El escritor y el periodista Jesús Vigorra anunciaron el aplazamiento de las jornadas sobre la Guerra Civil previstas para la semana próxima en Sevilla tras la sucesión de renuncias de participantes. Los organizadores achacaron la decisión a «amenazas violentas» y a «una campaña intolerable de presiones» desde Podemos, mientras que los ponentes que declinaron asistir justificaron su negativa por el enfoque «equidistante» del evento y por la presencia de José María Aznar e Iván Espinosa de los Monteros en el programa.
Arturo Pérez-Reverte y Jesús Vigorra, organizadores de la undécima edición de Letras en Sevilla, difundieron este miércoles un comunicado en el que proponen el aplazamiento «hasta nueva fecha» de las jornadas sobre la Guerra Civil que iban a celebrarse entre el 2 y el 5 de febrero. Los organizadores atribuyeron la decisión a «la intención expresada en las redes sociales por grupos de ultraizquierda, proponiendo manifestarse de forma violenta ante el lugar donde está previsto celebrar» el evento, y denunciaron «una campaña intolerable de presiones que desde el partido Podemos y medios afines se ha estado ejerciendo sobre algunos de los participantes».
El comunicado firmado por Pérez-Reverte y Vigorra señaló que los participantes que finalmente renunciaron «conocían perfectamente» el contenido de las jornadas y «habían confirmado hace meses sin plantear objeción alguna» su asistencia. Los organizadores acusaron a quienes declinaron participar de haberse sometido «vergonzosamente» a «coacciones públicas y privadas, con llamadas telefónicas a muchos de los intervinientes para que no asistieran a Sevilla». Según el texto, estas presiones buscaban «hacerles renunciar a su intervención en unas jornadas» cuyo programa los asistentes conocían desde hace meses.
La Fundación Cajasol, entidad que financia el ciclo, emitió un comunicado separado en el que anunció que «ha aceptado la propuesta de los organizadores del ciclo Letras en Sevilla, Arturo Pérez-Reverte y Jesús Vigorra, de aplazar al próximo otoño» su celebración. La institución que preside Antonio Pulido no hizo alusión a amenazas sino a la necesidad de «rearmar» el programa tras las renuncias que «alteran de manera sustancial el contenido de las jornadas, así como el equilibrio de voces y enfoques que han caracterizado siempre a Letras en Sevilla», un equilibrio que considera «imprescindible» para garantizar un debate cultural diverso y representativo.
Las renuncias en cascada y las acusaciones cruzadas
La primera y más sonada renuncia fue la del escritor David Uclés, autor de La península de las casas vacías y reciente ganador del premio Nadal, quien anunció el pasado domingo a través de las redes sociales que declinaba participar en las jornadas. Uclés justificó su decisión argumentando que no podía verse «en el mismo cartel» con el expresidente del Gobierno José María Aznar y con Iván Espinosa de los Monteros, uno de los fundadores de Vox. «Debo ser honesto y fiel a los principios que defiendo y no puedo verme en el mismo cartel que estos dos individuos», explicó el escritor jiennense, calificándolos como «dos personas que quebraron los derechos fundamentales del hombre».
A la renuncia de Uclés se sumaron otros participantes de izquierda que habían confirmado inicialmente su asistencia. El coordinador federal de Izquierda Unida y candidato de la coalición Por Andalucía a la Presidencia de la Junta, Antonio Maíllo, anunció que no participaría por su desacuerdo con la manera en que se había presentado públicamente el festival. «Pareciera una especie de abajo firmantes que sostienen la tesis de la equidistancia que sugiere el título, que no solo no comparto, sino que combato porque es un intento de revisar la lectura trágica y desigual de la guerra civil española», argumentó Maíllo en un comunicado.
La vicesecretaria general del PSOE de Andalucía y portavoz del Grupo Socialista en el Parlamento andaluz, María Márquez, también comunicó su renuncia. «El PSOE de Andalucía no participará, ya lo hemos comunicado a la organización», confirmaron fuentes del partido consultadas por medios andaluces. A estas bajas se sumó la de Zira Box, doctora por la Universidad Complutense de Madrid y profesora en la Universitat de València, quien anunció en la red social X que «finalmente no iré a Sevilla por varias razones que aquí se simplificarían como postureo».
Pérez-Reverte y Vigorra respondieron inicialmente a la renuncia de Uclés calificándola como «un síntoma siniestro, revelador, de lo que precisamente Letras en Sevilla pretende poner de manifiesto con esta su XI edición: el sectarismo y la ignorancia de David Uclés». Los organizadores consideraron la decisión del escritor como «un claro indicio» de que hay sectores ideológicos en España que «no desean debates ni razones, sino simplezas demagógicas, trincheras de odio y desprecio que hagan imposibles diálogos, acuerdos o reconciliaciones». El comunicado concluía con una advertencia: «Confiamos en que los posibles lectores presentes o futuros de David Uclés tomen buena nota de todo esto».
Polémica por el título y su enfoque «equidistante»
El título de las jornadas generó una controversia adicional que contribuyó a intensificar el rechazo de algunos participantes. Inicialmente anunciadas como «1936: La guerra que todos perdimos», posteriormente el cartel apareció modificado con el título «¿La guerra que todos perdimos? 1936-1939», incluyendo signos de interrogación. Pérez-Reverte atribuyó el cambio a un «error de maquetación» y defendió que la intención del título era subrayar que, más allá del bando vencedor, «toda España perdió» como consecuencia del golpe de Estado y la guerra civil.
Sin embargo, esta formulación fue interpretada por varios participantes y por el movimiento memorialista como un intento de establecer una equidistancia entre víctimas y verdugos, entre golpistas y defensores de la legalidad republicana. David Uclés manifestó públicamente sus dudas sobre la explicación del «error de maquetación», afirmando que «el título nunca llevó signos de interrogación» en la versión original que él conoció. «La mentira hace ruin al ser que la blande», sentenció el escritor, sin hacer referencia alguna a las presuntas amenazas violentas que Pérez-Reverte y Vigorra denunciaron posteriormente.
El programa de las jornadas contemplaba la participación de historiadores de prestigio como Juan Pablo Fusi, Enrique Moradiellos, Julián Casanova, Fernando del Rey, Manuel Álvarez Tardío y Gutmaro Gómez Bravo, además del teniente general Félix Sanz Roldán. Entre los políticos confirmados figuraban el expresidente José María Aznar, el actual ministro del Gobierno Félix Bolaños, la presidenta del Consejo de Estado Carmen Calvo, el expresidente de la Comunidad de Madrid Alberto Ruiz Gallardón, y el exdirigente de Vox Iván Espinosa de los Monteros. Solo Vox y el portavoz de ERC en el Congreso, Gabriel Rufián, habían declinado participar desde el principio.
La crítica del movimiento memorialista
El movimiento memorialista andaluz criticó duramente tanto el título como el enfoque de las jornadas, considerando que la propuesta constituía una «provocación» en Sevilla, una de las ciudades con mayor número de desaparecidos forzados de Europa. Los colectivos de memoria histórica subrayaron que el «ruido» estaba provocado «precisamente en Sevilla, donde tenemos una de las mayores fosas de Europa sin recuperar, por la falta de voluntad política de la derecha». La ciudad ya exhumó 1.786 víctimas del franquismo en Pico Reja, pero en suelo andaluz permanecen 50.000 civiles asesinados en unas 900 fosas sin excavar.
Las asociaciones memorialistas consideraron «coherentes» las renuncias de los ponentes de izquierda, argumentando que el enfoque «equidistante» sugerido por el título y la composición del programa contravenía el consenso historiográfico sobre la Guerra Civil como resultado de un golpe de Estado contra un gobierno legítimo. Estos colectivos rechazaron la equiparación entre el bando golpista y el bando que defendía la legalidad republicana, una interpretación que consideran incompatible con el rigor histórico y con el reconocimiento de las víctimas del franquismo.
Pérez-Reverte y Vigorra defendieron por su parte que habían diseñado un foro de debates «amplio, ecuánime y sin adscripción ideológica alguna» donde «voces de diversas tendencias y sensibilidades han dialogado siempre en admirable armonía». Los organizadores argumentaron que «quienes protestan por la inclusión de unos o de otros demuestran, precisamente, lo necesario que es en España un debate como éste» y sugirieron que algunos sectores parecen «cómodamente instalados» en las heridas de la Guerra Civil «como si las necesitaran abiertas para vivir en ella y de ellas».