En un país donde la palabra “licitación” suele generar más sospechas que garantías, una startup fundada por dos jóvenes argentinos propone algo disruptivo: utilizar inteligencia artificial no para reemplazar empleos, sino para reforzar la integridad de los contratos públicos. Ethix, creada por Iván Gauna e Iván Addolorato, ya opera en más de una decena de organismos gubernamentales, y su plataforma es capaz de detectar irregularidades, inconsistencias jurídicas y potenciales riesgos de corrupción antes de que se firmen los acuerdos.
La herramienta funciona escaneando automáticamente los pliegos de licitación, comparándolos con marcos normativos vigentes, antecedentes de proveedores y bases de datos transversales. Mediante algoritmos entrenados en miles de procesos públicos, la IA sugiere mejoras, identifica prácticas sospechosas y emite alertas tempranas. Según los propios fundadores, más del 70 % de los casos de corrupción se gestan en la fase de diseño de los contratos, donde las condiciones pueden ser manipuladas para favorecer a ciertos oferentes o disfrazar sobreprecios.
Lejos de ser una utopía técnica, Ethix logró captar el interés de fondos de inversión de Silicon Valley tras pasar por la aceleradora Berkeley SkyDeck. Además, recibió apoyo de inversores argentinos y uno de los directores de Meta. Su impacto directo ya es medible: reducción de hasta un 60 % en los tiempos de preparación de procesos licitatorios y advertencias documentadas que han evitado adjudicaciones irregulares.
La iniciativa fue reconocida por diversas entidades internacionales como un caso de innovación cívica, y se enmarca dentro de una tendencia creciente en América Latina: aplicar tecnología para transparentar la gestión pública. Proyectos similares, como la Operación Serenata de Amor en Brasil o plataformas de seguimiento presupuestario en Chile y México, revelan una región que comienza a ver en la IA no solo una herramienta económica, sino también ética.
En Argentina, la startup ya colabora con municipios y provincias, además de entes descentralizados, y sus fundadores afirman que el objetivo no es solo auditar, sino transformar la manera en que se diseña la política pública. Para ellos, la corrupción no es solo un problema moral, sino un obstáculo estructural al desarrollo, y creen que la inteligencia artificial bien aplicada puede convertirse en aliada estratégica de la democracia.
En medio del avance global de la tecnología, Ethix demuestra que desde América Latina también se pueden crear soluciones concretas a problemas históricos. Una prueba de que la innovación, cuando está al servicio del interés público, no solo genera eficiencia, sino también confianza.