A diferencia del 30 de julio, la movilización ya no pasa por grupos públicos de Facebook con cientos de miles de miembros, sino por redes privadas de WhatsApp y Telegram, donde conviven la determinación, el miedo y los consejos para no parecer sospechoso.
Hay una diferencia fundamental entre la movilización que llevó a más de 70.000 personas a la frontera de Ceuta los días 30 y 31 de julio y la que trata de organizarse para este sábado. La primera se preparó en grupos públicos de Facebook con hasta 250.000 miembros, visibles, rastreables y, en buena medida, desmantelados por las plataformas a instancias de la Unión Europea. La segunda ya no opera de esa forma. Los grupos públicos han desaparecido y las discusiones se han trasladado a mensajería privada —WhatsApp y Telegram— donde la moderación es técnicamente mucho más difícil y el alcance de los mensajes resulta imposible de cuantificar. La movilización ha dejado de tener un perfil visible para convertirse en una estructura dispersa y descentralizada.
El corresponsal del diario suizo Le Temps en Rabat, Omar Kabbadj, documentó esta semana el funcionamiento de esa nueva arquitectura de la convocatoria. El grupo de WhatsApp «Fnideq» —nombre marroquí de Castillejos, el municipio fronterizo con Ceuta— fue creado el 5 de agosto y contaba en los días previos al 15 con 121 miembros activos. En él circulaban instrucciones precisas de desplazamiento, retornos de experiencia de quienes ya lo habían intentado y debates sobre si valía la pena intentarlo de nuevo. El optimismo y la desconfianza convivían en los mismos hilos de conversación, a veces en mensajes consecutivos del mismo usuario.
Del Facebook a los chats privados
La razón del trasvase desde los grupos abiertos de Facebook a la mensajería privada no es solo técnica: es también una respuesta adaptativa a la presión institucional. La Unión Europea acordó esta semana intensificar la vigilancia de los contenidos relacionados con la frontera de Ceuta. Meta confirmó que estaba eliminando en tiempo real los contenidos que «ofrecen, facilitan o buscan servicios de tráfico de migrantes». TikTok movilizó un equipo especial de seguridad como parte de su «protocolo global para responder a acontecimientos emergentes». El portavoz comunitario Balazs Ujvari sostuvo ayer que la cooperación con las plataformas «está dando sus frutos» y que hay verificadores de datos trabajando veinticuatro horas al día.
Sin embargo, esa vigilancia tiene límites claros cuando la comunicación se fragmenta en grupos privados de pocas decenas de miembros. Los mensajes documentados por Le Temps en el grupo «Fnideq» combinan logística de desplazamiento, orientaciones sobre los controles marroquíes y advertencias cruzadas sobre los riesgos. Un miembro activo del grupo decía que «la mayoría de la gente que irá no está en los grupos de todas formas», y uno de los administradores advertía que quien no llegara a la zona varios días antes no tenía sentido que lo intentara en el último momento. La dispersión de la convocatoria es, paradójicamente, lo que la hace más difícil de neutralizar.
El dispositivo en la carretera
La principal señal disuasoria que reciben los potenciales candidatos al cruce no son los mensajes de las autoridades sino los reportes de quienes se han acercado a la zona. Marruecos instaló esta semana una barrera metálica de cuatro metros de altura en la carretera que une Fnideq con el puesto fronterizo de Bab Sebta, confirmada por publicaciones de medios regionales marroquíes. Un helicóptero de la Gendarmería Real sobrevolaba la zona. Los tres cuerpos de seguridad marroquíes —Seguridad Nacional, Gendarmería Real y Fuerzas Auxiliares— hacen patrullas conjuntas en las carreteras y controlan los autobuses y taxis hacia la ciudad. Rabat ha confirmado también numerosas detenciones de personas acusadas de organizar el cruce a través de internet.
El efecto sobre la movilización es perceptible. Algunos candidatos han comenzado a barajar alternativas y se han girado hacia Melilla, la otra ciudad autónoma española en el norte de África, situada a 400 kilómetros. Pero los intercambios recogidos por el corresponsal de Le Temps desalientan también esa opción: quienes lo intentaron describieron una situación de fuerte presencia policial que impedía incluso llegar a Nador, la ciudad costera más próxima. En los grupos más activos, la recomendación sigue siendo Ceuta, pero con instrucciones adaptadas al nuevo contexto: desplazarse en grupos pequeños, no llamar la atención, y concentrarse en un punto elevado próximo a la frontera para coordinar el intento desde allí.
Entre el optimismo y el miedo
La ambivalencia que circula en los chats refleja una tensión real entre la aspiración y la evidencia. Las redes también se han convertido en un espacio de duelo colectivo: decenas de personas publican fotos de allegados desaparecidos durante la primera oleada, cuyo paradero sigue sin conocerse dos semanas después. Junto a esas publicaciones aparecen ofertas de traslado compartido desde ciudades tan alejadas como Agadir, Fès o Meknès hasta la provincia de Tetuán, lo que indica que hay personas dispuestas a recorrer centenares de kilómetros para intentar el cruce. Uno de los mensajes documentados por Le Temps lo enviaba alguien que ya había viajado hasta Tetuán en tren de alta velocidad: instrucciones para no parecer sospechoso y llegar sin ser detenido.
La imagen que emerge de esos intercambios no es la de una movilización masiva y coordinada al estilo del 30 de julio, sino la de un ecosistema fragmentado en el que conviven la determinación individual, el cálculo pragmático y el miedo. El despliegue marroquí ha enfriado la efervescencia sin apagarla. «Una fois arrivés à Fnideq, rassemblez-vous au niveau de la montagne pour compliquer la vie aux militaires», sugería un miembro del grupo, mezclando logística con una conciencia clara de que el intento implica confrontarse con las fuerzas de seguridad. Lo que se organiza para este sábado, si llega a producirse, no reproducirá la avalancha del 30 de julio. Será, en todo caso, otra cosa: más pequeña, más dispersa y, por ese mismo motivo, más difícil de gestionar.