Torre Pacheco vive con miedo un año después del ataque racista

18 juillet 2026 - 17:42

Un año después de la agresión racista contra Domingo Tomás, que convirtió a este municipio murciano en el epicentro de la islamofobia en España, las heridas siguen abiertas. El juicio contra los agresores se ha aplazado a noviembre, la comunidad marroquí vive con miedo a que la difusión de nuevos vídeos reavive la violencia, e Ismael Nasri, agredido con quince años, aún arrastra secuelas de estrés postraumático.

Los parroquianos del bar La Campana, en Torre Pacheco (Murcia), comentaban antes de la última partida de dominó que ya hacía un año de lo que le pasó a Domingo Tomás. El vecino, de 70 años, fue víctima de una paliza propinada por tres hombres de origen marroquí cuando salió a su caminata matutina el 9 de julio de 2025. Su rostro ensangrentado se convirtió en la imagen que la ultraderecha utilizó para promover una cacería contra los inmigrantes del municipio, de unos 40.000 habitantes. Un año después, las heridas de aquellos días siguen sin cerrar del todo.

A quince minutos del bar, en una plaza del barrio de San Antonio, transcurrió aquel verano la historia de Ismael Nasri, entonces de quince años. Un grupo de hombres lo increpó con el insulto «moro de mierda» antes de propinarle una paliza, en un ataque que la ultraderecha organizó como convocatoria de «cacería de magrebíes» y que acabó convirtiendo al menor en la primera víctima. Una decena de personas le propinaron patadas mientras jaleaban insultos racistas. Tras la agresión, recibió un aluvión de mensajes xenófobos, y algunos usuarios difundieron su fotografía vinculándola falsamente con los agresores de Domingo.

Dos víctimas, una misma herida

Domingo ya no sale a pasear a las cinco de la mañana. Espera una o dos horas más, hasta que amanece, para no tener que preguntarse quién se esconde en la oscuridad. «Lo peor que puede pasar es que se repita otra vez esa situación», reconoce. Su amigo Pepe Plaza, también de 70 años, recuerda el impacto que causó en el pueblo. «Otros reaccionaron con violencia y eso no puede ser». Domingo evita hablar del asunto en público. «Si no lo recuerdo, mejor», dice sobre la paliza, aunque admite que «empecé otra vez a andar por la mañana un mes después de la agresión».

A Ismael le separan cinco décadas de Domingo, pero comparte con él la misma herida. El adolescente ha suspendido tres asignaturas este curso y arrastra secuelas del estrés postraumático. Cada mañana, su amigo Wassim, de veinte años, lo acompaña en patinete hasta el instituto para que no tenga que ir solo. «Antes mi hijo tenía muchos amigos, pero después solo le queda Wassim», cuenta su madre, Kesia Barranco. Un año después, Ismael aún evita reconocerse en el vídeo de la agresión que circuló por redes: «Lo miro y es como si eso no me estuviera ocurriendo a mí».

La justicia lenta y el miedo a las represalias

El proceso judicial añade otra carga a la familia. El juzgado de San Javier ha comenzado a citar a declarar a los ocho hombres investigados por la agresión a Ismael, aunque hasta el momento solo dos han comparecido y ambos se han acogido a su derecho a no declarar. Fue la propia Barranco quien convenció a su hijo de denunciar, pese a que él se resistía por miedo a las represalias. «Fue horrible, no quería ir, tenía miedo de encontrarlos ahí», recuerda la madre sobre la declaración de Ismael ante el juez. La vista contra los agresores de Domingo, por su parte, se ha aplazado a noviembre.

El expolítico municipal Antonio León, portavoz del Partido Independiente y líder de la oposición en Torre Pacheco, considera que lo más grave es que no haya habido consecuencia legal alguna para quienes propagaron bulos y arengas contra los vecinos de origen marroquí durante los disturbios. El equipo de gobierno del alcalde popular, Pedro Ángel Roca, no ha respondido a los intentos de contacto de este periódico para conocer su valoración sobre el aniversario.

Una comunidad en vilo ante la reincidencia de la ultraderecha

La difusión reciente de nuevos vídeos de agresiones, entre ellos el de un vecino argelino que golpeó con un martillo a un senegalés, ha reavivado el temor en la comunidad marroquí a que la violencia se repita. Kesia Barranco cree que la respuesta habría sido distinta si la víctima hubiera tenido nacionalidad española: «Aquí se habría vuelto a liar», afirma. En redes sociales, la difusión del vídeo generó comentarios como «que se maten entre ellos». El propietario de una gestoría local, Kouider Ayadi, de 26 años, resume el temor compartido. «Nos da miedo que vuelva a pasar cualquier cosa y que acabemos pagándolo nosotros», afirma.

Allal Abourayane, propietario de un bar situado junto a la rotonda que marcó la frontera entre los ultras y los vecinos marroquíes durante los disturbios, desempeñó entonces un papel clave para rebajar la tensión entre los jóvenes de su comunidad. «Los vecinos marroquíes tienen un trauma después de lo que pasó», sostiene. Nabil Morino, presidente de la Comunidad Islámica Al Manar, matiza que en el municipio «nadie se odia», aunque reconoce que «la gente está enfadada porque falta seguridad». La comunidad islámica ha debatido en sus reuniones cómo actuar si personas ajenas al pueblo regresan con intención de provocar conflictos.

La sensación de inseguridad contrasta con los datos oficiales. La tasa de criminalidad del municipio se sitúa en 41 infracciones por cada 1.000 habitantes, en línea con la media española y por debajo de la registrada en la Región de Murcia. Hace un año, los grupúsculos neonazis y los líderes de Desokupa que amenazaron con asediar el pueblo apenas lograron reunir a 150 personas, muchas llegadas de fuera. Un año después, Torre Pacheco convive con el temor de que cualquier episodio aislado vuelva a convertirse en munición para la ultraderecha.

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