Sheinbaum: "Ningún hombre tiene derecho a vulnerar nuestro espacio personal"

06 novembre 2025 - 17:36

La presidenta de México, Claudia Sheinbaum, se ha referido a la situación de acoso que sufrió en las últimas horas. La presidenta caminaba por el centro de la capital mexicana y se dirigía a una reunión de Universidades e Instituciones de Educación Superior en las instalaciones de la Secretaría de Educación Pública (SEP). La mandataria decidió trasladarse a pie, hasta ese lugar, porque era la forma más rápida de llegar, toda vez que la SEP está a pocas calles del Palacio Nacional. En el trayecto un hombre se acercó y la tocó de manera inapropiada.

La presidenta Claudia Sheinbaum ha explicado que el agresor estaba “totalmente alcoholizado” y que también habría acosado a otras mujeres. Sheinbaum ha denunciado penalmente a su agresor. El acoso está tipificado como delito en la CDMX. Diputados del partido Morena se solidarizaron con la mandataria y condenaron el hecho en un comunicado.

El acosador fue arrestado en el Centro Histórico de la CDMX, en las horas siguientes al hecho acaecido este martes, e identificado como Uriel Rivera Martínez. Martínez se encuentra bajo custodia de la Fiscalía de Investigación de Delitos Sexuales. El delito por el cual será procesado es abuso sexual flagrante, según destaca la prensa mexicana siguiendo lo estipulado por el Código Penal para la Ciudad de México.

Un video grabado por las personas que se encontraban en el lugar de los hechos y con quienes interactuaba la presidenta da cuenta del momento en el que Martínez se le acerca por la espalda, la abraza o trataría de besarla e incluso le roza el pecho. La mandataria se desplazaba sin protección y fue el titular de la Dirección General de Ayudantía, Juan José Ramírez, quien intervino para alejar al agresor.

El periodista Julio Patán, en conversación con Clara Riveros, explica que la agresión y el abuso sexuales, pero en general la violencia contra las mujeres en México, es un fenómeno “brutal” y que corresponde a todos, como sociedad, entender que la presidenta ha sido víctima de acoso y agresión sexual y aunque ha fallado su esquema de protección, la realidad es innegable y, además, ahí están las cifras e indicadores que corroboran el nivel de violencia, agresión y abuso sexuales que enfrentan las mujeres en el país, por tanto, esta situación no debe ser minimizada.

Las mujeres mexicanas están expuestas en su cotidianidad a múltiples formas de violencia sexual. De hecho, según datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi), más del 70 % de las mexicanas mayores de 15 años han vivido al menos un tipo de violencia, como psicológica (52 %), física (35 %) o sexual (48 %) y, según una encuesta de 2024, el porcentaje de mujeres en México que han sufrido acoso sexual, manoseo, exhibicionismo o intento de violación es del 15,5 %, cinco veces mayor que el de los hombres, 3,2 %. A este respecto, tanto organizaciones de la sociedad civil como las autoridades estiman que hay un subregistro porque más del 90 % de casos no se denuncian.

La periodista y feminista mexicana, Laura Manzo, ha sido enfática al señalar que se debe entender lo sucedido “sin caer en los reflejos de una sociedad misógina”. La aproximación de Manzo es pertinente porque plantea que un periodista debe cuestionarlo todo, especialmente al poder y ello incluye a la presidenta, pero ser periodista también significa saber cuándo el cuestionamiento “reproduce la misma violencia que decimos denunciar”.  Y a este respecto no hay duda: “la presidenta Claudia Sheinbaum fue agredida sexualmente mientras caminaba del Palacio Nacional a la Secretaría de Educación Pública”.

Aquí no hubo un malentendido. Se trata de un delito que el Código Penal de la CDMX, en su artículo 179, sanciona. El hostigamiento sexual abarca una pena de uno a tres años de prisión y una multa de hasta 100 días de salario, que puede aumentar bajo unos criterios adicionales, según precisa la periodista en su análisis. Manzo plantea la problemática mexicana de fondo: “si esto le ha sucedido a la jefa de Estado, ¿qué queda para millones de mujeres en el país?”.

Debido a la polarización del país la situación sufrida por la mandataria ha pasado al campo de batalla política. Sus correligionarios han optado por la “indignación selectiva” mientras que algunos opositores minimizaron el hecho y han llegado a insinuar que fue un montaje, en un momento en el que el gobierno federal enfrenta cuestionamientos por su falta de respuesta oportuna a las solicitudes del alcalde de Uruapan, Carlos Manzo, quien fue asesinado el fin de semana pasado.

En este sentido, Laura Manzo plantea que “cuando un acto de violencia sexual se convierte en materia de disputa política, la víctima se vuelve objeto, no sujeto, y convertir el cuerpo de una mujer en argumento es otra forma de violencia”. Es decir, “el cuerpo de una mujer no puede usarse como distractor”.

La agresión no fue un hecho aislado sino la evidencia flagrante de la realidad que viven millones de mexicanas todos los días: “siete de cada 10 mujeres han sufrido algún tipo de violencia, según la encuesta nacional sobre dinámica de relaciones en los hogares del Inegi y, en el transporte público, el 96% ha sido víctima de acoso o agresión de acuerdo con ONU mujeres”, puntualiza la citada periodista mexicana. Manzo recuerda que la violencia y las agresiones sexuales contra las mujeres son una realidad cotidiana y los perpetradores pueden ser todos: el jefe, el vecino, un desconocido. Pero todo ello ocurre ante la incredulidad, minimización y banalización de muchos ciudadanos.

Una sociedad habituada a la agresión contra la mujer ha normalizado la violencia a tal punto que banaliza las múltiples formas de acoso y agresión sexuales. “Hay que entender, hay que educarse, hay que hacerse cargo de lo ocurrido con Sheinbaum. No puede convertirse en una anécdota, en una cortina de humo ni en pretexto para polarizar más al país. Es una advertencia para reconocer que el cuerpo de una mujer sigue siendo un territorio vulnerable incluso cuando ese cuerpo representa el más alto poder del Estado. Nombrar la agresión es el primer paso, lo que sigue es más difícil: construir un país donde ninguna mujer, presidenta o no, deba temer por su cuerpo”, analiza Manzo.

 

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