El G20 lanzó este lunes en El Cairo su primera reunión oficial fuera de los países miembros desde su creación en 1999, con la seguridad alimentaria como prioridad. Este hito sitúa a Egipto en un papel clave como interlocutor global entre Norte y Sur.
El G20, que reúne a 19 economías soberanas junto con la Unión Europea y la Unión Africana, celebra por primera vez una reunión fuera de los países miembros. Desde el 1 hasta el 3 de septiembre, El Cairo será sede de un debate crucial sobre seguridad alimentaria, convocado en coordinación con la presidencia surafricana del grupo. Egipto participa como país invitado por quinta vez y tercera consecutiva. Su peso regional y su trayectoria en negociaciones multilaterales lo han convertido en interlocutor privilegiado del G20, especialmente para representar las sensibilidades africanas.
Desde la apertura, el ministro de Finanzas egipcio Ahmed Kouchouk recalcó que el foro ofrece una plataforma capaz de integrar soluciones desde la comunidad civil y los países del Sur, en una agenda dominada por la cooperación y el multilateralismo. La crisis alimentaria global no es nueva, pero se ha agravado por conflictos, cambio climático y volatilidad de los precios. Esta reunión busca articular respuestas colectivas y preparar una posición sólida antes del próximo encuentro ministerial en Sudáfrica y la cumbre en Johannesburgo.
Que esta reunión se celebre fuera del núcleo tradicional del G20 tiene sus connotaciones políticas: África tiene capacidad para liderar debates globales sin quedar relegada a la periferia. Egipto simboliza esta apertura, apoyado en políticas nacionales como sus amplias subvenciones alimentarias, destinadas a garantizar estabilidad en un contexto de incertidumbre internacional.
Más allá de la coordinación de emergencia, esta cita en Egipto puede marcar una nueva etapa. Al ubicar a actores del Sur en roles centrales, el G20 muestra que el sistema global necesita ser más representativo y menos dependiente de las dinámicas de poder Norte-Sur. El encuentro de El Cairo se convierte así en una oportunidad para traducir la retórica de “no dejar a nadie atrás” en acciones concretas que refuercen la justicia alimentaria y el equilibrio internacional.