El Consejo de Seguridad Nacional alertó sobre el incremento de la violencia relacionada con el crimen organizado en territorio español. Fuentes policiales confirman que los asesinatos por encargo han pasado de unos 20 anuales antes de 2020 a más de 50 en 2025, con una deriva inquietante: el abaratamiento de las tarifas ha provocado la aparición de sicarios improvisados, muchos de ellos menores de edad, que operan por apenas 1.700 euros.
La violencia por encargo ya no es un fenómeno excepcional en España. Las estadísticas oficiales del Ministerio del Interior no distinguen entre homicidios comunes y ejecuciones profesionales, pero los investigadores que trabajan a diario con estos casos certifican una tendencia alarmante. Antes de la pandemia, se estimaba que se producían alrededor de veinte asesinatos por encargo al año. Según la Unidad de Drogas y Crimen Organizado (UDYCO), esa cifra ha ascendido a cuarenta casos consumados, aunque otras fuentes policiales consultadas elevan el dato. «En 2025 hubo más de medio centenar de casos: 50 o 60. Crímenes que muchas veces no se denuncian», explican estos agentes a diversos medios.
Este incremento está vinculado directamente al auge del narcotráfico en territorio español y a la profesionalización de organizaciones criminales internacionales que han convertido el país en un escenario de ajustes de cuentas, cobros de deudas y guerras entre clanes. El fenómeno se ha agravado con la aparición de un mercado de sicarios low cost, donde matar cuesta menos que nunca. La Policía Nacional documentó en Gran Canaria un caso que marcó un mínimo histórico: 1.700 euros por un asesinato, una cifra que contrasta dramáticamente con los 40.000 o 50.000 euros que podía costar un encargo hace apenas una década.
Armas cada vez más accesibles
El abaratamiento del sicariato va acompañado de una mayor disponibilidad de armamento. Los datos del Ministerio del Interior reflejan que durante el primer semestre de 2025, los Mossos d’Esquadra intervinieron 580 armas de fuego en Cataluña, de las cuales 283 eran pistolas y 297 escopetas o rifles. En total, la policía autonómica contabilizó 79 vuelos entre narcotraficantes para robar droga en ese período. Una pistola en el mercado negro cuesta entre 500 y 4.500 euros, según recoge el documento, mientras que en 2024 se requisaron en Catalunya 1.200 armas de fuego vinculadas al narcotráfico. Paralelamente, se registraron 21 asesinatos relacionados con el tráfico de estupefacientes y 47 kalashnikovs fueron incautados ese mismo año.
El aumento de las armas en circulación facilita la operativa de sicarios cada vez menos profesionales. Fuentes policiales explican que «antes sí había sicarios, muy pocos, y los que había no se equivocaban». Ahora, en cambio, los errores se han multiplicado. En Gran Canaria, dos sicarios ejecutaron a Jonathan Josué Delgado en plena calle, pero la investigación reveló que se habían equivocado de persona: el objetivo era el dueño de un gimnasio vinculado al narcotráfico. Los mensajes interceptados por la policía mostraron cómo los propios ejecutores admitían su error: «La hemos cagado, tal, no vamos a cobrar lo pactado».
El negocio de la muerte a bajo coste
La estructura de precios del sicariato ha experimentado un desplome que alarma a los investigadores. Según fuentes policiales consultadas por diversos medios, las tarifas actuales oscilan entre 3.000 euros por encargos simples hasta 20.000 euros por «trabajos completos», aunque el sicario individual puede no cobrar más de 500 euros, además de pasajes y alojamiento. En Madrid, donde las estimaciones hablan de alrededor de cuarenta muertes anuales cometidas por profesionales, algunas ejecuciones se realizan por apenas 2.500 o 5.000 euros si el sicario es joven o poco cualificado. La caída de los precios se vincula a una elevada competencia y a la proliferación de intermediarios que retienen entre el 20 y el 50 por ciento del pago.
El reclutamiento de sicarios se realiza ahora a través de canales de Telegram, Signal y otras plataformas cifradas que ofrecen violencia como servicio. Mensajes con textos como «Trabajo en España» o «Necesito alguien para hacer un encargo» circulan en estos espacios digitales. Este método de captación ha facilitado la incorporación de ejecutores extranjeros que llegan expresamente para cumplir el encargo y se marchan inmediatamente después, lo que dificulta la labor policial. El modelo resulta tan eficiente para las organizaciones criminales que en ocasiones ni siquiera cumplen con el pago acordado, generando casos como el juzgado en Toledo donde dos sicarios se echaron atrás tras cobrar un adelanto.
Madrid y Barcelona, epicentros de la violencia
Las grandes ciudades españolas concentran el grueso de estos crímenes. Barcelona, Madrid, la Comunidad Valenciana (especialmente Alicante), la Costa del Sol (con Marbella como epicentro) y la desembocadura del Guadalquivir fueron en 2025 los escenarios principales de ejecuciones rápidas con armas de fuego. «En las grandes ciudades se puede encontrar de todo, como en cualquier otro sector económico. Barcelona y Madrid son las dos zonas donde más ‘oficinas de cobro’ operan: en ellas hay más gente, más negocios y más deudas por saldar», revelan fuentes policiales. Barcelona registró 46 homicidios y asesinatos consumados en 2023, diez más que el año anterior, según datos del Ministerio del Interior, superando incluso a la Comunidad de Madrid.
La capital catalana se ha convertido en lugar de refugio para mafiosos buscados en sus países de origen. En julio de 2025, el barrio del Eixample fue escenario de una batalla entre los clanes serbios Kavac y Skaljari que se saldó con el asesinato de Filip Knezevic. El puerto de Valencia, tercer punto de entrada de cocaína en Europa tras Amberes y Rotterdam, ha convertido la Comunidad Valenciana en otra plaza fuerte del crimen organizado. En la costa alicantina, Caner Koçer, líder de la banda turca de Los Dalton, fue abatido a tiros en Torrevieja en agosto, como venganza por un tiroteo previo en Estepona.
Menores como sicarios: los ‘suecos del patinete’
Uno de los aspectos más inquietantes del fenómeno es la incorporación de menores de edad como ejecutores. La Mocro Maffia neerlandesa ha desarrollado un sistema de reclutamiento de adolescentes a través de redes sociales, ofreciéndoles dinero rápido y proporcionándoles logística completa: vivienda, armas y un patinete eléctrico para sus desplazamientos. Muchos son residentes o nacidos en Suecia y Dinamarca, de origen somalí, paquistaní o sirio, y operan en España por unos 3.000 euros. En octubre de 2025, uno de estos «suecos del patinete», menor de edad, fue detenido por haber matado a tiros al rapero Hamko en Marbella. En agosto, la Policía Nacional detuvo en Málaga a dos presuntos sicarios cuando se dirigían de madrugada en patinete hacia el paseo marítimo, vestidos de negro y con el rostro cubierto.
En diciembre de 2024, un belga de 17 años ejecutó a un hombre con un subfusil en Fuengirola. La Policía Nacional confirmó en enero de 2025 que el uso de menores como sicarios por parte de las mafias se ha convertido en una tendencia consolidada. «Cada vez es más habitual por las mafias el uso de menores a los que ni siquiera conocen como sicarios para asesinatos por encargo. Menores que no tienen edad para sacarse el carnet pero que sí disponen de un arma con la que matar», explicó Dani Montero, jefe de investigación del programa de sucesos de Cuatro, en un análisis sobre crimen organizado en España.