La vicepresidenta segunda del Gobierno comunicó este miércoles mediante una carta en redes sociales que no encabezará la candidatura de la nueva confluencia formada por Sumar, IU, Más Madrid y Comuns. La decisión, calificada por ella misma como «muy meditada», despeja una de las grandes incógnitas sobre el futuro del espacio a la izquierda del PSOE y abre una pugna por el liderazgo electoral con los comicios de 2027 en el horizonte.
La vicepresidenta segunda del Gobierno y ministra de Trabajo, Yolanda Díaz, anunció este miércoles que no repetirá como candidata en las próximas elecciones generales previstas para 2027. El anuncio llegó a través de una carta publicada en su perfil personal de la red social Bluesky, en la que la dirigente gallega aseguró que se trata de «una decisión muy meditada» que ya había trasladado a su familia, a los integrantes de su espacio político y al presidente del Gobierno, Pedro Sánchez. La renuncia pone fin a meses de incertidumbre sobre su papel en la nueva etapa que atraviesa la izquierda alternativa y suprime un obstáculo de peso para una eventual reintegración de Podemos en un frente común progresista.
El anuncio se produce tan solo cuatro días después del acto de refundación de la alianza entre Sumar, Izquierda Unida (IU), Más Madrid y Comuns —las cuatro formaciones que componen el socio minoritario del Ejecutivo—, celebrado el pasado sábado en Madrid. La ausencia de Díaz en ese evento ya había alimentado especulaciones sobre su futuro político. Con esta carta, la vicepresidenta confirma lo que muchos dentro del espacio confederal daban por descontado desde hace semanas: su ciclo como figura electoral ha concluido.
Una decisión «muy meditada»
En el texto, Díaz realiza un balance de sus años al frente del Ministerio de Trabajo, donde enumera logros como la reducción de la tasa de paro por debajo del 10%, un «récord de personas ocupadas» y la subida del salario mínimo interprofesional (SMI) un 66% hasta los 1.221 euros. También reivindica los expedientes de regulación temporal de empleo (ERTE) implementados durante la pandemia, los avances en derechos laborales para el colectivo LGTBIQ+ o la ampliación de los permisos de nacimiento y cuidado a 22 semanas. Al mismo tiempo, reconoce que quedan «cosas por hacer», entre ellas la reducción de la jornada laboral a 37,5 horas semanales, una de sus principales banderas legislativas en la actual legislatura.
La dirigente también alude al contexto político más amplio para justificar su retirada electoral. Describe el momento presente como un periodo de «excepcionalidad democrática y cambios profundos en todo el mundo» y señala que quiere «dar espacio y tiempo para que lo que esté naciendo corra con la fuerza que merece», en referencia a la nueva confluencia de izquierdas. Cita el debate abierto por el portavoz de Esquerra Republicana de Catalunya (ERC) en el Congreso, Gabriel Rufián, sobre la configuración de un frente amplio progresista como una de las señales de que el espacio tiene recorrido sin necesidad de que ella lo encabece electoralmente.
El contexto de la refundación de Sumar
La renuncia de Díaz llega en un momento de transición para el conjunto del espacio político que ella misma impulsó. Sumar nació en 2022 como plataforma integradora y logró reunir a quince formaciones de izquierda para las elecciones generales de julio de 2023, obteniendo más de tres millones de votos y 31 escaños. Ese resultado fue determinante para que Pedro Sánchez pudiera reeditar el Gobierno de coalición con el PSOE. Sin embargo, el proyecto atravesó dificultades progresivas: la ruptura con Podemos a finales de 2023 —cuyos parlamentarios se trasladaron al Grupo Mixto—, los malos resultados en las elecciones europeas de 2024 y las disputas internas entre los socios erosionaron el liderazgo de Díaz, que en junio de ese año ya había abandonado la coordinación orgánica de Movimiento Sumar.
La nueva alianza sellada el pasado sábado representa un intento de recomposición sin la figura de Díaz como eje vertebrador. El coordinador federal de IU, Antonio Maíllo, había reclamado públicamente en enero un cambio de rumbo y una nueva hoja de ruta que se desvinculara del PSOE. La decisión de la vicepresidenta facilita ahora que esta reconfiguración se produzca sin el peso de su figura como condicionante.
Reacciones: elogios internos y críticas del PP
Las primeras reacciones desde el propio espacio político de Díaz fueron de reconocimiento a su labor. La ministra de Sanidad y líder de Más Madrid, Mónica García, agradeció a la vicepresidenta haber «estado a la altura» en un momento de decisión histórica para la izquierda. El ministro de Derechos Sociales, Pablo Bustinduy, la calificó como «la mejor ministra de Trabajo de la historia de nuestro país». La coordinadora de Movimiento Sumar, Lara Hernández, también destacó que Díaz se ha «dejado la piel por las mayorías trabajadoras». Por su parte, los Comunes subrayaron que ambas formaciones continuarán trabajando «codo a codo» para garantizar la estabilidad del Gobierno de coalición.
Desde la oposición, el Partido Popular (PP) interpretó el anuncio de forma radicalmente distinta. Fuentes del partido encabezado por Alberto Núñez Feijóo aseguraron que Díaz «no repite como candidata porque sabe que no la quieren ni los suyos», y calificaron su renuncia de «forzosa» y no voluntaria. El vicesecretario de Educación e Igualdad del PP, Jaime de los Santos, añadió que la decisión no es reciente y que la vicepresidenta «lo sabe desde hace muchos meses». Los populares también advirtieron de que, a su juicio, Díaz intentará conservar su acta de diputada en el Congreso.
Díaz, por su parte, deja claro en su carta que continuará en el Ejecutivo como vicepresidenta segunda y ministra de Trabajo hasta el final de la legislatura, con el propósito de «cumplir el mandato de las urnas» y completar las reformas en marcha. Su salida de la primera línea electoral no implica, por tanto, una retirada inmediata de la política institucional, sino una redefinición de su papel en el tablero político español de cara a los próximos dos años.