Muere Maricarmen Abascal, la anciana cuyo desahucio sacudió España y avivó la crisis de la vivienda

08 octobre 2026 - 09:29

La muerte de la jubilada de 87 años, desalojada de la casa madrileña en la que había vivido durante siete décadas, desata una ola de emoción y protestas en un país marcado por la tensión inmobiliaria y la convocatoria de elecciones anticipadas.

La muerte de Maricarmen Abascal, la jubilada de 87 años cuyo desahucio conmocionó a España y desencadenó una oleada de movilizaciones por el derecho a la vivienda, ha provocado una profunda emoción en Madrid, donde centenares de manifestantes se congregaron para rendirle homenaje y reclamar soluciones a una crisis habitacional que se ha convertido en uno de los principales focos de tensión social y política del país.

«Maricarmen vive, la lucha sigue», coreaban los manifestantes reunidos en las inmediaciones del Congreso de los Diputados, mientras en la Puerta del Sol, escenario de una acampada iniciada diez días antes, las velas encendidas, los abrazos y los minutos de silencio reflejaban el impacto de una muerte que ha trascendido el ámbito personal para adquirir una dimensión colectiva.

Abascal falleció el miércoles, 7 de octubre, después de permanecer hospitalizada desde su desalojo, ocurrido el 23 de septiembre. Había vivido durante aproximadamente setenta años en un apartamento del acomodado barrio madrileño de Retiro, hasta que un conflicto con la empresa propietaria, que pretendía elevar considerablemente el alquiler, terminó con su salida forzosa de la vivienda.

Las imágenes de la anciana abandonando su domicilio en una camilla, entre las protestas de quienes intentaban impedir el desahucio, provocaron una intensa reacción ciudadana. Para muchos españoles, aquella escena condensaba la vulnerabilidad de los inquilinos frente al encarecimiento de los alquileres y la creciente dificultad de acceder a una vivienda asequible.

La presión de las movilizaciones llevó finalmente a la empresa propietaria a aceptar un acuerdo que permitiría a Abascal regresar a su apartamento una vez recibiera el alta hospitalaria. Sin embargo, el deterioro de su estado de salud impidió que ese regreso llegara a producirse.

El Sindicato de Inquilinas, que comunicó su fallecimiento, destacó su «ejemplo de lucha» y consideró que la movilización desencadenada por su desahucio había marcado un antes y un después en la reivindicación del derecho a la vivienda.

La indignación se mezcló con el dolor entre los manifestantes. Algunos responsabilizaron moralmente de su muerte a las circunstancias que rodearon el desalojo, aunque no se ha establecido públicamente que este fuera la causa médica directa del fallecimiento.

Una crisis social convertida en conflicto político

La muerte de Abascal se produce en un momento especialmente delicado para España, donde la escalada de los precios de la vivienda ha intensificado las movilizaciones sociales y agravado las tensiones parlamentarias.

El Gobierno de Pedro Sánchez había promovido dos decretos destinados a contener la crisis habitacional, pero ambas iniciativas fueron rechazadas en el Congreso de los Diputados. En medio de este clima de confrontación, el presidente anunció elecciones generales anticipadas para el próximo 29 de noviembre.

Sánchez expresó públicamente sus condolencias a la familia de Abascal y a quienes compartían el sentimiento de pérdida. También el líder del Partido Popular, Alberto Núñez Feijóo, trasladó su pésame y pidió evitar la instrumentalización partidista de la tragedia.

Mientras tanto, las principales organizaciones sindicales han convocado una huelga general para el 11 de noviembre, con reivindicaciones centradas en la mejora de los salarios y el acceso a una vivienda digna.

Más allá de un desahucio

El caso de Maricarmen Abascal ha adquirido una dimensión que supera las circunstancias particulares de su conflicto con la empresa propietaria. Su historia ha puesto rostro a una crisis estructural en la que confluyen el aumento de los alquileres, la precariedad económica y las dificultades de amplios sectores sociales para acceder a una vivienda estable.

Su muerte no resuelve las controversias jurídicas ni las responsabilidades políticas que rodean la crisis inmobiliaria española. Pero explica por qué una historia individual ha conseguido movilizar a miles de personas y situar el derecho a la vivienda en el centro del debate público.

Maricarmen no pudo regresar al hogar donde había pasado buena parte de su vida. Su nombre, entretanto, permanece asociado a una reivindicación que continúa ocupando las calles españolas.

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