El Sistema de Monitorización de la Mortalidad Diaria atribuye a las bajas temperaturas 879 fallecimientos desde el 1 de diciembre de 2025, con 384 muertes concentradas en una sola semana de enero. Las personas sin hogar son las más vulnerables, pero la pobreza energética afecta a entre cinco y ocho millones de españoles que no pueden mantener sus viviendas a temperatura adecuada durante los meses más fríos del año.
Las bajas temperaturas han causado 879 muertes en España desde el inicio del invierno el pasado 1 de diciembre de 2025, según los datos del Sistema de Monitorización de la Mortalidad Diaria (MoMo) del Instituto de Salud Carlos III. Esta cifra evidencia una crisis estructural que cada año se cobra cientos de vidas entre los colectivos más vulnerables: personas sin hogar, población envejecida y familias en situación de pobreza energética. La semana pasada se reportaron en medios al menos cuatro muertes de personas en situación de calle, en un contexto donde la conjunción de la borrasca Francis y la falta de recursos asistenciales provocó los fallecimientos de Eusebio en Barcelona, Manuel López García en Cádiz y dos hombres sin identificar en Badalona y la capital gaditana.
Más allá de los casos que trascienden a la prensa, las cifras del sistema MoMo revelan una dimensión mucho mayor del problema. El mismo instrumento que durante los meses de verano calcula las muertes por calor extremo permite cuantificar el impacto letal de las bajas temperaturas durante el invierno. Los datos muestran que el frío es un riesgo ambiental considerablemente más mortal que las olas de calor: en España, las temperaturas frías causan cinco veces más muertes que el calor extremo. En regiones europeas esta proporción se eleva hasta diez fallecimientos por frío por cada muerte por calor, desmintiendo la percepción común de que el riesgo principal son las altas temperaturas estivales.
El patrón de mortalidad invernal no requiere alcanzar temperaturas polares para resultar letal. Una gran parte de las muertes se registran a temperaturas apenas inferiores a lo óptimo para el cuerpo humano, cuando la exposición al frío se prolonga en el tiempo sin acceso a calefacción adecuada o refugio apropiado. Las bajas temperaturas no solo causan fallecimientos directos por hipotermia, sino que agravan considerablemente otras condiciones preexistentes como enfermedades cardiovasculares o respiratorias. Esta persistencia del frío, cuando se mantiene durante sucesivas jornadas sin descanso térmico, reduce la capacidad de adaptación del organismo y multiplica el impacto sanitario, especialmente entre personas con problemas de salud previos.
Casi 400 muertes en una sola semana de enero
La semana del 5 al 11 de enero de 2026 resultó especialmente mortífera, con 384 fallecimientos atribuidos directamente a las bajas temperaturas según el sistema MoMo. Esta concentración excepcional de decesos en apenas siete días supone casi la mitad de las 879 muertes totales registradas desde el inicio del invierno meteorológico. El dato cobra mayor relevancia al compararlo con la evolución histórica: en la temporada de invierno completa de 2024-2025, el sistema contabilizó 2.285 muertes atribuibles a bajas temperaturas, concentradas sobre todo en el mes de enero. Sin embargo, en aquella ocasión el impacto se repartió de forma progresiva a lo largo de varias semanas, mientras que el arranque de 2026 muestra un ritmo de acumulación de fallecimientos más rápido que el observado en la mayoría de eneros anteriores.
Los primeros ocho días de enero de 2026 dejaron ya cerca de 300 muertes por frío, según el análisis de los datos del MoMo realizado por expertos meteorológicos. Se trata de un volumen elevado para un periodo tan corto si se compara con el comportamiento habitual de este mes en años recientes. El patrón diferencial respecto a otros inviernos radica en la persistencia de las bajas temperaturas: los datos no apuntan a un único día extremo aislado, sino a una sucesión de jornadas con termómetros bajos mantenidos en el tiempo. Este tipo de exposición continuada genera un impacto sanitario mayor que los descensos breves e intensos, ya que el organismo dispone de menos margen de adaptación.
En los últimos cinco inviernos, sin contar la estación en curso, el sistema de monitorización ha contabilizado 10.718 fallecimientos atribuibles a las bajas temperaturas, lo que evidencia que se trata de un fenómeno recurrente y de gran magnitud que permanece invisibilizado en el debate público. La temporada de invierno 2023-2024 registró 1.483 muertes según datos del MoMo, mientras que el invierno siguiente (2024-2025) elevó la cifra a 2.284 personas fallecidas entre el 1 de diciembre de 2024 y el 31 de marzo de 2025, según el Plan Nacional de Actuaciones Preventivas por Bajas Temperaturas del Ministerio de Sanidad. El 82 por ciento de los fallecidos en aquella temporada tenía más de 74 años, reflejando la especial vulnerabilidad de la población envejecida ante la exposición prolongada al frío.
Ocho millones de personas en pobreza energética
No es necesario vivir en la calle para pasar frío durante el invierno español. Una de cada cinco personas en España es incapaz de mantener su vivienda a una temperatura adecuada durante los meses más gélidos del año, según revelan los indicadores de pobreza energética. Entre cinco y ocho millones de españoles sufren este fenómeno en función del indicador utilizado, tal como señala un estudio publicado en noviembre de 2025 por la Universidad Pontificia de Comillas. La pobreza energética se ha consolidado como un factor determinante en la mortalidad invernal, ya que las dificultades para costear la calefacción o mantener un suministro eléctrico estable amplifican dramáticamente el efecto del frío sobre la salud de las familias vulnerables.
La Estrategia Nacional contra la Pobreza Energética, actualmente en desarrollo, busca consolidar algunas medidas implementadas previamente por el escudo social para transitar «de un modelo de medidas coyunturales y excepcionales al despliegue y consolidación de medidas de tipo estructural», según explica el Ministerio para la Transición Ecológica en su página web. Sin embargo, la Red por el Derecho a la Energía denuncia la ausencia en el documento de una demanda que considera imprescindible: la prohibición de cortes de suministros a hogares vulnerables. La alianza de organizaciones critica que el Gobierno ha «realizado y presumido del proceso participativo realizado para la elaboración de la Estrategia, pero ha ignorado la mayor parte de las medidas clave que venimos reclamando».
La precariedad en el acceso a la energía se agrava por la incertidumbre normativa. El decreto 16/2025, que extendía a 2026 las medidas del escudo social, no ha sido convalidado en el Congreso de los Diputados, lo que significa que no es válido y que pueden comenzar los cortes de suministro a familias vulnerables, según advierten expertos en pobreza energética. Esta situación jurídica deja desprotegidos a millones de hogares precisamente en el momento de mayor necesidad, cuando las temperaturas invernales hacen indispensable el acceso a calefacción para preservar la salud y la vida.
El sinhogarismo aumenta un 56% desde 2022
El colectivo que más sufre durante las temporadas de invierno y que sistemáticamente queda fuera del debate público sobre mortalidad climática es la población sin hogar, que además ha aumentado un 56 por ciento en comparación con 2022. Cada vez más personas carecen de una vivienda permanente, y los servicios sociales como albergues municipales se enfrentan a una saturación creciente que deriva directamente en muertes evitables. Casos como el de Montse, vecina de 63 años del municipio madrileño de Collado Villalba que falleció dos días después de ser desahuciada sin alternativa habitacional, con graves síntomas de desnutrición e hipotermia, ilustran cómo la falta de protección institucional se traduce en tragedias personales.
La Fundación Arrels cifró en cinco los fallecimientos de personas sin hogar en Barcelona en las cinco semanas previas al 8 de enero, a los que sumó otro registrado ese domingo en Badalona, presumiblemente por hipotermia. Entidades sociales denuncian la flagrante insuficiencia de plazas en albergues y la falta de coordinación entre organismos públicos. En Pamplona, varias organizaciones sociales alertaron de que entre 150 y 200 personas durmieron con frío extremo en la calle durante los días 4, 5 y 6 de enero, cuando las temperaturas descendieron hasta los menos cinco grados centígrados, con una sensación térmica de hasta menos ocho grados. El Ayuntamiento había activado un recurso extraordinario de únicamente 30 plazas, destinado exclusivamente a personas previamente registradas en los servicios municipales.
Desde organizaciones que trabajan con población sin hogar sostienen que el sinhogarismo tiene solución si existe voluntad política. Pilar Sánchez, directora de comunicación de Hogar Sí, señala que «si orientamos el acompañamiento y los apoyos hacia la meta de salir del sinhogarismo podemos lograr que las personas salgan de nuestros programas sin necesitar apoyo de los recursos de atención y que desarrollen sus proyectos de vida en sus propios hogares dentro de la comunidad». La experta subraya que todas las administraciones deben mostrar un compromiso «mucho más ambicioso» que vaya desde una financiación adecuada hasta la colaboración efectiva entre distintos departamentos e instituciones, superando la gestión fragmentada que caracteriza las políticas actuales.