El Sindicato de Inquilinas apunta a la huelga general tras la derrota parlamentaria

03 octobre 2026 - 09:23

El movimiento por la vivienda responde a la caída de los decretos con manifestaciones este sábado en más de 54 ciudades y sitúa la huelga general como siguiente paso. Acusa a la derecha de arrodillarse ante los especuladores, pero también a la izquierda de no saber avanzar en derechos. Varios de sus miembros protagonizaron una protesta en la tribuna del Congreso tras la votación.

La derrota de los decretos de vivienda en el Congreso tardó minutos en llegar a la Puerta del Sol. El Sindicato de Inquilinas e Inquilinos de Madrid, una de las organizaciones que lideran la movilización iniciada tras el desahucio de Maricarmen, anunció que el movimiento camina hacia la huelga general. «Si en este país gobiernan los buitres, los que les vamos a echar el último pulso somos la gente», advirtió la organización tras conocer que el Partido Popular (PP), Vox y Junts habían tumbado los dos textos del Gobierno.

El primer paso será este sábado 3 de octubre, con manifestaciones convocadas en más de 54 ciudades. En Madrid, la marcha arrancará a las 12:00 desde cuatro puntos, la glorieta de Emilio Castelar, Atocha, el Hospital de la Princesa y la plaza de España, para converger en Cibeles. «Tener casa no puede ser un lujo y comienza el camino hacia la huelga general por la vivienda», resume la convocatoria. El sindicato no ha fijado todavía fecha ni formato para ese paro.

«Un Congreso secuestrado por el rentismo»

El diagnóstico del sindicato no exime a nadie. «Tenemos un Congreso secuestrado por el rentismo», sostiene la organización, que distingue entre unas derechas que actúan «a cara descubierta» al servicio de especuladores y unas izquierdas incapaces de avanzar en derechos. Considera los decretos «un mero parche» que no iba a resolver el problema, pero califica de «verdadera vergüenza» que ni siquiera ese mínimo haya salido adelante. Recuerda además que existe un consenso social mayoritario que atraviesa a los votantes de todos los partidos.

El paquete derogado incluía la suspensión de desahucios de personas vulnerables, la congelación de las subidas del alquiler, el veto temporal a las compras de vivienda por grandes fondos y la regulación del alquiler de temporada. La prórroga automática de los contratos, la medida que más apoyo concitaba en las acampadas, cayó en una votación separada con el rechazo añadido del Partido Nacionalista Vasco (PNV) y Coalición Canaria (CC). Para el sindicato, el resultado demuestra que el Congreso no es capaz de legislar para la mayoría de los inquilinos.

Papeles en la tribuna y lágrimas en la calle

La protesta llegó al propio hemiciclo. Al término de la votación, varios miembros del sindicato lanzaron papeles en la tribuna y reprocharon a los diputados que «los fondos buitre gobiernan el Congreso». Fuera, cientos de personas habían seguido la sesión en silencio, sentadas en la Carrera de San Jerónimo y escuchando en sus teléfonos el voto de cada diputado. Al conocer el resultado estallaron los abucheos. Algunos manifestantes lloraban mientras coreaban que «la lucha está en la calle, no en los ministerios».

El regreso a Sol se hizo entre gritos de «vergüenza» y «sus beneficios, nuestra miseria». El movimiento juvenil Contracorriente llamó a seguir peleando «con esa fuerza y esa rabia» hasta la huelga general, una reivindicación que se repitió entre los cientos de personas concentradas ante el Congreso. La acampada de Sol, que ha resistido durante días las amenazas de desalojo de la Comunidad de Madrid, se convierte así en el punto de partida de una movilización que aspira a extenderse más allá de la capital.

Una crítica que también alcanza a la izquierda

Las voces más combativas apuntan también al Gobierno. La Coordinadora Juvenil Socialista (CJS) calificó de «insuficientes» las medidas y atribuyó su existencia a la presión de la clase trabajadora en las calles. Reclama además un sistema en el que la vivienda deje de ser un bien de mercado, con una planificación basada en las necesidades sociales. Antes de la votación, la organización ya había descrito los decretos como «parches arrancados a través de la lucha» y pedía una agenda propia, distinta de la de todos los partidos.

Esa distancia preocupa en Moncloa. El Gobierno confía en que las movilizaciones del fin de semana señalen a quienes tumbaron los decretos y no pidan también la cabeza del PSOE y de Sumar. La ministra de Vivienda, Isabel Rodríguez, había agradecido días atrás el «liderazgo» del sindicato al presentar los textos. Ahora, la organización a la que el Ejecutivo reconoció como interlocutora le advierte de que no se conformará con la derrota parlamentaria.

La jornada del sábado servirá de primer termómetro. Coincide con el fin de semana en que Pedro Sánchez decide si adelanta las elecciones, de modo que la calle y Moncloa se moverán al mismo ritmo. El sindicato, por su parte, insiste en que el siguiente pulso se librará en la calle.

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