El informe europeo del Lancet Countdown 2026, elaborado por 65 investigadores de 46 instituciones académicas y de la ONU, documenta un doble movimiento en la salud ambiental del continente: las muertes atribuibles a la contaminación por partículas finas han caído hasta un 84% desde el año 2000, mientras que las relacionadas con el calor extremo se han triplicado en 25 años. En 2024, el calor causó 62.775 muertes en las 823 regiones europeas analizadas.
Europa respira un aire más limpio que hace dos décadas, pero muere más por el calor. Esa es la conclusión central del informe europeo del Lancet Countdown 2026, el análisis de salud y cambio climático más exhaustivo elaborado hasta la fecha sobre el continente, con 65 investigadores de 46 instituciones académicas y de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) y 43 indicadores de seguimiento. El documento certifica que la mejora en la calidad del aire coexiste con un agravamiento acelerado de los riesgos asociados a las temperaturas extremas.
Las muertes atribuibles a las partículas ultrafinas PM2,5 originadas en la generación de energía han caído un 84% en la Unión Europea (UE) entre 2000 y 2020; en el sector del transporte, la reducción ha sido del 58% en ese mismo periodo. Las causadas por el calor, en cambio, se han multiplicado por tres en 25 años. En 2024 fallecieron por esta causa 62.775 personas en las 823 regiones europeas donde se realizó el seguimiento del periodo 2015-2024, con un incremento medio de 52 muertes por millón de habitantes respecto al periodo de referencia 1991-2000.
Tres veces más alertas, 62.000 muertes en un año
El número de jornadas potencialmente mortales por las altas temperaturas se ha disparado en todo el continente. Las alertas por calor extremo crecieron un 318% en 25 años: la frecuencia pasó de una alerta diaria al año entre 1991 y 2000 a 4,3 alertas diarias entre 2015 y 2024, lo que supone un aumento rápido del número de días en los que el calor puede resultar letal. La tendencia al alza se registró en 820 de las 823 regiones analizadas, abarcando desde el sur mediterráneo hasta latitudes del norte de Europa históricamente ajenas al riesgo.
La situación golpea con mayor intensidad a los grupos más vulnerables. Los bebés, las personas mayores y quienes trabajan al aire libre —en construcción, agricultura u hostelería— encabezan los perfiles de mayor exposición. En 2023, la inseguridad alimentaria derivada de las olas de calor y la sequía afectó a un millón de personas más que en décadas anteriores. Los hogares con bajos ingresos son los más perjudicados: tienen un 11% más de probabilidades de verse afectados por esa inseguridad ocasionada por los episodios extremos de calor y sequía.
La paradoja del aire limpio
El informe identifica un vínculo inesperado entre la mejora atmosférica y el agravamiento de las temperaturas. Xavier Querol, investigador del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), lo denomina «la gran paradoja»: «este aire más limpio ha supuesto una mayor radiación» al eliminarse los aerosoles que reflejaban y enfriaban la atmósfera. La reducción de partículas contaminantes ha suprimido una capa que actuaba, de forma involuntaria, como escudo térmico. Al desaparecer esos aerosoles, más radiación solar alcanza la superficie terrestre y las temperaturas se intensifican.
Los datos de Barcelona ilustran la escala del cambio. Las partículas PM2,5 se han reducido un 65% en la capital catalana desde el año 2000, y los óxidos de nitrógeno han caído un 50%. La normativa Euro 5, en vigor desde 2011 para los nuevos vehículos, y la directiva de emisiones industriales de 2008 explican buena parte de esa caída. El Lancet Countdown sintetiza el resultado con una formulación que combina progreso y amenaza: certifica el «abrupto y alarmante aumento de los impactos sobre la salud» generados por el calentamiento global pese a la mejora registrada en la contaminación atmosférica.
Dengue, enfermedades y adaptación insuficiente
La reconfiguración del mapa epidemiológico europeo es otra de las consecuencias documentadas por el informe. El riesgo de brotes de dengue en el conjunto del continente aumentó un 297% en la última década —periodo 2015-2024— respecto al de referencia 1980-2010. Países como Italia y Francia, habitualmente considerados zonas de bajo riesgo por la elevada salinidad del Mediterráneo, registraron un incremento del 32% en la extensión de litoral con condiciones propicias para las infecciones por bacterias Vibrio, vinculadas al calentamiento de las aguas marinas costeras.
Los indicadores de progreso coexisten con advertencias sobre su insuficiencia. En 2023, la electricidad procedente de energías renovables alcanzó un récord del 21,5%, más del doble del porcentaje de 2016, y la inversión en fuentes limpias es hoy un 86% superior a la de 2015. Hedi Krit, investigadora adjunta de Lancet Countdown Europa, advierte que los planes de adaptación sanitaria que diseñan los países «se quedarán en papel mojado mientras los efectos se intensifican» si no van acompañados de financiación sólida y compromisos a largo plazo.
El informe concluye que «la protección de las personas más vulnerables debe ser una prioridad», en palabras de Krit, en un contexto en el que el cambio climático está contribuyendo además a la propagación de enfermedades infecciosas y a episodios de inseguridad alimentaria de creciente frecuencia. Una cautela final acompaña los datos sobre renovables: la quema de madera y otros tipos de biomasa vegetal sólida puede generar más emisiones de carbono que los combustibles fósiles y emitir contaminantes atmosféricos tóxicos, lo que relativiza parte de los avances registrados en la transición energética.