Un estudio de la Universidad de Santiago de Compostela revela que la preocupación y el enfado dominan el paisaje emocional de la política española. El 43% de los encuestados siente miedo hacia Santiago Abascal, una emoción que ningún otro líder genera con esa intensidad. Pedro Sánchez concentra a la vez los mayores niveles de emociones negativas y positivas del espectro, mientras Alberto Núñez Feijóo es el dirigente que menos reacciones despierta.
El Equipo de Investigaciones Políticas de la Universidad de Santiago de Compostela (USC) ha elaborado el primer Barómetro de Emociones Políticas de España a partir de 600 entrevistas realizadas entre el 9 de junio y el 4 de julio. Sus conclusiones retratan una ciudadanía cuya relación con la política está dominada por emociones negativas: la preocupación y el enfado superan ampliamente a la tranquilidad y al orgullo en las respuestas obtenidas. «Los sentimientos expresados hacia la política y sus líderes son más negativos que positivos», resumió Nieves Lagares Díez, directora del equipo e investigadora titular de Ciencia Política en la USC, que presentó los resultados junto a los docentes Miguel Anxo Bastos, Erika Jaráiz y María Pereira.
El estudio, cuyo informe completo se presentará en septiembre durante un congreso en Granada, analiza las emociones de los ciudadanos hacia los principales líderes políticos estatales y hacia España como entidad colectiva. Sus datos confirman algo que la intuición política ya apuntaba pero que raramente se mide con rigor: la intensidad emocional que un dirigente despierta no equivale a apoyo electoral, y las emociones contradictorias hacia un mismo líder son no solo posibles sino frecuentes. «Puedo creer que un político es corrupto y estar enfadada, pero como votante puedo sentir al mismo tiempo orgullo de su labor política», ilustró Lagares. «La coherencia emocional de la política se construye por jerarquía y admite contradicciones».
La política del enfado
Pedro Sánchez es el líder que más emociones despierta en términos absolutos. El 88,6% de los encuestados afirmó sentir al menos una emoción hacia el presidente del Gobierno, una cifra que lo sitúa a la cabeza del espectro afectivo de la política española. Le siguen Santiago Abascal, con un 83,8%; Alberto Núñez Feijóo, con un 78,5%, y Yolanda Díaz, con un 74,4%. La mayor capacidad de Sánchez y Abascal para despertar reacciones —frente a la mayor frialdad que generan Feijóo y Díaz— define, según los investigadores, un modelo de «política emocionada» en el que los líderes más viscerales tienen ventaja de llegada a la ciudadanía, aunque no necesariamente en las urnas.
El enfado y la preocupación son las emociones dominantes en todos los casos analizados. En el caso de Sánchez, la preocupación aparece en el 61,6% de las respuestas y el enfado en el 59,3%. Son los porcentajes más altos de cualquier líder en emociones negativas, que en su conjunto alcanzan el 76,2%. Pero el presidente también lidera las emociones positivas, con un 39,1%, y es el único que alcanza un nivel de orgullo significativo entre sus valoraciones: un 24% de los encuestados declara sentir esa emoción hacia él. El perfil de Sánchez es, en suma, el más polarizador del mapa: el que genera más rechazo y más adhesión simultáneamente.
El miedo a Abascal
El dato más llamativo del barómetro es el que rodea al líder de Vox. El 43% de los encuestados declara sentir miedo hacia Santiago Abascal, una emoción que no alcanza niveles comparables en ningún otro dirigente analizado. «Los españoles no tienen miedo a los políticos; a quien tienen miedo es a Abascal», sintetizó Lagares. La afirmación no es retórica: el miedo como categoría emocional diferenciada del enfado o la preocupación implica una percepción de amenaza directa que los datos no atribuyen a ningún otro líder del espectro político con esa contundencia.
Las emociones negativas hacia Abascal alcanzan el 68% de las respuestas, mientras las positivas se quedan en el 27,8%. Son cifras que reflejan un rechazo amplio y consolidado, aunque el líder ultra mantiene una base emocional fiel que lo sigue percibiendo con orgullo o tranquilidad. El barómetro también evidencia que Abascal compite en intensidad emocional con Sánchez, lo que confirma que ambos ocupan los extremos del sistema y se alimentan mutuamente: son los líderes que más emociones generan, y las emociones que generan son opuestas y complementarias en la dinámica de polarización que estructura la política española.
Sánchez, el más polarizador
Feijóo representa el polo opuesto en términos emocionales. Con un 78,5% de encuestados que declaran sentir al menos una emoción hacia él, es el líder estatal que menos reacciones despierta de los cuatro analizados. Sus emociones negativas alcanzan el 58,6% y las positivas el 37,5%, con un orgullo que apenas llega al 13,7%, muy por debajo del 24% que registra Sánchez. El perfil del líder del Partido Popular (PP) es el de un dirigente técnico que no consigue movilizar afectivamente a su electorado, lo que el estudio interpreta como una limitación en el contexto actual de política emocionada, aunque no como un impedimento insalvable de cara a las elecciones.
El barómetro analiza también las emociones hacia España como entidad colectiva, con resultados que matizan el diagnóstico sobre el malestar ciudadano. El orgullo es la emoción más extendida respecto al país, con un 78,8% de las respuestas, seguida por la preocupación, con un 72,3%. El nivel de felicidad se sitúa en el 7,64 sobre diez. El estudio registra además desconfianza hacia los medios de comunicación como elemento transversal del paisaje emocional. El equipo de la USC prevé continuar la investigación con dos mediciones anuales, lo que permitirá rastrear cómo evolucionan esas emociones en función de los ciclos políticos y electorales.