Los Javis hacen historia en Cannes con La bola negra

25 mai 2026 - 16:37

Javier Ambrossi y Javier Calvo se convirtieron ayer en los primeros directores españoles en ganar el premio a la mejor dirección en el Festival de Cannes, que reconoció su drama sobre la identidad homosexual y el legado de Federico García Lorca. El galardón, compartido ex aequo con el polaco Pawel Pawlikowski, llegó en una noche histórica para el cine español: tres películas en competición oficial, un palmarés marcado por el compromiso político y la Palma de Oro para el rumano Cristian Mungiu por Fjord.

El gran teatro Lumière de Cannes acogió ayer la gala de clausura de la 79.ª edición del festival más importante del mundo con una declaración política en forma de palmarés. El jurado presidido por el director surcoreano Park Chan-wook premió con el galardón a la mejor dirección a Javier Ambrossi y Javier Calvo —conocidos como los Javis— por La bola negra, un drama que homenajea a Federico García Lorca y aborda lo que significa ser homosexual en España. El premio fue compartido ex aequo con el realizador polaco Pawel Pawlikowski por Fatherland, un retrato en blanco y negro de la relación entre Thomas Mann y su hija Erika. España había llevado tres películas a competición oficial, una hazaña sin precedentes en la historia del festival.

Ambrossi fue el primero en subir al escenario y marcó el tono de la noche. «Cuando dirigíamos esta película, me preguntaba siempre si estaba honrando a quienes me precedieron», afirmó el director ante el plenario del Lumière. «La única forma de honrar el sufrimiento y la muerte de las personas LGTBIQ+ que nos precedieron es asegurándonos de que las siguientes generaciones tengan más libertad», añadió. La proyección de La bola negra había arrancado el pasado jueves una ovación de casi veinte minutos, uno de los más largos de la edición. En su discurso, Calvo dedicó el premio a Pedro Almodóvar —a quien llamó «maestro»— y al director Rodrigo Sorogoyen, cuya película El ser querido también había competido por la Palma.

El cine español y su noche histórica

La presencia española en la competición oficial de Cannes con tres títulos simultáneos —Amarga Navidad, de Almodóvar; El ser querido, de Sorogoyen; y La bola negra, de los Javis— no tenía precedente en la historia del certamen. Solo los Javis entraron en el palmarés, pero el peso simbólico de la jornada trascendió el resultado. Park Chan-wook, presidente del jurado, había anticipado el espíritu que guiaría las deliberaciones: «No creo que la política y el arte deban separarse», declaró días antes de la gala, en contraste con la polémica actitud del jurado de la pasada Berlinale, que se había negado a comentar la masacre en Gaza para mantener el cine al margen de la política.

La película de los Javis acumuló antes de la gala el premio de la crítica internacional —el Fipresci—, el Ecuménico y el de la Ciudadanía, una triple distinción que situaba La bola negra como una de las favoritas del palmarés paralelo. El galardón a la mejor dirección en la competición oficial culminó una semana de reconocimientos y confirmó el relevo generacional que la dupla lleva años protagonizando en el audiovisual español. Netflix ya ha adquirido los derechos de distribución en Estados Unidos con perspectivas de campaña hacia los premios Oscar.

La Palma de Mungiu y el palmarés completo

La Palma de Oro recayó en el rumano Cristian Mungiu por Fjord, diecinueve años después de haber ganado su primera Palma con 4 meses, 3 semanas, 2 días. La película narra la historia de un matrimonio muy religioso que abandona Rumanía para instalarse con sus cinco hijos en un pueblo remoto de Noruega, donde sus valores tradicionales chocan con los del entorno local en un drama familiar y judicial. Tilda Swinton entregó el galardón al director, que protagonizó Sebastian Stan y Renate Reinsve. Mungiu aseguró que la película es «un compromiso contra toda forma de integrismo» y un «mensaje de tolerancia, inclusión y empatía».

El Gran Premio del Jurado fue para el ruso Andréi Zviáguintsev por Minotaur, adaptación de La mujer infiel, de Claude Chabrol, trasladada al contexto de la guerra de Ucrania como crítica a las élites de Vladímir Putin. El propio director exhortó desde el escenario al presidente ruso a poner fin a «la carnicería» en suelo ucraniano. El Premio del Jurado fue para la alemana Valeska Grisebach por The dreamed adventure, y el galardón al mejor guion para el francés Emmanuel Marre por Notre salut, un retrato del colaboracionismo francés ambientado en los años cuarenta basado en la historia de su bisabuelo.

Netflix, el Oscar y el relevo generacional

Los premios de interpretación se resolvieron también en empate. Emmanuel Macchia y Valentin Campagne compartieron el galardón al mejor actor por su trabajo en Coward, de Lukas Dhont, un filme ambientado en las trincheras de la Primera Guerra Mundial. Virginie Efira y Tao Okamoto se alzaron con el premio a la mejor actriz por Soudain, del japonés Ryusuke Hamaguchi, una obra de más de tres horas que, según su director, ensalza la necesidad de los cuidados y los valores humanos. La Caméra d’Or, que distingue a la mejor ópera prima, fue para Marie-Clementine Dusabejambo por Ben’imana.

La Palma de Oro honorífica recayó en Barbra Streisand, que no pudo acudir a la Croisette por una lesión de rodilla. Isabelle Huppert presentó el galardón ante el teatro, mientras la actriz y directora estadounidense agradecía el reconocimiento en un mensaje de vídeo y recordaba las dificultades que afrontó como mujer para dirigir su primer largometraje, Yentl. La gala de clausura fue, en conjunto, la más política de las últimas ediciones: cuatro películas del palmarés abordaron el colaboracionismo, el autoritarismo o la represión de las minorías, en un festival que demostró que el compromiso y la excelencia formal pueden ser, como sostuvo Park Chan-wook, una sola cosa.

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