Grupos de WhatsApp organizan palizas a migrantes en los barrios de Ceuta

06 août 2026 - 09:39

Varios grupos de WhatsApp coordinan patrullas de residentes que recorren los barrios de Ceuta golpeando a migrantes irregulares. El testimonio de Sandra López, dirigente del PSOE local, documentó su existencia: un joven migrante le mostró heridas profundas en el brazo izquierdo producidas en la barriada de Postigo. Los afectados no denuncian por miedo a ser detenidos y expulsados.

El sábado por la tarde, Sandra López, secretaria de Política Institucional del PSOE de Ceuta, paseaba con su perro por los alrededores de la pista de tiro cuando un joven migrante de unos 25 años le pidió en español entrecortado cómo llegar a la zona de Benzú. Se llamaba Adil. Cuando ella le señaló el camino más corto, atravesando la barriada de Postigo, él se negó en redondo. Ante la insistencia de López, Adil se levantó la ropa: arañazos en las piernas y el torso, y heridas profundas en el brazo izquierdo, huellas de los golpes que, según le contó, había recibido al intentar pasar por ese barrio.

Lo que López encontró a la entrada de Postigo confirmó el relato de Adil. Coches bloqueaban el paso. Un grupo de residentes montaba guardia. Entre ellos, una joven con perro y un hombre que portaba un bate de béisbol. Algo más arriba, el mismo hombre regresó en un todoterreno con un acompañante: los dos se bajaron del vehículo y se dirigieron hacia un grupo de migrantes. Adil y sus compañeros optaron por dar un rodeo de varios kilómetros. López fotografió las heridas. Adil descartó denunciar: si acudía a comisaría, le dijo, tenía miedo de ser detenido y expulsado.

El hombre del bate y el barrio bloqueado

Estas patrullas no son espontáneas. Varios grupos de WhatsApp coordinan las batidas contra los migrantes irregulares en distintos puntos de la ciudad, según fuentes consultadas por El País. El fenómeno se produce en un contexto de incertidumbre sobre cuántas personas permanecen aún en Ceuta: el delegado del Gobierno, Miguel Ángel Pérez Triano, cifra en 2.500 las personas que no han regresado voluntariamente a Marruecos; el presidente ceuti, Juan Jesús Vivas, eleva esa cifra a 6.000. En su mayoría son jóvenes subsaharianos que esperan una plaza libre en el Centro de Estancia Temporal de Inmigrantes (CETI).

La violencia vecinal organizada no es el único elemento que frena la denuncia. El miedo al sistema es igualmente disuasorio. Los migrantes irregulares saben que identificarse ante la policía activa el mismo mecanismo que los puede devolver al otro lado de la frontera. La paradoja es estructural: quienes han sufrido agresiones físicas en suelo español no pueden reclamar protección policial sin arriesgar la expulsión. En ese espacio sin salida se acumula una violencia que no aparece en los registros oficiales.

Miedo a la comisaría: sin denuncia no hay delito

Estas imágenes coexisten con el discurso público sobre la crisis. El ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, ha insistido en que «hay muchas cosas que ocurren y no necesariamente tiene que haber una responsabilidad». Desde Galicia, Santiago Agrelo, arzobispo emérito de Tánger que lleva nueve años en Santiago de Compostela y sigue apoyando económicamente a los migrantes de la frontera norte de Marruecos, alertó esta semana de que «el discurso que se utiliza es radicalmente antiinmigrante y antipobre». La violencia en los barrios de Ceuta es la traducción más directa de ese discurso a los adoquines de la calle.

Agrelo, que confesó vivir la crisis «de una manera demasiado personal», rechazó la simplificación de que los jóvenes cruzaron la frontera atraídos por un bulo en las redes sociales. «No vendrían 70.000 personas si tuvieran la mesa bien servida», afirmó el religioso rianxeiro, cuya trayectoria en Tánger le otorga una perspectiva de primera mano sobre las condiciones de vida al otro lado de la valla. Adil, con sus heridas fotografiadas y su rodeo de kilómetros por los barrios de Ceuta, es la versión más descarnada de esa mesa.

La otra Ceuta

El 5 de agosto es una fecha grande en Ceuta. La ofrenda floral a la Virgen de África se celebró ayer en el centro histórico con trajes de flamenca, música y procesiones. En los primeros días de la crisis se había dado por perdida, y la feria local se canceló. Pero con el avance de las jornadas de patrullas policiales y militares y la devolución de la mayoría de los migrantes a Marruecos, se decidió que la ofrenda podía celebrarse. El corazón de la ciudad vivió fiesta grande echándose a las calles, como si todo hubiera pasado ya.

A pocos kilómetros, en la playa del Trampolín, los trabajadores de Cruz Roja extendían bolsas de comida en la arena, donde centenares de personas hacían cola para recibir la primera comida del día: un plato de lentejas y algo de fruta. Son las dos Ceutas que conviven sin tocarse. La que celebra y la que espera. Entre ellas, los barrios de Postigo y Benzú, donde los grupos de WhatsApp se activan y un hombre con bate de béisbol decide quién puede pasar y quién tiene que dar el rodeo.

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