Vox capitaliza la manifestación en Madrid para pedir la marcha de Sánchez

25 mai 2026 - 16:33

Entre 40.000 personas, según la Delegación del Gobierno, y más de cien mil, según los organizadores, recorrieron ayer el centro de Madrid para exigir la dimisión de Pedro Sánchez. La convocatoria, impulsada por Sociedad Civil Española, pedía dejar en casa siglas y eslóganes partidistas, pero la nutrida presencia de Santiago Abascal y la militancia de Vox convirtió a la ultraderecha en el actor más visible de la jornada, mientras el Partido Popular mantuvo un perfil discreto. 

La imputación del expresidente José Luis Rodríguez Zapatero por el caso Plus Ultra llegó en el momento justo para transformar la naturaleza de una marcha que semanas atrás se había concebido como una protesta ciudadana sin banderas de partido. La concentración convocada por Sociedad Civil Española recorrió ayer las principales arterias del centro de Madrid —Génova, Sagasta, Princesa— hasta llegar a las inmediaciones del Palacio de La Moncloa, y terminó convirtiéndose en una enmienda a la totalidad al sanchismo, al zapaterismo y, en términos más amplios, a todo lo que una parte de la derecha y la ultraderecha identifica desde hace años con la izquierda española.

La cifra de asistencia es, como en casi todas las convocatorias de este tipo, objeto de disputa. La Delegación del Gobierno cifró la afluencia en 40.000 personas; los organizadores hablaron de más de cien mil. Las pancartas que recorrieron el trayecto mezclaron referencias a la dimisión de Sánchez con mensajes contra el matrimonio homosexual, la ley integral contra la violencia machista, la Ley de Memoria Histórica y la regularización de inmigrantes, configurando un relato que desbordó con amplitud el motivo inicial de la convocatoria.

Una convocatoria que se desmarcó de las siglas

Los organizadores pidieron expresamente a los asistentes que no portaran insignias ni eslóganes de partido. La consigna fue seguida con mayor disciplina por los simpatizantes del Partido Popular (PP) que por los de Vox. La ultraderecha acudió con una comitiva encabezada por su líder, Santiago Abascal, y distribuyó entre los asistentes abanicos con el logo del partido para hacer frente al calor. El resultado fue que la imagen de la marcha quedó visualmente dominada por los símbolos de Vox, lo que permitió a la formación capitalizar el éxito de la convocatoria con una presencia que ningún otro partido logró igualar en términos de impacto visual.

Abascal sostuvo desde el estrado que España se encuentra «secuestrada por una mafia corrupta» que empobrece a los ciudadanos a cambio de «perpetuarse en el poder». La portavoz del PP en el Senado, Alicia García, situada entre los representantes populares más visibles de la jornada, calificó a Sánchez de «encubridor» de un «Gobierno corrupto del que cada día se conoce una nueva trama». La diferencia de tono entre ambas intervenciones condensó en pocas palabras la brecha que separa las culturas políticas de los dos partidos que comparten el espacio conservador.

El PP en un segundo plano

La representación del PP en la marcha fue notablemente discreta. La formación que lidera Alberto Núñez Feijóo no encabezó visualmente la convocatoria y sus cargos mantuvieron un perfil que contrastó con la exposición asumida por Vox. El contraste no es anecdótico: refleja la tensión interna de un partido que necesita movilizar a su electorado sin aparecer como impulsor de una protesta cuyo contenido desbordó en varios momentos los límites de la agenda que el PP quiere proyectar de cara a las elecciones generales previstas para 2027.

La marcha confirmó que la calle vuelve a ser un espacio de competencia activa dentro del bloque conservador. Vox ganó visibilidad en una jornada que el PP no supo o no quiso liderar, y esa imagen tiene consecuencias en el relato de la derecha. En el contexto político actual, marcado por la imputación de Zapatero y las presiones del PNV al Ejecutivo, la capacidad de movilización en la calle opera también como argumento interno en la pugna por el liderazgo del espacio conservador, un terreno en el que Vox lleva tiempo compitiendo con el PP en condiciones de mayor igualdad de lo que las encuestas reflejan.

Los altercados del final

La marcha transcurrió sin incidentes durante la mayor parte del recorrido. Al llegar a las inmediaciones de La Moncloa, un grupo de los asistentes más radicalizados intentó alcanzar el palacio presidencial. Los enfrentamientos con los agentes de seguridad que custodiaban el perímetro se saldaron con tres manifestantes detenidos y siete policías heridos, todos ellos de carácter leve según fuentes de la organización y de la Delegación del Gobierno.

Los altercados finales no alteraron la lectura política central de la jornada, pero añadieron un episodio que la izquierda utilizó de inmediato para cuestionar la naturaleza de la convocatoria. La protesta del sábado cierra una semana en la que la imputación de Zapatero ha sacudido el tablero político: el PNV exigió elecciones anticipadas, el PP descartó la moción de censura y la calle mostró que el malestar en el bloque conservador tiene capacidad de traducirse en movilización masiva. Vox salió de la jornada con la imagen reforzada. El PP, con una pregunta pendiente sobre su papel en la calle.

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