La islamofobia escala en el fútbol español en vísperas del Mundial

02 avril 2026 - 11:59

Los cánticos del España-Egipto se producen en un contexto documentado de aumento de la islamofobia en España. El Observatorio Español del Racismo y la Xenofobia alerta de una tendencia sostenida al alza, y las denuncias por delitos de odio relacionados con la islamofobia en Cataluña se han triplicado en tres años. Los ministros de Transportes, Educación y Presidencia reaccionaron vinculando el episodio a la normalización del discurso xenófobo por parte de la ultraderecha.

Los cánticos islamófobos escuchados el martes durante el amistoso España-Egipto en el RCDE Stadium de Cornellà no surgen en el vacío. Constituyen la expresión más visible en el deporte de una tendencia documentada por organismos oficiales y organizaciones especializadas. El Observatorio Español del Racismo y la Xenofobia (OBERAXE), dependiente del Ministerio de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones, señala que «en los últimos años, la islamofobia ha seguido en aumento», una valoración respaldada por los datos de denuncia disponibles en distintas comunidades autónomas.

En Cataluña, donde se produjo el incidente del martes, las denuncias por delitos de odio motivados por la islamofobia se han triplicado en tres años: pasaron de 22 en 2022 a 72 en el último ejercicio registrado, un incremento del 220%. El informe INFRA-D de la organización Accem, dedicada a la atención de personas migrantes y refugiadas, constata que la población originaria del Magreb es uno de los grupos que sufre discriminación racial y étnica en mayor medida, con un 36% de incidentes documentados al año en España.

Los datos del Observatorio

El traslado de estas dinámicas al fútbol no es nuevo. A principios de marzo de 2026, un partido de LaLiga entre el Elche CF y el RCD Espanyol quedó marcado por la denuncia del futbolista marroquí Omar El-Hilali, quien alertó al árbitro de que un rival le habría dirigido la expresión «viniste en patera» durante el encuentro. A raíz de esa denuncia, el árbitro detuvo el partido en el minuto 78, activó el protocolo antirracismo de LaLiga y emitió un aviso por megafonía, paralizando el juego durante varios minutos.

El contraste entre ese episodio y la gestión del partido de la selección es llamativo. En el partido de LaLiga, el protocolo se activó ante una denuncia puntual de un jugador. En el España-Egipto, ante cánticos colectivos islamófobos coreados durante varios minutos por un sector de la tribuna, la Real Federación Española de Fútbol (RFEF) se limitó inicialmente a mostrar un mensaje en las pantallas del estadio. Según el relato del conseller de Deportes de la Generalitat de Cataluña, Berni Álvarez, la activación del protocolo solo llegó tras su intervención directa durante el descanso. 

El debate político

Las reacciones del Gobierno llegaron en tono de condena unánime. El ministro de Transportes, Óscar Puente, señaló en redes sociales que el episodio es «una consecuencia de lo que la derecha racista y xenófoba lleva alimentado durante años», conectando los cánticos con el clima político generado por la ultraderecha. La ministra de Educación, Formación Profesional y Deportes, Milagros Tolón, responsable directa del área de deportes, fue explícita: «El odio, el racismo y la xenofobia no tienen cabida en los estadios», publicó en la red social X.

El ministro de la Presidencia, Justicia y Relaciones con las Cortes, Félix Bolaños, añadió que «la extrema derecha no va a dejar un espacio libre de su odio». El portavoz de Esquerra Republicana de Catalunya (ERC), Gabriel Rufián, planteó el episodio de forma más descarnada: quienes jalean a Lamine Yamal y luego gritan consignas islamófobas no revelan inconsistencia, sino que «te molestan los musulmanes pobres», publicó. La discrepancia en el diagnóstico no impidió que las condenas llegaran desde todos los grupos del bloque de investidura del Gobierno. 

El Mundial como contexto

El episodio se produce a diez semanas del inicio del Mundial de Fútbol que España acogerá a partir del 11 de junio. El torneo convertirá al país en destino de aficionados de decenas de naciones, entre ellas un número significativo de países con mayoría de población musulmana. El fútbol, por su capacidad de congregar masas en contextos de alta intensidad emocional, actúa como amplificador de dinámicas sociales que no son específicas del deporte pero que en los estadios adquieren mayor visibilidad y potencial de impacto.

La gestión del incidente por parte de la RFEF ha sido cuestionada tanto desde la política como desde los propios organismos deportivos autonómicos. El protocolo antirracismo establece una secuencia gradual de respuesta que incluye avisos por megafonía, detención del juego y, en casos extremos, suspensión del encuentro. En el España-Egipto, solo se implementó la primera de esas fases y de forma demorada, lo que ha reavivado el debate sobre si el umbral de aplicación del protocolo está correctamente calibrado en los partidos de la selección.

La investigación abierta por los Mossos d’Esquadra determinará si los hechos son constitutivos de un delito de odio conforme al Código Penal. Más allá de las consecuencias jurídicas individuales, el incidente plantea una cuestión de fondo sobre la responsabilidad institucional de la RFEF ante expresiones discriminatorias en los estadios de la selección. El Mundial de junio convierte esa cuestión en urgente: la imagen que España proyecte al mundo en las próximas semanas dependerá también de lo que ocurra en las gradas.

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