Diversos estudios en psicología confirman que la inteligencia emocional desempeña un papel central en la estabilidad y la duración de las relaciones de pareja. La calidad del vínculo no depende tanto de la ausencia de conflictos como de la capacidad para gestionarlos con conciencia emocional, comunicación clara y empatía.
Investigaciones recopiladas por Psychology Today señalan que las parejas con mayor inteligencia emocional muestran niveles más altos de satisfacción conyugal y una menor escalada de conflictos. Estas habilidades incluyen la regulación de las propias emociones, la comprensión de los sentimientos del otro y la capacidad de expresar desacuerdos sin recurrir al reproche o a la descalificación.
Un metaanálisis académico publicado en ResearchGate sobre inteligencia emocional y satisfacción en relaciones románticas concluye que existe una correlación significativa entre ambas variables. Los autores subrayan que la inteligencia emocional facilita la resolución constructiva de tensiones y reduce la probabilidad de deterioro relacional a largo plazo.
Otros estudios clínicos, como el trabajo Emotional Intelligence as a Correlate of Marital Stability, destacan que la empatía, la escucha activa y la expresión emocional responsable influyen directamente en la continuidad del vínculo matrimonial, más allá de factores como la afinidad inicial o la intensidad del enamoramiento.
El marco teórico de estos estudios se remonta a las investigaciones de Peter Salovey y John D. Mayer, desarrolladas posteriormente por Daniel Goleman, que definen la inteligencia emocional como una competencia adquirible. La evidencia científica coincide en que se trata de una habilidad que puede desarrollarse con práctica, conciencia y aprendizaje, y que el afecto por sí solo resulta insuficiente para sostener una relación estable sin madurez emocional.