Se cierra una década de avances legislativos y sociales en igualdad mientras los datos revelan un distanciamiento creciente de los jóvenes respecto al feminismo. La ultraderecha ha aprovechado esa grieta para instalar sus propios marcos interpretativos y el movimiento busca respuestas, que no encuentra.
El 8 de marzo de 2026 ha llegado con una paradoja incómoda sobre la mesa del movimiento feminista español. Una década después de las primeras grandes manifestaciones que desbordaron las calles de decenas de ciudades, los avances son verificables: la brecha salarial se ha reducido del 22% al 15%, el número de diputadas ha alcanzado el 44% en el Congreso de los Diputados, y el paro femenino ha caído diez puntos desde 2013. El porcentaje de rectoras universitarias ha pasado del 4% al 23,4% en ese mismo período. Pero los datos de identificación con el feminismo entre los jóvenes apuntan en dirección contraria.
El informe Juventud en España e Ipsos 2026, elaborado con encuestas en 29 países, ofrece una imagen de doble filo: España es el único país analizado donde la mitad de la población se declara feminista, pero también es el territorio donde los hombres sienten mayor agravio por los avances en igualdad, con un 60%, lo que el estudio sitúa «a la cabeza del escepticismo en Europa». Los datos del Instituto de la Juventud revelan que en 2019 el 74% de los jóvenes de entre 15 y 29 años se identificaba con la igualdad de género y el 64% con el feminismo; en 2023, esas cifras habían caído al 62% y al 54%, respectivamente.
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Una década de conquistas: brecha salarial, paridad y derechos
Los datos del último balance sobre la situación de la mujer en España permiten un recuento de avances concretos. El paro femenino se ha reducido diez puntos desde 2013: en 2016 había 8,4 millones de mujeres con empleo; ahora son 10,3 millones. La brecha salarial ha bajado del 22% al 15%, y los contratos indefinidos femeninos han pasado de 5,3 a 7,6 millones, impulsados por la reforma laboral y los planes de igualdad. La ministra de Seguridad Social, Elma Saiz, ha señalado que hay más mujeres trabajando que nunca y en condiciones progresivamente mejores.
La paridad política ha seguido una trayectoria de progreso sostenido. Las mujeres ocupan hoy el 44% de los escaños en el Congreso y el 42,3% en el Senado, donde por primera vez cuatro diputadas presiden su grupo parlamentario. El porcentaje de rectoras universitarias ha crecido del 4% en 2016 al 23,4% en 2024. Quedan, sin embargo, asignaturas pendientes: las mujeres en puestos de dirección ejecutiva en las empresas del Índice Bursátil Español (IBEX) representan solo el 18%, y la carga doméstica y de cuidados sigue recayendo sobre ellas de forma desproporcionada, con cinco horas más al día dedicadas al hogar respecto a los hombres, según los datos de Comisiones Obreras (CC.OO.).
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La generación Z se aleja: datos de una fractura generacional
El barómetro de Fad Juventud —organización dedicada al bienestar de adolescentes y jóvenes— fija en el 39,1% de las chicas y el 32,8% de los chicos de entre 15 y 20 años el porcentaje de quienes creen que el feminismo «va demasiado lejos». La directora de Investigación de la organización, Ana Sanmartín, señala que ese posicionamiento ambivalente no indica indiferencia, sino que los consensos han rotado y que la fractura es real. La generación Z —los jóvenes de entre 14 y 29 años— percibe la igualdad como un horizonte ya conquistado, lo que hace que cualquier reivindicación adicional les parezca excesiva.
En España, en 2019, el porcentaje de jóvenes que se consideraba feminista superó por primera vez al de quienes afirmaban no sentirse así; 2021 fue el pico. Desde entonces, el descenso no se ha detenido, y las palabras han tenido mucho que ver, como apunta Paloma Narbona, profesora del centro de estudios financieros CUNEF. El último barómetro de 40dB para El País y la Cadena SER (Sociedad Española de Radiodifusión) registra que Vox alcanza el 18,8% de estimación de voto entre los varones de la generación Z, por encima del Partido Popular (PP) y solo por detrás del Partido Socialista Obrero Español (PSOE). Es el máximo de la serie desde julio de 2023.
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La ultraderecha como actor en el debate feminista
La irrupción de Vox en la política española ha reconfigurado el debate sobre la igualdad de manera sustancial. El partido fue el primero en hacer del antifeminismo una bandera electoral, desplazando la discusión pública hacia el islamismo y los derechos de las mujeres. Según Eva Anduiza, profesora de Ciencias Políticas de la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB), se trata de una estrategia instrumental con doble objetivo: reforzar el mensaje antiinmigración y colocar a la izquierda y al feminismo en una posición políticamente incómoda, obligando al movimiento a elegir entre valores que la ultraderecha presenta como incompatibles.
La derecha radical ha construido una narrativa de agravio masculino que ha encontrado su principal caldo de cultivo entre los hombres jóvenes. El 43,4% de las mujeres y el 37,6% de los varones encuestados por Fad Juventud creen que los hombres están desprotegidos ante las denuncias falsas. Sin embargo, los datos de la Fiscalía General del Estado contradicen esa percepción: en 2024 se registraron 199.094 denuncias por violencia machista, de las cuales solo 17 correspondieron a denuncia falsa, el 0,009% del total. La investigadora Martina Farré, estudiante de Administración y Dirección de Empresas (ADE), lo resume así: «Hay muchas falsas acusaciones, pero cuando es real, creo que se quedan cortos, deberían meterles mucho más tiempo en la cárcel».
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El debate del burka y la trampa del doble frente
La discusión sobre la prohibición del burka y el niqab en espacios públicos, que el PP catalán llevó al Parlament en 2025 y que el PP de ámbito estatal ha trasladado al Congreso en 2026, ilustra con precisión la encrucijada en que se encuentra el movimiento feminista. La profesora Anduiza señala que esta discusión sirve a la derecha radical «para dos objetivos»: incomodar a la izquierda y reforzar el mensaje antiinmigración, mientras su prohibición puede utilizarse para estigmatizar a las niñas y mujeres musulmanas, lo que genera una réplica que a su vez sitúa al feminismo ante acusaciones de relativismo cultural.
Sara Berbel, doctora en Psicología Social y coordinadora de la Escola Feminista de Progrés (EFP), considera que el movimiento no debe rehuir estos debates, pero que las condiciones importan. La batalla no puede darse únicamente en redes sociales, cuyo espacio «no permite argumentar de forma científica». «La extrema derecha es mucho más agresiva y siempre tiene las de ganar debido a la polarización inherente que comportan las redes», señala Berbel. La respuesta feminista, concluye, debe articularse desde los derechos concretos de las mujeres, con capacidad de acción transformadora y llegando especialmente a los más jóvenes.
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El movimiento ante el espejo: autocrítica y caminos a seguir
El feminismo llega a este 8M en un momento de revisión interna. La secretaria de Estado de Igualdad, Soledad Murillo, sostiene que «lo que cala es un discurso emotivo» que explique el movimiento como lo que es: una causa de emancipación. Las políticas de igualdad se han vivido, en su análisis, como algo ajeno o estrictamente personal, y considera que es momento de pasar del lenguaje de la racionalidad al de la emotividad. El investigador Luis Miller, del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), advierte que, en momentos de gran confrontación ideológica, una estrategia política busca siempre dividir: «Lo que están al otro lado, esa cuestión se asocia a una ideología: si no estás con nosotros, no apoyas la igualdad».
El sociólogo Lionel Delgado identifica la tristeza, el enfado y la confusión respecto al futuro —condicionados por la caída histórica de la confianza en la política y la percepción de que el sistema no resuelve las necesidades básicas— como el caldo de cultivo de ese desencanto. Pero Berbel concluye que el camino existe: «El feminismo es un movimiento de cambio social», recuerda, «y no quiere ser percibido como una causa de mujeres dependientes». La ultraderecha, añade, quiere revertir los avances. El movimiento tiene aún la mayoría social. La pregunta es cómo le habla.