Amor y relaciones de pareja: “Juntos pero no revueltos”

27 septembre 2025 - 15:30

La frase no es nueva. Solía oírla en mi país de origen desde que era una niña, en contextos variados y con otras acepciones. Lo novedoso es que ha sido resignificada. Juntos sí, monogamia también, pero sin que ello implique renunciar a la vida y a la realización individuales. O, dicho de otra forma, alude a parejas que mantienen una relación afectiva, comprometida, formal y estable, compartiendo los aspectos positivos de un proyecto común en pareja, pero renunciado a la perspectiva sacrificial de las relaciones tradicionales y prescindiendo de la convivencia, salvaguardando la independencia, la identidad, los intereses personales y los espacios individuales. En inglés se le llama LAT: “Living Apart Together” o «Vivir Juntos pero Separados».  En lo personal le hallo sentido. Y le hallo sentido cada vez más. La convivencia y la rutina pueden matar una relación y pareciera, incluso, que convivencia devino en sinónimo de conflictividad.

¿Por qué apostar a una relación monógama, exclusiva, formal y comprometida cuando las tendencias parecen ir a contramano con la proliferación de vínculos poliamorosos, relaciones promiscuas e informales, sexo casual, grupal, además de las infidelidades que mantienen las relaciones tradicionales?

En principio, no creo que tenga que justificarlo con nadie o ante nadie. Una relación monógama, exclusiva, formal y comprometida es mi elección y preferencia individual. Implica madurez entre las partes y una negociación transparente respecto a los límites de una relación.

De entrada, se plantea que la monogamia es antinatural y que los animales a los que más nos parecemos, hembras y machos, solían aparearse y copular sin detenerse en cuestiones de monogamia y que esta ha sido más una cuestión de evolución y una estrategia de supervivencia.

Mi opinión: Somos humanos con capacidad de razonar y de evaluar que nos resulta menos inconveniente y con base en ello tomar decisiones racionales.

Por otra parte, puede ser que mantener relaciones paralelas sea desgastante a todos los niveles, desde manejar el tiempo o los celos, al aspecto económico y quizá la carga más pesada se de en términos emocionales. El poliamor es una posibilidad de la que alegremente decido prescindir. Encuentro mayor sentido y gratificación en un vínculo de exclusividad y compromiso frente a la novedad que suponen las relaciones múltiples, casuales, paralelas o poliamorosas.

La otra cuestión determinante que me lleva a declinar tendencias como el sexo casual y grupal y, más bien, a inclinarme por una relación monógama y exclusiva tiene que ver con las enfermedades de transmisión sexual y con la inmadurez e irresponsabilidad sexual.

Me sorprende la forma en que las personas viven actualmente su sexualidad.

Es increíble como las enfermedades de transmisión sexual no se perciben o han dejado de percibirse como un factor de riesgo para la vida, la integridad y el bienestar individual.

Me he visto en medio de discusiones desgastantes, que no tendrían que suceder, pero todavía hay quienes desafían el sentido común y muchas personas desmerecen la necesidad del uso de protección sexual en sus encuentros íntimos con juicios delirantes como, por ejemplo, que el uso de protección corta la “espontaneidad”, tal y como revela un artículo reciente de este diario.

A mi juicio estas posiciones arruinan cualquier interés o deseo sexual. Un ciudadano debe mostrar madurez sexual.

¿Por qué irse a la cama en compañía de una persona infantil e inmadura que es incapaz de medir los riesgos, para su vida, del sexo sin protección?

Elegir estar juntos y vivir separados

Hace unos días encontré una nota de la BBC en la que una australiana, que vive en Reino Unido, hablaba de que ha vivido separada física y geográficamente de su esposo durante los últimos 15 años. Es decir, ella vive en Reino Unido y él en Australia. “A pesar de la distancia y el tiempo entre visitas, dicen que siguen siendo una pareja fiel y feliz”. Se ven poco, una vez al año e incluso cada año y medio. Las distancias son grandes y las responsabilidades de ambos también.

Ella ha logrado avanzar en su carrera, conocer amistades, tener tiempo para ella y vivir sola en un espacio que disfruta. Valora toda la experiencia como “maravillosa” y está segura de que se puede llegar a tener un matrimonio pleno incluso si no conviven.

Anteriormente, vivían un formato de relación tradicional y convencional: ella estaba en la casa de Australia, dedicada al cuidado de sus hijos 24/7 y su marido, médico, era el proveedor del hogar al 100%. A los 57 años, ella regresó a la universidad y estudió un doctorado. Los hijos ya estaban grandes y se fueron de casa. Ella decidió mudarse a Londres. Su marido prefería quedarse en casa.

Así que los objetivos individuales cambiaron, pero el deseo de permanecer juntos estaba presente y les permitió reformular su relación y adaptarse a los cambios. Ella ha ascendido profesionalmente, vive una vida en la que se siente más realizada individualmente, lo que nos permite inferir que tener una pareja y una familia no implica ni obliga a renunciar a una vida individual, aunque mantener un vínculo en esas condiciones no es fácil.

Su marido sigue en Australia y tiene menos facilidades para socializar, así que tiene una vida un poco más solitaria. Pero les ayuda mucho la comunicación, el diálogo regular, la conversación, la complementariedad, la reciprocidad y la confianza. Ellos tienen la seguridad y la certeza de que su relación es sólida.

Los expertos en relaciones plantean que vivir separados y permanecer juntos es una elección y una decisión conscientes, ello precisa discusiones a fondo, negociación y un sistema de reglas. Ambas partes son igualmente responsables y deben expresar lo que realmente desean, libres de presión, frente a la conveniencia del otro. La comunicación clara, la reciprocidad, la transparencia, la lealtad, la confianza y el diálogo regulares son vitales y necesarios. Evaluar la experiencia constantemente, incorporar cambios y medir el estado de la relación son aspectos decisivos para su funcionamiento en términos del tiempo que se comparte, la gestión de la sexualidad y el cuidado de los hijos, cuando se tienen.

Este contenido me resultó útil y pertinente por mi inquietud e interés a ese respecto. Evidentemente, me pregunto si esta puede ser una vía mejor, más sana y razonable para construir y mantener un vínculo de pareja en la actualidad, sin tener que renunciar a una vida propia y sin cargar con la peor parte de una relación que, en mi opinión, es la que implica la insana convivencia de tiempo completo.

Desde luego, me detuve en los comentarios de los internautas. Leí opiniones que planteaban que un vínculo real, formal y comprometido no podría sobrevivir a esta forma de relación y que implicaría infidelidades, pero, en mi opinión es un planteamiento ingenuo: ¿Qué lleva a suponer que en una relación de convivencia 24/7 a la usanza tradicional no hay infidelidades? ¿Qué hace pensar que en una relación tradicional y de convivencia, bajo un mismo techo, no hay infidelidades de una o de ambas partes?

Vivir en casas separadas y en ciudades o en países distintos, con acuerdos tácitos sobre qué tipo de relación se quiere y se acepta y cómo se manejan todos los asuntos análogos, parece una apuesta sana y razonable, siempre que las dos personas estén en la misma sintonía y tengan la madurez, la sabiduría y la confianza de comunicar tanto lo que quieren como lo que no quieren. Podrían llegar a apreciarse mucho más los momentos y los espacios que se comparten en pareja. Tener la oportunidad de extrañar a alguien es fantástico en oposición a tolerar y a soportar la presencia de otra persona bajo el mismo techo. Son dos asuntos completamente diferentes.

¿Por qué el amor y la vida de pareja tienen que ser vistos, todavía hoy, como un espacio de sacrificio y de renuncia a una vida propia y a la realización individual y/o profesional? Si se parte desde este punto, la relación empieza mal. Da cuenta de asimetrías y renuncias, para no decir fracasos, plantea desequilibrios de fuerzas que tarde o temprano pasarán factura.  Esto no luce atractivo para el tiempo en el que vivimos. Las condiciones y contextos han cambiado.

Ya no tenemos vidas como las que vivieron nuestras madres y abuelas. Los proyectos, intereses e inquietudes individuales hoy son mucho más importantes. Tener una vida propia es importante y no renunciar a ella para vivir la vida de otro o para vivir a partir de otro es aún más importante. ¿Opiniones?

 

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