Miles de aficionados llenaron plazas y calles de toda España para seguir la final del Mundial de fútbol contra Argentina, con la plaza de Colón de Madrid como epicentro de la celebración. En Mataró y Barcelona, la victoria se vivió con especial intensidad en torno al delantero Lamine Yamal, mientras que en Eibar la comunidad se volcó con Mikel Oyarzabal. Entre las escenas, un niño con camiseta de Senegal reflejó la diversidad del país que vibró con el equipo.
España se echó a las calles para celebrar el segundo título mundial de la selección, conseguido anoche en el estadio MetLife de Nueva Jersey tras vencer a Argentina en la prórroga. Plazas de toda España se llenaron horas antes del inicio del partido, con pantallas gigantes instaladas en Madrid, Barcelona, Mataró y Eibar, entre otras localidades. El ambiente combinó nerviosismo durante los primeros compases del encuentro con euforia colectiva tras el gol de Ferran Torres, que desató la fiesta en cada rincón del país y devolvió a las calles escenas que muchos aficionados no vivían desde 2010.
La plaza de Colón, en Madrid, congregó de nuevo a miles de personas frente a dos pantallas gigantes, en una escena que recordó a la celebración del Mundial de 2010. Un aficionado madrileño, que había seguido aquella final en solitario en el extranjero, resumía antes del partido sus ganas de vivirlo de otra manera, «hoy espero verla más acompañado». Los asistentes, sobre todo jóvenes, con los más pequeños en primera fila, siguieron el partido con nerviosismo durante la primera mitad, atentos a cada ocasión española y desconfiados con el arbitraje del encuentro.
El desconcierto inicial dio paso a un ambiente de euforia sostenida a medida que avanzaba el encuentro. La amarilla mostrada a Enzo Fernández fue de lo más celebrado en la plaza, casi como si se tratara de un gol propio, una muestra del recelo con que la afición siguió las decisiones arbitrales. Con el paso de los minutos, cada acción de la selección española arrancaba gritos de expectación entre la multitud congregada, que aguardaba con los brazos cruzados y las manos en la cabeza el desenlace de un partido que se resistía a decantarse.
El gol de Ferran Torres en la prórroga hizo estallar la plaza de Colón. Camisetas fuera, abrazos entre desconocidos, bengalas y petardos marcaron el desenlace de la tarde, mientras un cántico de «¡Sí se puede!» se extendía entre la multitud. La locura se prolongó durante varios minutos, con humo rojo que cubrió buena parte del recinto donde miles de aficionados habían seguido la cita desde primera hora de la tarde, en un ambiente que combinó el alivio del triunfo con la euforia acumulada durante todo el torneo.
Mataró y Barcelona, con Lamine Yamal
En Mataró, ciudad natal de Lamine Yamal, el barrio de Rocafonda vivió la final con una intensidad especial. Antes del partido, el delantero del FC Barcelona había dedicado un mensaje a su barrio en la red social Instagram, en el que escribió «por ti y por la calle». La respuesta llegó en forma de marea roja, con cerca de diez mil personas y el aforo completo, que abarrotaron el parque central del municipio y siguieron el partido entre nervios y cánticos dedicados a su vecino más ilustre.
La afición congregada en Mataró enloqueció con el gol de Ferran Torres en la prórroga, que inundó el parque de humo rojo y celebraciones espontáneas entre desconocidos. Una niña presente entre el público gritó de emoción cuando la retransmisión televisiva mencionó el nombre del barrio de Lamine Yamal, en un gesto que resumió la identificación del vecindario con su futbolista. El ambiente se mantuvo festivo hasta bien entrada la noche, con banderas y camisetas del jugador ondeando por todo el recinto.
A pocos kilómetros de allí, miles de aficionados se congregaron en Barcelona frente a la pantalla gigante instalada en el Fòrum, donde predominaron las camisetas con el nombre de Yamal, aunque también abundaron las del FC Barcelona con el nombre de Andrés Iniesta, un guiño inevitable a la final de 2010. Un aficionado que combinaba en su camiseta el nombre de Lamine con el de Lionel Messi definió el ambiente con una frase sencilla: «Hoy gana el fútbol», dijo, mientras la marea roja celebraba el título como si se hubiera disputado a un paso del Mediterráneo.
Eibar celebra a su ídolo Oyarzabal
En Eibar, la localidad natal de Mikel Oyarzabal, más de un millar de personas siguieron el partido a través de una pantalla gigante instalada en la plaza Unzaga, que fue creciendo en entusiasmo hasta transformarse en una auténtica tribuna futbolera. El alcalde del municipio, Jon Iraola, resumió el vínculo entre la ciudad y su futbolista más querido con una frase que la afición hizo suya durante toda la tarde: «Representa a la perfección los valores del esfuerzo, el compromiso y la humildad».
Un grupo de amigos de la cuadrilla de Oyarzabal, que había viajado a Estados Unidos para ver la final en directo, le había enviado antes del partido un mensaje de apoyo con una frase que resultó premonitoria, «pase lo que pase, eres nuestro campeón». Entre la multitud congregada en Eibar, un niño con la camiseta de la selección de Senegal gritó «¡España txapeldun!» tras el pitido final, una escena que resumió la diversidad de un país que celebró de forma coral, en plazas y calles, su segunda estrella mundial.