Venezuela no es el único objetivo de un Trump empoderado y falto de contención

08 janvier 2026 - 18:35

Tras la operación desplegada y las decisiones anunciadas por Estados Unidos queda claro que la lógica del gobierno Trump es aquella de ‘el fin justifica los medios’. Y el fin no es la democracia y la libertad de Venezuela. Trump le está diciendo a sus bases que está cumplimiento su promesa y actúa en Venezuela para asegurar el orden y la seguridad interna de Estados Unidos y, además, que obtendrá beneficios materiales por hacerlo pensando en ‘Estados Unidos Primero’. Entre tanto, le dice al mundo que este es su hemisferio y su primacía está fuera de discusión.

Mauricio Meschoulam, internacionalista y profesor del departamento de Estudios Internacionales de la Universidad Iberoamericana de México, analizaba a fines de noviembre los escenarios posibles para Venezuela a partir de los patrones que ha mostrado el presidente Trump en el tiempo, tanto en su primer mandato como durante 2025 tras su regreso a la Casa Blanca.

Meschoulam advertía en noviembre la impredecibilidad del mandatario que usualmente abre un amplio margen de posibilidades, hipótesis y escenarios: “con él, siempre cabe esperar cualquier cosa”. De todas formas, su comportamiento y patrones de conducta le permitían a Meschoulam hacer algunas inferencias.

En primera instancia, el enorme despliegue naval estadounidense próximo a Venezuela sugería que Washington, más que disuadir, sí lanzaría ataques sobre Venezuela. En ese sentido, los ataques serían de fuerza considerable, pero de duración limitada, “buscando elevar la presión sobre Maduro con el objetivo final de negociar bajo términos que el propio Trump juzgue favorables”.

Otro escenario posible era la negociación, forzada por la presión americana, entre Washington y Caracas y que podría derivar en un acuerdo que a Trump le satisficiera y esto podía ser desde un plazo para que Maduro dejase el poder hasta concesiones que le asegurasen a Trump la primacía de Estados Unidos en el acceso a recursos venezolanos frente a sus rivales estratégicos, incluso facilitando que Maduro continuase en el poder.

Si la presión sobre Maduro no rendía los resultados esperados, Trump podría enfrentarse a dos caminos: “o escalar aún más las operaciones militares, o simplemente presentar los hechos como una victoria”.

El experto observó, semanas atrás, que el escenario a materializarse sería el resultado de la personalidad y las decisiones de Trump, pero también de la discusión interna con su círculo más cercano y con el Pentágono.

Transcurrido casi un mes y medio de ese análisis prospectivo, las acciones de Washington, al menos en su primera fase, ya han tenido lugar en Venezuela y a Meschoulam le asistía razón.

Ahora el académico analiza los hechos recientes y destaca que “Trump no trabaja para María Corina Machado, no trabaja para cualquier otra de las oposiciones en Venezuela, no trabaja por la democracia o por los derechos humanos, trabaja para sí mismo”. Observa lo que está sucediendo y lo que vendrá en Venezuela, así como los efectos de derrame de esta operación.

Lo primero es la confirmación del declive del orden de arreglos e instituciones internacionales que, “si no resolvían todo, cuando menos limitaban o contenían la conducta de los Estados-Nación”. Dicho declive y desmantelamiento también tiene que ver con la “ineficacia de instituciones multilaterales” que se ha hecho creciente a la hora de dirimir conflictos.

En segunda instancia, el uso de la fuerza: la posesión, la determinación para usarla y su despliegue, pareciera que deviene en la única garantía de la seguridad propia o el interés nacional. “Esto, naturalmente, además de carreras armamentistas, está llevando a muchos de ellos a competir y chocar por rutas, recursos, espacios geográficos, influencia y poder, lo que también implica la disposición de esos estados a retar al derecho internacional cada vez que lo consideren pertinente”.

Un tercer elemento que juega aquí es que Trump está cada vez más “empoderado” y falto de contención. Venezuela es “apenas un eslabón de una larga cadena que inicia antes y que podría continuar con acciones en otros sitios”, plantea el profesor.

El experto recuerda a Bannon, exasesor de Trump, quien dijo que en esta edición Donald Trump vendría “en modo de guerra total” porque sintió que fue demasiado débil en su gestión previa. Es decir que en su segundo mandato estaría rodeado de actores que apoyen sus objetivos y sus medios para alcanzarlos. “Trump está operando prácticamente sin contrapesos internos tanto para política doméstica, como para política exterior, y cada vez que sus medidas o acciones son percibidas por él, por su círculo y por su base como eficaces, ello le da más razón de seguir actuando con fuerza”.

El académico subraya que, en su primera gestión, el presidente Trump ya quiso atacar o ‘invadir’ Venezuela y su círculo cercano lo detuvo. “Su percepción, sin embargo, fue que Washington actuó de manera muy débil para apoyar a Guaidó cuando éste se declaró ‘presidente legítimo’”. Maduro sobrevivió con apoyo de Rusia, Irán y China y continuó operando con hostilidad y en contra de los intereses de Estados Unidos y de sus aliados. “El tema Venezuela, por tanto, era ya un pendiente en la agenda de Trump” y también para su secretario de Estado y asesor de seguridad nacional Marco Rubio.

La acción de Trump no debería llamar a engaños: “Trump no trabaja para María Corina Machado, no trabaja para cualquier otra de las oposiciones en Venezuela, no trabaja por la democracia o por los derechos humanos (solo basta echar un vistazo a sus alianzas, cooperación y negocios con líderes y gobiernos de países antidemocráticos o con amplios récords de violaciones a derechos humanos). Trump, por supuesto, tampoco trabaja a favor del orden legal internacional. Trump trabaja para sí mismo y hace lo que considera necesario que tiene que hacer para favorecer su agenda y los intereses que él percibe que son mejores para su país basado en la doctrina de America First o Estados Unidos Primero”.

Teniendo esa incontestable realidad como telón de fondo, las discusiones y los posicionamientos sobre la legalidad de la operación y la moralidad de su acción son cuestiones marginales. Los Estados, gobiernos y/o jefes de Estado no toman decisiones atendiendo a criterios morales y con Trump, entre otros mandatarios, eso ha quedado claro. “No se está pensando qué es lo correcto o incorrecto, o qué puede favorecer más al pueblo venezolano”.

Meschoulam abunda en su análisis y explica que, pensando únicamente en los intereses estadounidense, Maduro era un obstáculo y, por tanto, la decisión ha sido sacarlo o eliminarlo del camino y buscar actores que favorezcan sus intereses. Que sean democráticos o no es irrelevante o secundario. El análisis del experto permite inferir que la lógica de la administración Trump es aquella de ‘el fin justifica los medios’ y el fin no es la democracia o la libertad del país.

El fin o los fines y las metas de Trump son tres y no se excluyen, plantea el académico mexicano. Primero, en el plano interno, desea aparecer como el presidente que cumple sus promesas. Prometió orden, seguridad, lucha contra el crimen, el narcotráfico, la inmigración y las amenazas procedentes de Venezuela. Ataca embarcaciones, entra a Venezuela y saca a Maduro para cumplir con ese propósito. Segundo, la dimensión geopolítica. Trump tiene una visión del hemisferio en la que Estados Unidos debe ser la potencia dominante del continente y Venezuela, por sus relaciones con Rusia, China e Irán, es contraria a ese objetivo. Agrega el experto: “el mensaje va más allá de Venezuela. Se trata de un mensaje no solo de fuerza sino de determinación a usar esa fuerza incluso asumiendo los costos que ello implique”. “En esta competencia por espacios, rutas y recursos, Trump busca desplazar a las antiguas alianzas del chavismo y restablecer esta zona de influencia para Washington”, puntualiza. Tercero, la cuestión económica y de petróleo. Trump va a “reconstruir la infraestructura petrolera de Venezuela” para que las empresas estadounidenses puedan “recuperar todo lo que se les robó” y obtener más beneficios. “Los venezolanos se enriquecerán, dice Trump, pero solo cuando las empresas de Estados Unidos hayan recuperado esos recursos”.

Trump define sus marcos de acción sobre la marcha y para alcanzar sus fines aplica siempre tácticas de presión máxima, forzando el pacto posterior y sin consideraciones éticas, criterios morales o legales. En ese sentido, su apuesta de momento es pragmática, no busca “cambiar al régimen” por los efectos y “escenarios de descomposición que se podrían producir” y trabajará con el chavismo siempre que el régimen esté dispuesto a cooperar con sus objetivos y para ello continuará empleando tácticas de presión máxima y amenazas. “Se habla sí, de una transición a la democracia, pero ésta llegará dentro de un tiempo si lo que se está planteando funciona”.

Todavía está por verse la movilización del chavismo para asegurar su supervivencia y mantener los privilegios y la unidad, así como la intención y voluntad tanto del régimen como de sus fuerzas militares a cooperar con Washington. “Bajo un escenario de estabilización, podríamos prever la liberación de sanciones y la relajación del bloqueo marítimo y por tanto, algo de oxígeno para la sociedad venezolana. Pero es muy pronto para poder definirlo”, puntualiza el experto.

 

 

 

 

 

 

 

 

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