El Gobierno de Pedro Sánchez recibió con satisfacción el alto el fuego de dos semanas acordado entre Estados Unidos e Irán, mediado por Pakistán tras 40 días de conflicto, pero mantuvo sus reservas sobre Trump y reclamó que el cese incluya al Líbano, donde Israel continúa sus operaciones. Sánchez firmó además el comunicado conjunto de los principales líderes europeos para garantizar la libertad de navegación en el Estrecho de Ormuz, en un desplazamiento respecto a su posición anterior.
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, calificó este miércoles de «buena noticia» el alto el fuego de dos semanas acordado entre Estados Unidos e Irán, anunciado por Donald Trump la noche del martes justo antes de que venciera su ultimátum sobre Teherán. La tregua fue posible gracias a la mediación de Pakistán y abre una fase negociadora cuya primera reunión está prevista para el 10 de abril en Islamabad. Irán se comprometió a reabrir el Estrecho de Ormuz en el marco del acuerdo, aunque de manera coordinada con sus propias fuerzas armadas durante el periodo pactado.
Sánchez publicó su reacción en la red social X sin renunciar a la crítica hacia los impulsores del conflicto. «Los altos al fuego siempre son una buena noticia», escribió, pero advirtió que el alivio momentáneo «no puede hacernos olvidar el caos, la destrucción y las vidas perdidas». El presidente fue explícito sobre la postura española: el Gobierno «no aplaudirá a quienes incendian el mundo porque se presenten con un cubo», en referencia implícita a la Administración Trump. El Ibex 35 avanzó cerca del 4% tras el anuncio y el precio del barril de petróleo cedió un 19%.
Albares: «un día de esperanza» con prudencia
El ministro de Asuntos Exteriores, José Manuel Albares, recibió la noticia con alivio pero sin euforia en una entrevista en Radio Nacional de España (RNE). «Hemos rozado la catástrofe como humanidad», afirmó el jefe de la diplomacia española, que describió el anuncio como el momento en que «por fin ha llegado algo parecido a una luz» después de cuarenta días de conflicto. Albares subrayó los esfuerzos mediadores de Pakistán y anunció que había llamado personalmente al canciller pakistaní para agradecerle su labor y explorar cómo España puede contribuir al proceso negociador.
El optimismo tiene un límite. Albares identificó lo que describió como la «primera divergencia» del proceso: Irán exige que Líbano forme parte del acuerdo de paz, mientras que Israel lo rechaza. España respaldó la postura iraní en ese punto. En cuanto a la posible participación española en operaciones para asegurar el Estrecho de Ormuz, el ministro fue taxativo: mientras persistan las hostilidades, España no intervendrá en ninguna iniciativa de ese tipo. Solo si cesan los ataques, se reabre el paso y las Naciones Unidas (ONU) se involucran, el Ejecutivo estudiaría alguna forma de contribución a la vigilancia del canal estratégico, aunque Albares calificó esa hipótesis de «muy alejada de la realidad actual».
Robles exige el cese también en Líbano
La ministra de Defensa, Margarita Robles, centró su intervención del día en la condición que el Gobierno considera irrenunciable. «No puede aceptar la comunidad internacional que haya una excepción», advirtió tras reunirse en Madrid con el embajador libanés, Hani Chemaitelly, para trasladarle la solidaridad de España con el pueblo del Líbano. Robles calificó el acuerdo de «un día muy especial», pero condicionó ese alivio a que el alto el fuego se extienda al Líbano, donde Israel continúa su ofensiva pese a la tregua acordada entre Washington y Teherán.
El Ejército israelí confirmó este miércoles que sus operaciones en el Líbano continúan al margen del acuerdo y reiteró órdenes de evacuación para la población del sur del país. La postura de Tel Aviv complica la posición española, que mantiene cerca de 650 soldados desplegados en la Fuerza Provisional de las Naciones Unidas en el Líbano (FINUL). Robles también denunció que «la guerra de Estados Unidos e Israel en Irán vulnera el derecho internacional» y reafirmó el compromiso de continuidad de la presencia española en la misión de paz, cuyo mandato concluye a finales de año.
El comunicado europeo y el giro sobre Ormuz
La jornada deparó también un movimiento significativo en la postura española respecto al Estrecho de Ormuz. Horas después de publicar sus primeras reacciones a la tregua, Sánchez firmó un comunicado conjunto con los principales líderes europeos y canadienses en el que los signatarios se comprometieron a contribuir a garantizar la libertad de navegación en el paso estratégico. El documento, suscrito también por los primeros ministros de Reino Unido, Alemania, Italia, Francia, Dinamarca, Países Bajos y Canadá, celebra el alto el fuego y pide transformarlo en un acuerdo definitivo.
«Nuestros Gobiernos contribuirán a garantizar la libertad de navegación en el estrecho de Ormuz», señala el texto, que no concreta los medios militares o civiles destinados a la misión. Los firmantes lanzaron también un llamamiento a que todas las partes respeten «también en el Líbano» el cese de hostilidades, en referencia directa a Israel. La declaración contrasta con la posición española de las semanas precedentes: España había quedado fuera de la reunión multilateral organizada por el primer ministro británico, Keir Starmer, para coordinar la respuesta internacional al bloqueo de Ormuz.
El Estrecho, cuyo tráfico cayó un 95% durante los 40 días de conflicto según la empresa de seguimiento marítimo Kpler, registró este miércoles los primeros indicios de reapertura: dos buques cruzaron el canal desde el puerto iraní de Bandar Abás. Pese a ello, la fragilidad de la situación permaneció visible: el vicepresidente estadounidense, J.D. Vance, calificó el acuerdo de «tregua frágil» y advirtió de posiciones internas divergentes dentro del régimen iraní. El Ejecutivo español mantiene en marcha el diseño de un segundo paquete de medidas anticrisis en previsión de que las negociaciones de Islamabad no lleguen a buen término.