. El primer ministro israelí afronta una orden de detención de la CPI por crímenes de guerra, sin enfriar el afecto del argentino. Ambos gestos retratan al mismo personaje, el sionista de la nueva derecha radical. Ni el favor que la FIFA le hizo a Balogun ni la censura fallida sobre Malvinas alteran lo que se ve en el palco del MetLife. Ahí está Sánchez, con la Familia Real al completo, dando la cara. España juega la final en el lado correcto de la historia. Independientemente del resultado, Milei ya la perdió sin pisar el campo.

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