España amplía el cribado de cáncer de mama a mujeres de 45 a 74 años

21 mai 2026 - 18:12

El Ministerio de Sanidad ha extendido el programa de detección precoz del cáncer de mama, que hasta ahora se aplicaba de forma rutinaria a mujeres de entre 50 y 69 años, a la franja de 45 a 74. Las comunidades autónomas tendrán tres años para iniciar la ampliación, que requerirá una inversión de 534 millones de euros hasta 2029. Los especialistas respaldan la medida pero advierten del riesgo del sobrediagnóstico, especialmente en las mujeres más jóvenes.

El Ministerio de Sanidad ha ampliado el programa nacional de cribado de cáncer de mama, que desde ahora cubrirá a mujeres de entre 45 y 74 años. Hasta la aprobación de la medida, las mamografías se realizaban de forma rutinaria cada dos años a la población femenina de entre 50 y 69 años. La Comisión de Salud Pública, integrada por el ministerio y las consejerías autonómicas, adoptó la decisión apoyándose en las recomendaciones de la Red de Agencias de Evaluación de Tecnologías Sanitarias (RedETS) y del Consejo de la Unión Europea (UE), así como en el dato de que alrededor del 10% de los cánceres de mama diagnosticados en España afectan a mujeres menores de 50 años. Las comunidades dispondrán de tres años para iniciar la ampliación, con una dotación de 534 millones de euros hasta 2029, y de seis para alcanzar una implantación cercana al 100%.

La medida admite una fase transitoria: en sus primeros compases, las comunidades podrán establecer una periodicidad de tres años antes de consolidar la bienal. Navarra, Castilla y León, La Rioja y Castilla-La Mancha ya habían incorporado cribados a partir de los 45 años antes de la decisión ministerial, mientras que Galicia había extendido el programa al tramo de 70 a 74 años desde septiembre de 2023. La ampliación nacional recoge, en buena medida, una práctica que varias administraciones autonómicas habían anticipado con sus propios recursos y con resultados que el ministerio ha considerado suficientemente sólidos para generalizar el modelo.

Una decisión respaldada con matices

El informe de RedETS que sustenta la ampliación revisó 17 criterios estándar para evaluar la pertinencia de un programa de cribado. El cáncer de mama cumple 14 de ellos de forma plena. Los tres restantes —reducción de morbimortalidad, ratio riesgo-beneficio y definición de la población diana— se consideran cumplidos solo de manera parcial, tanto para la bajada del límite inferior de 50 a 45 años como para la subida del superior de 69 a 74. En el tramo de 45 a 50 años, el propio documento reconoce que «la certeza global de la evidencia es limitada», lo que dificulta una recomendación firme, aunque señala que el posible beneficio «podría contrarrestar los riesgos identificados».

Elías López Jiménez, oncólogo de la Asociación Española Contra el Cáncer, califica el asunto de «complejo» y considera que la ampliación «puede ser positiva» porque aportará datos sobre eficacia y una posible reducción de la mortalidad. Sin embargo, subraya que el éxito de la medida depende de que se lleve a cabo con garantías: «Es imprescindible y fundamental que se garantice que este aumento se lleve a cabo bien, para lo que se necesitarán más recursos humanos y materiales». Su advertencia apunta directamente al escándalo de los cribados en Andalucía, que evidenció las consecuencias de ampliar coberturas sin asegurar la infraestructura necesaria.

El riesgo del sobrediagnóstico

El debate científico sobre la edad óptima de inicio de los cribados no está cerrado. Una revisión de estudios publicada en 2012 por la Fundación Cochrane concluyó que el cribado entre los 39 y los 74 años puede reducir la mortalidad por cáncer de mama en un 15% tras trece años de seguimiento, pero también que el sobrediagnóstico y el sobretratamiento alcanzan el 30%. En términos concretos, eso significa que por cada 2.000 mujeres incluidas en el programa a lo largo de diez años, se evita una muerte, pero diez mujeres sanas reciben tratamiento innecesario y más de 200 experimentan trastornos psicológicos derivados de falsos positivos.

Isabel Echavarría, de la Sociedad Española de Oncología Médica, reconoce que desde aquella revisión las técnicas diagnósticas «han mejorado mucho» y que, aunque «sigue sin haber pruebas concluyentes de que un aumento de los cribados mejore la mortalidad, es posible que sí». Echavarría considera que la ampliación tiene sentido porque, pese a la ausencia de ensayos clínicos que la avalen en términos de mortalidad, se ha demostrado que es una estrategia coste-efectiva «y el beneficio es probable, especialmente entre las mujeres de 70 y 74 años». La razón biológica es clara: a mayor edad, la mama es menos densa y la mamografía tiene mayor valor predictivo, lo que reduce tanto el margen de error diagnóstico como el riesgo de falsos positivos.

Galicia, el laboratorio autonómico

La experiencia de Galicia con la ampliación al tramo de 70 a 74 años ofrece los datos más concretos disponibles sobre los efectos reales de extender el programa. La comunidad inició la incorporación de esa cohorte en septiembre de 2023 y completó la primera ronda en poco más de un año. Ángel Gómez Amorín, jefe del Servicio de Detección Precoz de Enfermedades de la Consellería de Sanidade, señala que los datos de 2025 «vienen a confirmar las previsiones»: la participación se situó en el 82%, en línea con otros grupos de edad, y no se observó «un incremento sustancial» de las derivaciones a pruebas complementarias.

La tasa de detección, en cambio, sí aumentó de forma notable. Mientras en los grupos de menor edad se sitúa en torno a 4,7 cánceres por cada 1.000 mujeres cribadas, en el tramo de 70 a 74 años alcanza casi ocho por 1.000. Gómez Amorín concluye que «hay un número importante de mujeres que se puede beneficiar del diagnóstico precoz» en esa franja. Los carcinomas in situ —asociados con frecuencia al sobrediagnóstico— se mantienen en torno al 14% o el 15%, dentro del estándar habitual del programa. El caso gallego refuerza el argumento a favor de la ampliación en el tramo superior, donde el equilibrio entre beneficio y riesgo resulta más favorable que en la franja de 45 a 50 años, cuya evidencia científica sigue siendo más limitada.

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