El traslado de alrededor de 1.400 migrantes desde la playa del Trampolín a dos espacios temporales supone el primer intento de organizar una crisis que mantiene desbordada a la ciudad desde finales de julio. El operativo mejora las condiciones de acogida, pero no resuelve la incertidumbre sobre miles de personas pendientes de identificación, asilo o retorno, mientras las administraciones siguen discrepando incluso sobre cuántas permanecen en Ceuta.
Tres semanas después de la entrada masiva de finales de julio, Ceuta ha empezado a transformar una emergencia gestionada durante días entre playas, calles y recursos saturados en un dispositivo algo más organizado. Un amplio operativo policial permitió este jueves desalojar el principal asentamiento improvisado de la playa del Trampolín y trasladar voluntariamente a alrededor de 1.400 personas a dos espacios temporales habilitados por el Gobierno. El cambio es significativo, aunque limitado. Horas después, unas 500 personas regresaron al arenal y obligaron a interrumpir su limpieza. La crisis empieza a ordenarse, pero está lejos de estar resuelta.
El dispositivo comenzó a primera hora de la mañana con agentes de la Policía Nacional y la Guardia Civil, trabajadores de organizaciones sociales y traductores. Los migrantes fueron informados de que el traslado no suponía una devolución a Marruecos y que los nuevos espacios ofrecerían alojamiento, agua, alimentación y asistencia. Unas 1.200 personas, principalmente subsaharianas, fueron conducidas a Loma Margarita, un recinto cedido por Defensa. Alrededor de 200 magrebíes fueron trasladados a Loma Colmenar, cerca de la frontera del Tarajal. Las instalaciones disponen de literas, aseos y atención psicosocial.
Las cifras del operativo varían según las fuentes y el momento en que fueron facilitadas. El Ministerio de Migraciones situó en unas 1.400 las personas efectivamente acogidas, mientras otras estimaciones manejadas durante la jornada elevaron hasta 1.700 quienes abandonaron inicialmente el asentamiento. La diferencia ilustra uno de los problemas persistentes desde el comienzo de la crisis. Tampoco existe todavía un registro fiable de cuántos migrantes permanecen en Ceuta. Las estimaciones oscilan entre unos 5.000 y 10.000, según la administración que haga el cálculo.
Una emergencia que cambia de escenario
El desalojo permitió comenzar la retirada de residuos y estructuras improvisadas acumuladas durante tres semanas en El Trampolín. La normalización duró pocas horas. Alrededor de 500 personas regresaron posteriormente a la playa, algunas para recuperar pertenencias y otras con mantas y enseres que hacían pensar en una posible reinstalación. El Gobierno ceutí paralizó entonces la limpieza por razones de seguridad. El episodio mostró que trasladar a quienes ocupan un asentamiento no equivale a resolver una emergencia caracterizada por una población dispersa, móvil y temerosa de una posible expulsión.
El problema tampoco termina con la apertura de nuevas camas. El Gobierno prevé ampliar progresivamente la capacidad de acogida por encima de las 5.000 plazas, pero el reto principal empieza después. Las personas alojadas deben ser identificadas y sus situaciones administrativas examinadas individualmente. El presidente ceutí, Juan Jesús Vivas, ha denunciado la lentitud del proceso y sostiene que la Policía tramita unos 25 expedientes de asilo diarios. El Ejecutivo central insiste, por su parte, en que la prioridad inmediata es retirar a las personas de la calle y recuperar unas condiciones mínimas de normalidad.
Ceuta continúa por encima de su capacidad
La presión alcanza prácticamente todos los recursos de la ciudad. Los centros destinados a menores están desbordados y las estimaciones oficiales sitúan entre 2.400 y 2.500 los niños y adolescentes detectados, aunque el propio Gobierno reconoce que pueden quedar cientos sin identificar. El Ejecutivo prepara además la derivación de unas 500 niñas a la Península mediante entidades sociales, manteniendo Ceuta su tutela, para aliviar un sistema que ya presentaba problemas de capacidad antes de la avalancha.
La saturación alcanza también al sistema sanitario. El Colegio Oficial de Médicos de Ceuta ha advertido de la «dimensión sanitaria y asistencial» de la crisis y de los riesgos derivados de mantener a miles de personas en condiciones alejadas de las adecuadas. La Cámara de Comercio ceutí, por su parte, calcula pérdidas de unos 30 millones de euros desde la entrada masiva. Policía, Guardia Civil y unidades desplegadas de refuerzo sostienen además un dispositivo extraordinario que prolonga una situación excepcional mucho más allá de las primeras jornadas.
El traslado desde El Trampolín supone por ello un cambio importante, pero no el final de la emergencia. El Gobierno ha conseguido sustituir para una parte de los migrantes las chabolas de una playa por instalaciones con unas condiciones mínimas de acogida. Quedan pendientes la identificación, los expedientes de protección internacional, los eventuales procedimientos de retorno y, sobre todo, el destino de miles de personas cuya situación puede tardar meses en resolverse. Después de 21 días, Ceuta empieza a recuperar espacios. La crisis que los ocupó continúa abierta.