El problema de la vivienda alcanza el 42,8% de menciones en el barómetro del CIS de febrero, consolidándose como la principal preocupación ciudadana con un récord. La inmigración experimenta un notable ascenso hasta el 20,3%, saltando a la segunda posición y adelantando a la crisis económica. El estudio refleja también una marcada diferencia entre la percepción de la situación económica del país, valorada negativamente por el 55,4%, y la situación personal, considerada buena o muy buena por el 63,5% de los encuestados.
El problema de la vivienda consolida su posición como principal preocupación de los españoles, según revela el barómetro del Centro de Investigaciones Sociológicas correspondiente al mes de febrero. El 42,8% de los encuestados señala el acceso a la vivienda como uno de los principales desafíos del país, dos décimas más que en el estudio anterior, alcanzando el porcentaje más elevado registrado desde que el CIS comenzó a incluir esta cuestión de manera sistemática en sus encuestas mensuales. El estudio, realizado entre el 2 y el 6 de febrero con una muestra de 4.027 entrevistas, refleja cómo la crisis habitacional ha escalado posiciones en el ranking de preocupaciones ciudadanas hasta convertirse en el tema dominante de la agenda social.
La imposibilidad de acceder a una vivienda digna, ya sea en régimen de compra o de alquiler, atraviesa todos los segmentos, aunque afecta con especial intensidad a los jóvenes y a las personas con rentas medias y bajas en las grandes ciudades. El incremento sostenido de los precios de compra y alquiler, la escasez de oferta en determinadas zonas urbanas, la limitada capacidad de ahorro de amplios sectores de la población y las dificultades para acceder a financiación hipotecaria configuran un escenario que los ciudadanos perciben como una amenaza estructural para su calidad de vida y su proyecto vital. Los datos del CIS confirman que este problema ha desplazado a cuestiones que tradicionalmente ocupaban las primeras posiciones en las encuestas.
Otro dato significativo del barómetro de febrero es el ascenso de la inmigración como preocupación ciudadana. Con un 20,3% de menciones, este tema salta desde la cuarta posición que ocupaba en enero hasta el segundo lugar del ranking, adelantando a la crisis económica y a los problemas relacionados con el Gobierno y los partidos políticos. Este repunte coincide con el incremento del debate público sobre las políticas migratorias, alimentado tanto por el aumento de llegadas irregulares a las costas españolas como por el discurso político de formaciones como Vox, que sitúan este asunto en el centro de su estrategia de comunicación y movilizan a su electorado en torno a posiciones restrictivas.
Agenda política marcada por las inquietudes sociales
El barómetro del CIS no profundiza en las causas específicas de esta mayor preocupación ni en el enfoque con el que los ciudadanos abordan la cuestión migratoria, que puede ir desde la preocupación por la gestión de recursos públicos hasta posiciones más restrictivas influidas por discursos xenófobos o supremacistas. Lo que sí queda claro es que la inmigración ha recuperado peso en el imaginario colectivo como un tema que requiere respuestas políticas urgentes, después de haber perdido relevancia durante los años de la pandemia y la posterior crisis energética. La confluencia de este repunte con el ascenso electoral de Vox en el mismo barómetro sugiere una correlación entre ambos fenómenos que requerirá un seguimiento en próximos estudios demoscópicos.
La crisis económica, que en enero ocupaba la tercera posición, desciende ahora al tercer lugar con un 18,1% de menciones, seguida de los problemas relacionados con el Gobierno y los partidos políticos, citados por el 17,8% de los encuestados. Esta cifra refleja una cierta estabilización de las preocupaciones vinculadas a la gestión política, en un contexto de relativa normalidad institucional pese a las tensiones entre los socios del Gobierno de coalición. Los problemas relacionados con la calidad del empleo, que incluyen la precariedad laboral, los bajos salarios, la temporalidad y las dificultades para compatibilizar vida laboral y familiar, se sitúan en quinta posición con un 15,9% de menciones, una cifra que refleja la persistencia de las dificultades en el mercado laboral.
Uno de los aspectos más reveladores del barómetro del CIS es la notable diferencia entre la valoración que los ciudadanos hacen de la situación económica del país y la que realizan sobre su propia situación personal. Mientras que el 55,4% de los encuestados considera que la situación económica de España es «mala o muy mala», el 63,5% afirma que su situación económica personal es «buena o muy buena», evidenciando una brecha de percepción superior a los cincuenta puntos porcentuales. Solo el 26,2% considera que su situación individual es mala o muy mala, una cifra significativamente inferior a la que valora negativamente la situación colectiva, lo que plantea interrogantes sobre los factores que influyen en la construcción de ambas percepciones.
El contraste entre lo individual y lo colectivo
Esta brecha entre la percepción colectiva y la experiencia individual es un fenómeno recurrente en las encuestas de opinión y refleja la influencia del discurso mediático y político en la construcción de la imagen sobre el estado general del país. Los ciudadanos tienden a valorar más negativamente la situación global que la propia, un patrón que se mantiene incluso cuando los indicadores macroeconómicos muestran signos de recuperación o estabilidad, como es el caso actual con datos de crecimiento del PIB y reducción del desempleo. El dato adquiere especial relevancia en un contexto de debate político en torno a la gestión económica del Gobierno, donde la oposición insiste en presentar un panorama de crisis generalizada mientras el Ejecutivo defiende la mejora de los principales indicadores laborales.
La diferencia entre ambas percepciones plantea interrogantes sobre la capacidad del discurso político para moldear la opinión pública y sobre el papel de los medios de comunicación en la construcción de narrativas sobre la realidad económica que no siempre se corresponden con la experiencia cotidiana de los ciudadanos. También sugiere que, pese a las dificultades estructurales como la vivienda o la precariedad laboral, una parte significativa de la población ha logrado mantener cierta estabilidad en sus condiciones de vida, lo que explica la divergencia entre la valoración personal y la colectiva. Los datos del CIS de febrero dibujan un mapa de preocupaciones en el que la vivienda se consolida como el gran desafío social del país, mientras que la inmigración recupera protagonismo en un contexto de creciente polarización.