Discreto, aficionado al tenis y defensor de los migrantes, el primer papa estadounidense ha endurecido progresivamente su discurso frente a Donald Trump y la guerra contra Irán, marcando un giro inesperado en su primer año al frente de la Iglesia católica.
Hace exactamente un año, el estadounidense León XIV aparecía en el balcón de la basílica de San Pedro convertido en el primer papa nacido en Estados Unidos. Un pontífice discreto, reservado y de perfil moderado que prometía continuidad pastoral tras el intenso y turbulento pontificado de Francisco.
Doce meses después, el Vaticano se encuentra ante un escenario muy distinto: el choque abierto entre León XIV y Donald Trump ha terminado eclipsando gran parte de un pontificado marcado inicialmente por la prudencia, la escucha y la voluntad de rebajar tensiones dentro de la Iglesia.
El antiguo Robert Francis Prevost, nacido en Chicago y nacionalizado peruano tras dos décadas de misión en América Latina, llegó al trono de San Pedro con un estilo radicalmente distinto al de Francisco. Habla poco, improvisa menos y prefiere medir cuidadosamente cada gesto y cada palabra.
Sin embargo, la escalada bélica en Oriente Medio y las crecientes tensiones con Washington lo han empujado progresivamente fuera de esa zona de confort diplomática.
En los últimos meses, León XIV ha condenado abiertamente la ofensiva militar estadounidense e israelí contra Irán y calificó de «inaceptables» las amenazas de Trump contra la República Islámica. La Casa Blanca respondió con dureza, acusando al pontífice de debilidad e incompetencia en política exterior.
La confrontación marcó un punto de inflexión en el pontificado. Hasta entonces, el Papa había delegado muchas críticas políticas en la jerarquía católica estadounidense, especialmente en cuestiones migratorias y sociales. Pero la radicalización del discurso internacional terminó llevándolo a intervenir directamente.
Aun así, León XIV evita la lógica del enfrentamiento permanente. Desde el Vaticano insisten en que el pontífice no quiere actuar como representante político de Estados Unidos, sino como líder espiritual universal.
Ese equilibrio entre firmeza moral y moderación diplomática define hoy su imagen internacional.
En el plano interno, el Papa ha intentado recomponer una Iglesia profundamente fragmentada entre corrientes progresistas y tradicionalistas. Recuperó ciertos símbolos clásicos abandonados por Francisco —como la ‘mozzetta’ roja o la residencia papal de Castel Gandolfo— mientras abría espacios de diálogo más amplios con cardenales y sectores conservadores.
La reapertura parcial de las misas en latín en la basílica de San Pedro fue interpretada como un gesto hacia los tradicionalistas, aunque sin romper con las reformas impulsadas por Francisco.
En paralelo, León XIV ha situado la justicia social en el centro de su agenda. Sus discursos denuncian regularmente las desigualdades económicas, la corrupción política y los riesgos éticos de la inteligencia artificial.
En su texto más importante hasta ahora, «Dilexi Te», el pontífice coloca la lucha contra la pobreza como eje prioritario de la misión de la Iglesia.
También mantiene una línea firme en defensa de los migrantes, uno de los legados más visibles de Francisco. Este verano tiene previsto visitar Canarias y Lampedusa, dos enclaves emblemáticos de las rutas migratorias mediterráneas y atlánticas.
Fuera del protocolo vaticano, León XIV cultiva además una imagen sorprendentemente cercana. Fanático del tenis, aficionado a la natación y seguidor declarado de los Chicago White Sox, el Papa continúa jugando al Wordle diariamente con su hermano y lleva incluso un reloj inteligente bajo la sotana.
A sus 70 años, y con una salud aparentemente sólida, el pontífice parece decidido a avanzar sin precipitación. Los analistas coinciden en que León XIV todavía está construyendo su verdadero perfil histórico.
Pero el primer año de pontificado deja ya una certeza: el Papa moderado y silencioso que llegó desde Chicago ha comenzado a transformarse en una de las voces morales más incómodas para la nueva Casa Blanca.