El Estudio sobre Cultura Científica en España de la Fundación BBVA revela que, aunque existe un rechazo mayoritario a las teorías conspirativas, estas mantienen niveles considerables de adhesión según el tema. La creencia de que los extraterrestres nos han visitado pero los poderes públicos lo han ocultado alcanza el 18% de la población, mientras que el negacionismo climático está marcado por diferencias ideológicas, generacionales y educativas.
Un estudio publicado en enero de 2026 por la Fundación BBVA analiza por primera vez de forma sistemática la adhesión de los españoles a diversas teorías conspirativas y creencias contrarias al conocimiento científico. El informe, basado en una encuesta realizada a más de 2.000 personas en noviembre de 2025, incorpora un apartado específico sobre la creencia en teorías conspirativas que, aunque rechazadas mayoritariamente por la población, mantienen niveles de apoyo que varían significativamente según el tema abordado.
El estudio subraya que «existe un rechazo claramente mayoritario a teorías conspirativas», pero identifica importantes diferencias en función de la materia específica sobre la que se pregunta a la población. Entre las cinco teorías contrarias a la ciencia analizadas, la que cuenta con mayor adhesión sostiene que los extraterrestres han visitado la Tierra pero «los poderes» lo han ocultado, sin especificar a qué poderes se refiere esta afirmación.
Los resultados muestran que un 18% de los españoles cree en esta teoría sobre visitas extraterrestres encubiertas, divididos en un 9% que considera totalmente cierta esta afirmación y un 9% adicional que piensa que es parcialmente verdadera. Esta creencia se sitúa como la teoría conspirativa con mayor nivel de aceptación entre las analizadas en el estudio de la Fundación BBVA.
Las teorías conspirativas más extendidas en España
El informe analiza otras teorías conspirativas ampliamente difundidas en las últimas décadas. Una de las más destacadas cuestiona la llegada del ser humano a la Luna, un hito científico y tecnológico de 1969 que sigue generando incredulidad en parte de la población. Según el estudio, un 22% de los españoles considera falso que los humanos hayan llegado a la luna, aunque tres de cada cuatro entrevistados sí cree en la veracidad del alunizaje.
Entre las teorías conspirativas con menor nivel de adhesión se encuentra la creencia de que las vacunas causan autismo, una afirmación científicamente desacreditada que cuenta con el apoyo del 6% de los encuestados. Esta teoría, que se popularizó a partir de un estudio fraudulento publicado en 1998 y posteriormente retirado, ha sido objeto de múltiples investigaciones que han demostrado de forma concluyente la ausencia de relación causal entre la vacunación y el autismo.
La teoría del terraplanismo, que sostiene que la Tierra es plana en lugar de esférica, registra el menor nivel de adhesión entre las analizadas, con un 5% de seguidores. Esta creencia, que contradice siglos de evidencia científica y observaciones astronómicas, mantiene sin embargo una presencia testimonial en la sociedad española contemporánea, reflejando la persistencia de ideas pseudocientíficas en la era de la información digital.
El negacionismo climático y la brecha ideológica
Entre las distintas teorías conspirativas analizadas, el estudio dedica especial atención al negacionismo climático y a los grupos poblacionales que muestran mayor tendencia a adherirse a esta postura. A nivel general, un 15% de los españoles considera que no existe el cambio climático, una posición que contrasta con el consenso científico internacional sobre el calentamiento global antropogénico y sus efectos documentados.
La variable que marca la diferencia más significativa en la adhesión al negacionismo climático es la ideología política. Entre las personas que se autoubican en el espectro de derechas, el porcentaje de quienes niegan el cambio climático se duplica hasta alcanzar el 29%, mientras que para quienes se consideran de izquierdas el porcentaje de negacionistas se reduce al 6%. Esta brecha ideológica de 23 puntos porcentuales evidencia la polarización política en torno a la cuestión climática.
El dato resulta especialmente relevante en un contexto en el que el cambio climático ha dejado de ser exclusivamente una cuestión científica para convertirse en un tema profundamente politizado en el debate público. La correlación entre posicionamiento ideológico y negacionismo climático sugiere que las creencias sobre esta materia están mediadas por factores que trascienden el acceso a la información científica y se vinculan con identidades políticas y valores culturales más amplios.
Las diferencias generacionales y educativas
El estudio de la Fundación BBVA identifica también una importante brecha generacional en la adhesión al negacionismo climático. Mientras que únicamente un 5% de las personas entre 18 y 24 años niega el cambio climático, entre los mayores de 65 años el porcentaje asciende al 21%. Esta diferencia de 16 puntos porcentuales entre el grupo de edad más joven y el de mayor edad revela cómo las cohortes generacionales muestran actitudes marcadamente distintas ante la evidencia científica sobre el calentamiento global.
La brecha generacional podría explicarse por diversos factores, incluyendo las diferencias en la exposición a contenidos educativos sobre cambio climático durante la formación académica, la mayor familiaridad de las generaciones jóvenes con el discurso científico sobre esta materia, o las distintas experiencias vitales respecto a los efectos del cambio climático. Las generaciones más jóvenes han crecido en un contexto en el que el debate climático ha estado presente de forma continuada en los medios de comunicación y en el sistema educativo.
El nivel de estudios constituye otra variable determinante en la adhesión al negacionismo climático. Entre las personas que han completado únicamente la educación primaria, el porcentaje de negacionistas climáticos alcanza el 22%, mientras que entre quienes poseen estudios terciarios o universitarios el porcentaje se reduce al 9%. Esta diferencia de 13 puntos porcentuales subraya la correlación entre nivel educativo y aceptación del consenso científico sobre el cambio climático.
La relación entre formación académica y rechazo de teorías conspirativas no resulta sorprendente, dado que la educación superior suele incluir formación en pensamiento crítico, metodología científica y evaluación de evidencias. Sin embargo, el hecho de que incluso entre personas con estudios universitarios un 9% mantenga posiciones negacionistas indica que el nivel educativo, aunque relevante, no elimina completamente la adhesión a creencias contrarias al consenso científico.
El Estudio sobre Cultura Científica en España de la Fundación BBVA proporciona así un retrato detallado de cómo las teorías conspirativas y las creencias pseudocientíficas se distribuyen en la sociedad española, evidenciando que factores como la ideología política, la edad y el nivel educativo condicionan significativamente la receptividad hacia este tipo de afirmaciones que contradicen el conocimiento científico establecido.